Solapas principales
El Śrī Īśopaniṣad
Invocación
oṁ pūrṇam adaḥ pūrṇam idaṁ
pūrṇāt pūrṇam udacyate
pūrṇasya pūrṇam ādāya
pūrṇam evāvaśiṣyate
La completa Personalidad de Dios es la totalidad completa, o sea la Verdad Absoluta Suprema. Comprender al Brahman impersonal o al Paramātmā, la Superalma, significa comprender incompletamente al Absoluto Completo. La Suprema Personalidad de Dios es sac-cid-ānanda-vigraha, y comprender el Brahman impersonal significa comprender Su aspecto sat, o sea Su aspecto de eternidad; y comprender a Paramātmā, o sea la Superalma, significa comprender Sus aspectos sat y cit, Sus aspectos de eternidad y de conocimiento.
Sin embargo, comprender a la Personalidad de Dios significa comprender todos los aspectos trascendentales - sat, cit, y ānanda, la bienaventuranza - . Cuando alguien comprende a la Persona Suprema, comprende estos aspectos con una forma completa (vigraha). Así pues, la totalidad completa no carece de forma. Si Él careciera de forma o si de alguna manera fuera menor que Su creación, no podría ser completo.
La totalidad completa, o sea la Personalidad de Dios, posee inmensas potencias, siendo todas tan completas como Él. Debido a eso, este mundo material o fenoménico también es completo en sí mismo. Este universo material es una manifestación temporal de los veinticuatro elementos, los cuales están dispuestos de manera que produzcan todo lo necesario para el mantenimiento y la subsistencia de este universo. No es necesario el esfuerzo adicional de ninguna otra unidad del universo para tratar de mantenerlo. El universo funciona en base a su propia escala de tiempo fijada por la energía de la totalidad completa, y cuando se termine el tiempo fijado, la disposición completa del completo aniquilará esta manifestación temporal.
Las unidades completas (los seres vivientes) reciben todas las facilidades para que puedan comprender a la totalidad completa. Se experimenta un estado incompleto muy variado cuando hay conocimiento incompleto acerca de la totalidad completa. La forma humana de vida es una manifestación completa de la conciencia del ser viviente, y se obtiene después de evolucionar a través de 8.400.000 especies de vida en el ciclo del nacimiento y de la muerte. Si la entidad viviente no logra comprender su integridad dentro de la totalidad completa mientras tiene esta vida humana, la cual está bendecida por tener conciencia completa, pierde la oportunidad de comprender su integridad y entra de nuevo al ciclo evolutivo por medio de la ley de la naturaleza material.
Debido a que ignoramos que existe una disposición completa en la naturaleza, hecha para nuestro mantenimiento, nos esforzamos por utilizar los recursos de la naturaleza a fin de crear una supuesta vida completa basada en el goce de los sentidos. Se considera que la vida engañosa basada en el goce de los sentidos es una ilusión, porque la entidad viviente no puede disfrutar de la vida de los sentidos si no está acoplada a la totalidad completa. La mano del cuerpo es una unidad completa sólo si permanece unida al cuerpo completo. Cuando la mano es cortada, puede parecer una mano, pero en realidad carece de todas las potencias que tiene una mano. De forma similar, los seres vivientes son partes integrales de la totalidad completa, pero si se separan de la totalidad completa, no podrá satisfacerlos plenamente la representación ilusoria de integridad.
Sólo es posible comprender el estado completo de la vida humana cuando uno se ocupa en el servicio de la totalidad completa. Todo servicio que se haga en este mundo, ya sea social, político, comunal, internacional o incluso interplanetario, seguirá siendo incompleto mientras no se acople con la totalidad completa. Cuando todas las cosas se acoplan con la totalidad completa, las partes integrales unidas también se vuelven completas en sí mismas.
Mantra Uno
īśāvāsyam idaṁ sarvaṁ
yat kiñca jagatyāṁ jagat
tena tyaktena bhuñjīthā
mā gṛdhaḥ kasya svid dhanam
El conocimiento védico es infalible pues desciende a través de la perfecta sucesión discipular de maestros espirituales que comienza con el Señor Mismo. Fue el Señor Mismo quien habló la primera palabra del conocimiento védico, y éste es recibido de fuentes trascendentales. Las palabras del Señor son llamadas apauruṣeya, lo que indica que no son pronunciadas por ninguna persona mundana. Un ser viviente del mundo terrenal tiene cuatro defectos: (1) seguramente cometerá errores; (2) está sujeto a la ilusión; (3) tiene la propensión a engañar a otros; y (4) sus sentidos son imperfectos. Estando condicionado por estas cuatro imperfecciones, uno no puede dar información perfecta sobre el conocimiento omnipenetrante. Los Vedas no son producto de semejantes criaturas imperfectas. El conocimiento védico fue impartido originalmente en el corazón de Brahmā, el primer ser viviente creado, y Brahmā a su vez lo difundió a sus hijos y discípulos, quienes han transmitido el proceso a lo largo de la historia.
Ya que el Señor es pūrṇam, o sea completamente perfecto, no puede quedar sujeto a las leyes de la naturaleza material; sin embargo, tanto las entidades vivientes como los objetos inanimados están controlados por las leyes de la naturaleza, y en última instancia por la potencia del Señor. Este Īśopaniṣad es parte de El Yajur Veda, y como tal, contiene información relativa a la propiedad de todas las cosas que existen dentro del universo.
Esto se confirma en el Capítulo Siete de El Bhagavad-gītā (7.4-5) donde se discuten el parā y el aparā prakṛti. Todos los elementos de la naturaleza - la tierra, el fuego, el agua, el aire, el éter, la mente, la inteligencia y el ego falso - pertenecen a la energía inferior o material del Señor, mientras que el ser viviente, la energía orgánica, es el parā prakṛti (la energía superior) del Señor. Ambos prakṛtis o energías emanan del Señor, y Él es el controlador final de todo lo que existe. En el universo no existe cosa alguna que no pertenezca al parā o al aparā prakṛti; por consiguiente, todo es propiedad del Ser Supremo.
El Ser Supremo, la Personalidad de Dios Absoluta, es una persona completa, y tiene la inteligencia perfecta y completa para ajustarlo todo mediante Sus diferentes potencias. A menudo el Ser Supremo es comparado con el fuego, y todo lo orgánico e inorgánico es comparado con el calor y la luz de ese fuego. Así como el fuego distribuye energía en la forma de luz y calor, también el Señor exhibe Su energía de diferentes maneras. De esa forma, Él permanece como el último controlador, sustentador y dictador de todo. Él conoce todo y es el benefactor de todos. Él es pleno de todas las potencias inconcebibles: poder, riqueza, fama, belleza, conocimiento y renunciación.
En consecuencia, uno debe ser lo suficientemente inteligente como para saber que, además del Señor, nadie es propietario de nada. Uno debe aceptar solamente las cosas que el Señor le ha reservado como su cuota. Por ejemplo, la vaca da leche pero no se la bebe; ella come pasto y granos, y su leche está destinada a servirles de alimento a los seres humanos. El Señor lo dispone así y debemos estar satisfechos con las cosas que Él nos ha reservado bondadosamente, y siempre tener en cuenta al verdadero dueño de las cosas que poseemos.
Por ejemplo, una casa está hecha de tierra, madera, piedra, hierro, cemento y muchas otras cosas materiales, y si pensamos en términos de El Śrī Īśopaniṣad, sabremos que nosotros no podemos producir ninguno de esos materiales. Solamente podemos juntarlos y transformarlos en diferentes formas con nuestro trabajo. Un trabajador no puede reclamar ser el propietario de algo sólo porque ha trabajado arduamente en su elaboración.
En la sociedad moderna siempre hay grandes disputas entre los trabajadores y los capitalistas, las cuales han tomado un cariz internacional, y el mundo está en peligro. Los hombres se enfrentan entre sí con enemistad y gruñidos, al igual que perros y gatos. El Śrī Īśopaniṣad no puede aconsejar a los perros y a los gatos, pero puede entregar el mensaje de Dios a los hombres a través de los ācāryas fidedignos (maestros santos). La raza humana debe aceptar la sabiduría védica contenida en el Īśopaniṣad y no debe reñir por posesiones materiales. Uno debe estar satisfecho con los privilegios que haya recibido gracias a la misericordia del Señor. No puede haber paz si los comunistas o los capitalistas o cualquier otro partido reclaman ser propietarios de los recursos de la naturaleza, los cuales son por completo la propiedad del Señor. Los capitalistas no pueden refrenar a los comunistas con simples maniobras políticas, ni los comunistas pueden derrotar a los capitalistas con sólo pelear por el pan robado. Si ellos no reconocen que la Suprema Personalidad de Dios es el propietario de todo, entonces toda la propiedad que reclaman como suya será propiedad robada. En consecuencia, quedarán sujetos al castigo de las leyes de la naturaleza. Las bombas nucleares se encuentran tanto en manos de los comunistas como en las de los capitalistas, y si ellos no reconocen que el Señor Supremo es el propietario de todo, entonces es un hecho cierto que estas bombas destruirán finalmente a ambos partidos. Así que, para poder salvarse y darle paz al mundo, ambos partidos deben seguir las instrucciones de El Śrī Īśopaniṣad.
Los seres humanos no deben pelear como perros y gatos. Ellos deben tener suficiente inteligencia y darse cuenta de la importancia y el propósito de la vida humana. Las Escrituras védicas están recopiladas para la humanidad y no para los perros y los gatos. Los perros y los gatos pueden matar a otros animales para conseguir alimento sin incurrir en pecado, pero si un hombre mata a un animal para satisfacer su lengua incontrolable, se hace responsable de romper las leyes de la naturaleza, y en consecuencia debe ser castigado.
El estándar de vida de los seres humanos no puede ser usado en los animales. El tigre no come arroz, ni trigo, ni leche de vaca, porque ha recibido alimento en forma de la carne animal. Hay muchos animales y aves que son vegetarianos o carnívoros, pero ninguno viola las leyes de la naturaleza, pues las ha ordenado la voluntad de Dios. Los animales, las aves, los reptiles y otras formas inferiores de vida, siguen estrictamente las leyes de la naturaleza; por eso no es posible que pequen, y las instrucciones védicas no fueron creadas para ellos. Únicamente la vida humana es una vida de responsabilidad.
Es erróneo pensar que sólo por volverse vegetariano uno deja de violar las leyes de la naturaleza. Los vegetales también tienen vida. Es la ley de la naturaleza que un ser viviente sea el alimento de otro. Por eso uno no debe enorgullecerse de ser un estricto vegetariano. Lo importante es reconocer al Señor Supremo. Los animales no han desarrollado la conciencia necesaria para poder reconocer al Señor, pero el ser humano posee suficiente inteligencia como para aprender de las Escrituras védicas, y así saber cómo trabajan las leyes de la naturaleza, y beneficiarse con ese conocimiento. La vida del hombre peligra mucho si él hace caso omiso de las instrucciones de las Escrituras védicas. El ser humano, por lo tanto, debe reconocer la autoridad del Señor Supremo. Él debe ser un devoto del Señor, ofrecer todo para el servicio de Señor, y comer solamente los remanentes del alimento ofrecido al Señor. Esto le permitirá cumplir correctamente su deber. El Señor afirma directamente en El Bhagavad-gītā (9.26) que Él acepta el alimento vegetariano que proviene de las manos de los devotos puros. Por esto, un ser humano no únicamente debe volverse un estricto vegetariano, sino que también debe convertirse en devoto del Señor y ofrecerle todos sus alimentos; y sólo debe comer prasāda, o sea la misericordia de Dios. El devoto que actúa con esta conciencia, puede cumplir correctamente el deber de la vida humana. Los que no ofrecen sus alimentos al Señor, en realidad comen pecado y quedan sujetos a las diversas clases de aflicciones que son el resultado del pecado (Bg. 3.13).
La raíz del pecado consiste en la desobediencia deliberada a las leyes de la naturaleza, al no reconocer que el Señor es el propietario de todo. El desobedecer las leyes de la naturaleza o las órdenes del Señor, acarrea la ruina del ser humano. Si uno es sobrio y conoce las leyes de la naturaleza, y no queda influenciado por el apego o la aversión innecesarios, ciertamente tendrá el reconocimiento del Señor y será elegible para regresar a Dios, ir de vuelta al hogar eterno.
Mantra Dos
jijīviṣec chataṁ samāḥ
evaṁ tvayi nānyatheto 'sti
na karma lipyate nare
Nadie quiere morir, sino vivir lo más que pueda. Esta tendencia no es sólo visible a nivel individual, sino que también a nivel colectivo en la comunidad, la sociedad y la nación. Existe una ardua lucha por la existencia en todas las clases de entidades vivientes, y los Vedas dicen que esto es de lo más natural. El ser viviente es eterno por naturaleza, pero como es esclavo de la existencia material, tiene que mudar de cuerpos una y otra vez. Este proceso se llama la transmigración del alma, y ocurre debido al karma-bandhana, o sea la esclavitud a las acciones. La entidad viviente tiene que trabajar para conseguir su sustento, pues ésa es la ley de la naturaleza material, y si no actúa de acuerdo con sus deberes prescritos transgrede la ley de la naturaleza, atándose más y más al ciclo del nacimiento y de la muerte.
Las otras formas de vida también están sujetas al ciclo del nacimiento y de la muerte, pero cuando la entidad viviente alcanza la vida humana, tiene una oportunidad para liberarse de la ley del karma. El Bhagavad-gītā describe muy claramente el karma, el akarma y el vikarma. Se llama karma a las acciones efectuadas conforme a los deberes prescritos individuales mencionados en las Escrituras reveladas. Se llama akarma a las acciones que lo liberan a uno del ciclo del nacimiento y de la muerte. Y se llama vikarma a las acciones efectuadas haciendo mal uso de la libertad individual, y que conducen a formas inferiores de vida. De entre estas tres clases de acciones, los hombres inteligentes prefieren las que liberan de la esclavitud del karma. La gente ordinaria quiere hacer obras buenas para ser reconocida y alcanzar una posición superior, bien sea en este mundo o en el cielo, pero los hombres que han avanzado aún más, quieren liberarse por completo de las acciones y las reacciones del trabajo. Los hombres inteligentes saben bien que tanto las obras buenas como las malas los atan por igual a los sufrimientos materiales, y en consecuencia buscan el trabajo que los libere de las reacciones de las obras buenas y malas.
Las instrucciones de El Śrī Īśopaniṣad están explicadas más detalladamente en El Bhagavad-gītā, llamado a veces el Gītopaniṣad, la crema de todos los Upaniṣads. En El Bhagavad-gītā (3.9-16), la Personalidad de Dios dice que no es posible elevarse al estado de naiṣkarma o akarma si no se efectúan los deberes prescritos mencionados en las Escrituras védicas. Los Vedas pueden regular la energía activa del ser humano de manera que éste pueda comprender gradualmente la autoridad del Ser Supremo. Cuando uno comprende la autoridad de la Personalidad de Dios, debe entenderse que ha alcanzado el estado del verdadero conocimiento. En ese estado purificado no pueden actuar las modalidades de la naturaleza, a saber, la bondad, la pasión y la ignorancia, y uno puede trabajar en base al naiṣkarma. Semejante trabajo no ata al ciclo del nacimiento y de la muerte.
De hecho nadie debe hacer otra cosa sino prestar servicio devocional al Señor. Sin embargo, en los grados inferiores de vida no es posible adoptar inmediatamente las actividades del servicio devocional, ni es posible detener completamente el trabajo fruitivo. El alma condicionada está acostumbrada a trabajar para satisfacer sus sentidos en su propio interés egoísta, ya sea inmediato o extendido. El hombre ordinario trabaja para el goce de sus sentidos, y cuando este principio de disfrutar de los sentidos se extiende hasta incluir a su sociedad, a su nación o a la humanidad en general, asume varios nombres atractivos tales como altruismo, socialismo, comunismo, nacionalismo, humanitarismo, etc. Estos “ismos” ciertamente son formas muy atractivas de karma-bandhana (el trabajo que ata), pero la instrucción védica del Īśopaniṣad es que si uno quiere realmente vivir para cualquiera de los “ismos” antes mencionados, entonces debe hacer que estén centrados en Dios. No hay nada de malo en ser un casado, un altruista, un socialista, un comunista, un nacionalista o una persona humanitaria, con la condición de que lleve a cabo sus actividades en relación con īśāvāsya, el concepto de centrar todo en Dios.
El Bhagavad-gītā (2.40) afirma que las actividades que tienen a Dios como centro son tan valiosas que incluso unas cuantas pueden salvar a la persona del peligro más grande. El peligro más grande de la vida consiste en deslizarse otra vez al ciclo evolutivo del nacimiento y de la muerte. Se debe considerar muy desafortunada a la persona que de alguna manera pierde la oportunidad espiritual que le ofrece esta forma humana de vida y cae otra vez al ciclo evolutivo. Los tontos no pueden ver cómo ocurre esto, debido a que sus sentidos son defectuosos. En consecuencia, El Śrī Īśopaniṣad nos recomienda que utilicemos nuestra energía con el espíritu de īśāvāsya. Si actuamos con ese espíritu, podemos desear vivir muchísimos años; de otra manera, una simple vida prolongada no tiene ningún valor. El árbol vive cientos y quizás miles de años, pero de nada sirve vivir tanto tiempo como ellos, o respirar como los fuelles, o reproducirse como los perros y los cerdos, o comer como un camello. Es más valiosa una vida humilde centrada en Dios que el colosal engaño de una vida dedicada al altruismo y al socialismo ateos.
Cuando las actividades altruistas se llevan a cabo con el espíritu de El Śrī Īśopaniṣad, se convierten en una forma de karma-yoga. El Bhagavad-gītā (18.5-9) recomienda dichas actividades, pues le garantizan al ejecutor la protección del peligro de caer en el proceso evolutivo del nacimiento y de la muerte. Aunque estas actividades centradas en Dios queden a medio terminar, benefician al ejecutor porque le asegurarán un nacimiento humano en la siguiente vida. De esa manera, uno recibe otra oportunidad para mejorar su posición en el sendero de la liberación.
Mantra Tres
andhena tamasāvṛtāḥ
tāṁs te pretyābhigacchanti
ye ke cātma-hano-janāḥ
La vida humana se distingue de la vida animal porque tiene grandes responsabilidades. Los que están conscientes de estas responsabilidades y que trabajan con ese espíritu son llamados suras (personas santas), y los que desatienden estas responsabilidades o que no tienen información sobre ellas son llamados asuras (demonios). En todo el universo hay estas dos clases de seres humanos. En El g Veda se afirma que los suras siempre aspiran a llegar a los pies de loto del Señor Supremo Viṣṇu, y obran para lograr eso. Sus obras son tan iluminadas como la ruta del Sol.
Los seres humanos inteligentes siempre deben recordar que esta forma corporal específica se obtiene después de una evolución de muchos millones de años y una larga transmigración. Este mundo material es a veces comparado con un océano, y este cuerpo humano con una sólida nave concebida especialmente para cruzarlo. Las Escrituras védicas y los ācāryas o maestros santos, son comparados con unos barqueros expertos, y las facilidades del cuerpo humano, con las brisas favorables que ayudan para que la nave haga fácilmente su recorrido hasta el destino deseado. Si, a pesar de todas estas facilidades, una persona no utiliza completamente su vida para alcanzar la autorrealización, debe ser considerada un ātma-hā, un asesino del alma. El Śrī Īśopaniṣad advierte claramente que el destino del asesino del alma es entrar en la región más oscura de la ignorancia para sufrir ahí perpetuamente.
Las necesidades económicas de los cerdos, los perros, los camellos, los asnos, etc., son tan importantes como las nuestras, pero los problemas económicos de estos animales sólo se resuelven en condiciones asquerosas y desagradables. Las leyes de la naturaleza le proporcionan al ser humano todas las facilidades para que viva cómodamente, debido a que la forma humana de vida es más importante y valiosa que la vida animal. ¿Por qué recibe el hombre una vida mejor que el cerdo y otros animales? ¿Por qué recibe todas las facilidades un alto funcionario y no un empleado ordinario? La respuesta es que un alto funcionario tiene que desempeñar deberes de una índole superior; el ser humano tiene deberes superiores a los animales, quienes sólo se dedican a alimentar continuamente sus hambrientos estómagos. A pesar de esto, la civilización moderna, asesina de almas, únicamente ha incrementado los problemas del estómago hambriento. Si nos acercamos a esa bestia refinada que es el hombre civilizado moderno y le preguntamos acerca de sus ocupaciones, él responderá que sólo quiere trabajar para satisfacer su estómago y que no es necesaria la autorrealización. Sin embargo, las leyes de la naturaleza son tan crueles que a pesar de su afán por trabajar arduamente en beneficio de su estómago, siempre está amenazado por la posibilidad del desempleo.
Hemos recibido esta forma humana de vida para llegar a su perfección más elevada, y no para trabajar arduamente como los asnos y los cerdos. Si somos indiferentes por alcanzar la autorrealización, las leyes de la naturaleza nos forzarán a trabajar arduamente, aunque no queramos. Los seres humanos de esta era han sido forzados a trabajar tan arduamente como los asnos y los bueyes que tiran carretas. En este verso de El Śrī Īśopaniṣad se dan a conocer algunas regiones donde son enviados los asuras a trabajar. Si un hombre fracasa en el cumplimiento de sus deberes como ser humano, es forzado a transmigrar a los planetas asuryas y nacer en especies degradadas de vida para trabajar arduamente en la ignorancia y la oscuridad.
En El Bhagavad-gītā (6.41-43) se afirma que el hombre que emprende el sendero de la autorrealización pero que no concluye el proceso, a pesar de haberse esforzado sinceramente, recibe la oportunidad de nacer en la familia de un śuci o de un śrīmatī. La palabra śuci se refiere a un brāhmaṇa avanzado espiritualmente, y śrimātī indica a un vaiśya, un miembro de la comunidad mercantil. Esto indica que la persona que no logra comprender cabalmente su relación con Dios, recibe una mejor oportunidad para cultivar la autorrealización debido a sus esfuerzos sinceros en vidas anteriores. Si incluso el candidato caído recibe una oportunidad de nacer en una familia noble y respetable, es difícil imaginar la posición del que ha logrado el éxito. El simple hecho de intentar comprender cabalmente a Dios garantiza el nacimiento en una familia rica o aristocrática. Sin embargo, alguien que ni siquiera hace el intento sino que desea estar cubierto por la ilusión, y que es excesivamente materialista y está apegado al disfrute material, debe entrar en las regiones más oscuras del infierno, tal como se confirma en todas las Escrituras védicas. Semejantes asuras materialistas a veces simulan practicar la religión pero su objetivo final es la prosperidad material. El Bhagavad-gītā (16.17-18) censura a tales hombres, pues su grandeza depende sólo de su habilidad para engañar a otros, y son poderosos en base a los votos de los ignorantes y su propia riqueza material. Estos asuras carentes de autorrealización y conocimiento sobre īśāvāsya, el Señor, ciertamente entrarán en las regiones más oscuras.
La conclusión es que nuestra posición como seres humanos no es únicamente para resolver problemas económicos en una forma insegura, sino para resolver todos los problemas de la vida material en que nos han colocado las leyes de la naturaleza.
Mantra Cuatro
nainad devā āpnuvan pūrvam arṣat
tad dhāvato 'nyān atyeti tiṣṭhat
tasminn apo mātariśvā dadhāti
Nadie puede conocer al Señor Supremo, quien es la Personalidad Absoluta de Dios, por medio de la especulación mental, ni siquiera el mejor filósofo. Sólo pueden conocerlo Sus devotos, gracias a Su misericordia. El Brahma-saṁhitā afirma que si un filósofo no devoto viaja incluso a la velocidad de la mente por cientos de años, todavía encontrará a la Verdad Absoluta demasiado lejos de él. Como se describe en El Īśopaniṣad, la Personalidad Absoluta de Dios tiene Su morada trascendental llamada Kṛṣṇaloka, donde permanece y se dedica a Sus pasatiempos. No obstante, gracias a Sus potencias inconcebibles, Él puede llegar simultáneamente a todas partes de Su energía creativa. El Viṣṇu Purāṇa compara Sus potencias con el calor y la luz que emanan del fuego. Aunque el fuego esté situado en un solo lugar, puede distribuir su luz y calor por todas partes; en forma similar, aunque la Personalidad de Dios Absoluta esté fijo en Su morada trascendental, puede difundir Sus diferentes energías por todas partes.
Aunque Sus energías son innumerables, pueden dividirse en tres categorías principales: la potencia interna, la potencia marginal y la potencia externa. Cada categoría tiene cientos y millones de subdivisiones. Todos los semidioses dominantes que están facultados para controlar y administrar los fenómenos de la naturaleza tales como el aire, la luz, la lluvia, etc., están clasificados dentro de la potencia marginal de la Persona Absoluta. Los seres vivientes, incluyendo los humanos, también son productos de la potencia marginal del Señor. El mundo material es una creación de la potencia externa del Señor, y el mundo espiritual, o sea el Reino de Dios, es la manifestación de Su potencia interna.
Las diversas energías del Señor están así presentes en todas partes a través de Sus diversas potencias. Aunque no existe diferencia entre el Señor y Sus energías, no debe pensarse erróneamente que el Señor Supremo está distribuido impersonalmente por todas partes, o que ha perdido Su existencia personal. Los hombres se han acostumbrado a hacer conclusiones en base a su propia capacidad de comprensión, pero el Señor Supremo no está sujeto a nuestra limitada capacidad de comprensión. Por este motivo los Upaniṣads nos advierten que nadie puede acercarse al Señor con su propia potencia limitada.
El Señor dice en El Bhagavad-gītā (10.2) que ni siquiera pueden conocerlo los grandes ṛṣis y suras. ¿Y qué decir de los asuras que ni siquiera son aptos para comprender las obras del Señor? Este cuarto mantra sugiere muy claramente que la Verdad Absoluta es finalmente la Persona Absoluta; de otra forma no hubiese sido necesario mencionar tantas cosas para sustentar Sus aspectos personales.
A pesar de que todas las partes integrales individuales de las potencias del Señor tienen todos los síntomas del Señor Mismo, sus campos de actividad son limitados y por lo tanto todas ellas son limitadas. Las partes integrales nunca son iguales a la totalidad, y por consiguiente no pueden apreciar toda la potencia del Señor. Estando bajo la influencia de la naturaleza material, los seres vivientes tontos e ignorantes, quienes sólo son partes integrales del Señor, hacen conjeturas sobre la posición trascendental del Señor. El Śrī Īśopaniṣad advierte que es inútil tratar de establecer la identidad del Señor con especulaciones mentales. Uno debe tratar de conocer a la trascendencia usando una fuente superior como los Vedas, los cuales ya contienen conocimiento de la trascendencia.
Todas las partes de la totalidad completa están dotadas de alguna energía particular para actuar. Cuando esa parte olvida sus actividades particulares, se le considera cubierta por māyā, la ilusión. El Śrī Īśopaniṣad por eso nos advierte desde el mismo principio que seamos muy cuidadosos y desempeñemos el papel que el Señor nos ha asignado. Esto no significa que el alma individual carece de iniciativa propia. Ya que es parte integral del Señor, también debe tener la misma iniciativa del Señor. Cuando uno utiliza correctamente su iniciativa o naturaleza activa, con inteligencia, comprendiendo que todo es la potencia del Señor, puede entonces revivir su conciencia original que había perdido debido a su asociación con māyā, la energía externa.
Todos los poderes provienen del Señor; por eso todo poder particular debe ser utilizado para cumplir la voluntad del Señor, y para nada más. Los que han adoptado una actitud sumisa pueden conocer al Señor. Conocimiento perfecto significa conocer al Señor en todos Sus aspectos, conocer Sus potencias y conocer cómo trabajan estas potencias debido a Su voluntad. El Señor describe específicamente estos temas en El Bhagavad-gītā, el cual es la esencia de todos los Upaniṣads.
Mantra Cinco
tad dūre tad vantike
tad antar asya sarvasya
tad u sarvasyāsya bāhyataḥ
Aquí hay una explicación sobre las actividades trascendentales del Señor Supremo, las cuales ejecuta con Sus potencias inconcebibles. Aquí se mencionan unas contradicciones para presentar una prueba de las potencias inconcebibles del Señor. Él camina y no camina. Semejante contradicción sirve para indicar el poder inconcebible de Dios. No podemos dar cabida a estas contradicciones con nuestra limitada reserva de conocimiento; únicamente podemos concebir al Señor en relación a nuestros limitados poderes de comprensión. Los filósofos impersonalistas de la escuela māyāvada únicamente aceptan las actividades impersonales del Señor y rechazan Su aspecto personal. Sin embargo, la escuela bhāgavata acepta que el Señor es tanto personal como impersonal. Los bhāgavatas también aceptan Sus potencias inconcebibles, ya que sin ellas no tienen ningún sentido las palabras “Señor Supremo”.
No debemos suponer que el Señor carece de una existencia personal sólo porque no podemos verlo con nuestros ojos. El Śrī Īśopaniṣad refuta este argumento advirtiéndonos que el Señor está muy lejos pero también muy cerca. La morada del Señor está más allá del cielo material, y nosotros ni siquiera tenemos forma de medir este cielo material. Si el cielo material es tan extenso, ¿qué decir del mundo espiritual que está completamente fuera de éste? En El Bhagavad-gītā (15.6) también se confirma que el cielo espiritual está situado muy lejos del universo material. Pero a pesar de estar tan lejos, el Señor puede descender ante nosotros de inmediato, en menos de un segundo, a una velocidad mayor que la de la mente o del viento. Él también puede caminar tan rápido que nadie puede sobrepasarlo. Esto ya se describió en el verso anterior.
Sin embargo despreciamos a la Personalidad de Dios cuando aparece ante nosotros. El Señor condena en El Bhagavad-gītā (9.11) semejante negligencia tan tonta, diciendo que los necios se mofan de Él al considerarlo un ser mortal. Él no es un ser mortal, ni aparece ante nosotros con un cuerpo hecho a partir de la naturaleza material. Muchos supuestos eruditos argumentan que el Señor desciende en un cuerpo hecho de materia, al igual que un ser viviente ordinario. Al ignorar Sus poderes inconcebibles tales tontos rebajan al Señor al mismo nivel de los hombres ordinarios.
Al poseer plenitud de potencias inconcebibles, Dios puede aceptar nuestro servicio por cualquier medio, y puede transformar Sus diferentes potencias a voluntad. Los incrédulos arguyen que es imposible que el Señor Mismo encarne, y que si lo hace, desciende en una forma hecha de energía material. Este argumento queda nulificado si aceptamos que las potencias inconcebibles del Señor son una realidad. Aunque el Señor aparezca ante nosotros en la forma de energía material, Él puede muy bien convertir esta energía material en energía espiritual. Ya que la fuente de las diferentes energías es idéntica, éstas pueden ser utilizadas conforme a la voluntad de su fuente. Por ejemplo, el Señor puede aparecer en el arcā-vigraha, que es la forma de las Deidades hechas supuestamente de tierra, piedra o madera. Aunque estas formas estén esculpidas en madera, piedra u otro material, aun así no son ídolos, tal como debaten los iconoclastas.
En el estado actual de existencia material imperfecta en que nos encontramos, no podemos ver al Señor Supremo debido a que nuestra visión es imperfecta. No obstante, para favorecer a los devotos que desean verlo con su visión material, el Señor aparece en una forma supuestamente material para aceptar el servicio de Sus devotos. No se debe pensar que esos devotos, quienes están en la etapa más baja del servicio devocional, están adorando a un ídolo. Ellos están adorando realmente al Señor, quien ha aceptado aparecer ante ellos de una manera accesible. La forma del arcā no está moldeada según los caprichos del adorador, sino que existe eternamente con todos Sus atavíos. El devoto sincero puede sentir realmente esto, pero no así el ateo.
En El Bhagavad-gītā (4.11) el Señor indica que se relaciona con Su devoto de acuerdo con la entrega del devoto. Él se reserva el derecho de no exponerse ante cualquiera, sino únicamente ante las almas que se han entregado a Él. Él siempre está así al alcance del alma entregada, pero está muy lejos de las almas que no se han entregado, y ellas no pueden acercarse a Él.
En relación con esto, las palabras saguṇa (con cualidades) y nirguṇa (sin cualidades) son muy importantes y aparecen frecuentemente en las Escrituras reveladas. La palabra saguṇa no significa que el Señor queda sujeto a las leyes de la naturaleza material cuando aparece, aunque tenga cualidades perceptibles y aparezca en una forma material. Para Él no existe diferencia entre las energías espirituales y las materiales, pues Él es la fuente de todas las energías. Siendo el controlador de todas las energías, Él no puede quedar en ningún momento bajo la influencia de ellas, en cambio nosotros sí. La energía material actúa bajo Su dirección, y por lo tanto Él puede usar esa energía para lograr Sus objetivos sin quedar jamás influenciado por ninguna de las cualidades de dicha energía. El Señor tampoco se convierte jamás en una entidad sin forma, porque en última instancia Él es la forma eterna, el Señor primordial. Su aspecto impersonal, o sea el resplandor de Brahman, constituye únicamente el brillo de Sus rayos personales, así como los rayos del Sol son el brillo del dios del Sol.
Cuando el niño santo Prahlāda Mahārāja estaba en presencia de su padre ateo, éste le preguntó: “¿Dónde está tu Dios?”. Cuando Prahlāda le contestó que Dios reside en todas partes, su padre le preguntó furiosamente si su Dios estaba dentro de uno de los pilares del palacio, y el niño le contestó que sí. El ateo inmediatamente destrozó el pilar que estaba enfrente de él, y el Señor apareció al instante como Nṛsiṁha, la encarnación mitad hombre y mitad león, y mató al rey ateo. Así que, el Señor está dentro de todas las cosas, y crea todas las cosas con Sus diferentes energías. Gracias a Sus poderes inconcebibles puede aparecer en cualquier sitio para favorecer a Su devoto sincero. El Señor Nṛsiṁha apareció del pilar, no por orden del rey ateo, sino por el deseo de Su devoto Prahlāda. Un ateo no puede ordenarle al Señor que aparezca, pero Él aparecerá donde sea, para conceder Su misericordia a Su devoto. El Bhagavad-gītā (4.8) afirma de forma similar que el Señor aparece para aniquilar a los incrédulos y proteger a los creyentes. Por supuesto que el Señor tiene suficientes energías y agentes que pueden aniquilar a los ateos, pero a Él le agrada favorecer personalmente al devoto. Por ese motivo desciende como una encarnación. En realidad Él desciende únicamente para favorecer a Sus devotos, y para nada más.
En El Brahma-saṁhitā se dice que Govinda, el Señor primordial, entra en todo mediante Su porción plenaria. Él entra tanto en el universo como en todos los átomos del universo. En Su forma de virāṭ Él está fuera de todo lo existente, y como antaryāmī está dentro de todo. Como antaryāmī Él es testigo de todo lo que ocurre, y nos otorga los resultados de nuestras acciones en la forma de karma-phala. Podemos olvidar lo que hemos hecho en vidas previas, pero debido a que el Señor es testigo de nuestras acciones, sus resultados siempre están ahí, y de todos modos tenemos que sufrir las reacciones.
Lo cierto es que Dios es todo lo que hay, tanto adentro como afuera. Él manifiesta todo mediante Sus diferentes energías, en la misma forma en que el calor y la luz emanan del fuego, y de esta manera existe una unidad entre las diversas energías. Aunque exista una unidad, el Señor, en Su forma personal, continúa disfrutando todo lo que puedan disfrutar los sentidos de las diminutas entidades vivientes que son partes integrales de Él.
Mantra Seis
ātmany evānupaśyati
sarva-bhūteṣu cātmānaṁ
tato na vijugupsate
Aquí se da una descripción del mahā-bhāgavata, la gran personalidad que lo ve todo en relación con la Suprema Personalidad de Dios. La comprensión de la presencia del Señor ocurre en tres etapas. El kaniṣṭha-adhikārī está en la etapa inferior de comprensión. Él va a un lugar de adoración tal como un templo, iglesia o mezquita, dependiendo de su tipo de fe religiosa, y ahí se dedica a la adoración conforme a los mandamientos de las Escrituras. Ese devoto piensa que el Señor está presente en el lugar de la adoración, pero no en otras partes. Él no puede determinar la posición que tienen otros dentro del sevicio devocional, ni puede distinguir al que ha comprendido plenamente al Señor Supremo. Esos devotos siguen las fórmulas rutinarias y a veces pelean entre sí, considerando que un tipo de devoción es mejor que otro. Estos kaniṣṭha-adhikārīs en realidad son devotos materialistas que sólo están tratando de trascender los linderos materiales para llegar al plano espiritual.
A los que han alcanzado la segunda etapa de comprensión se les llama madhyama-adhikārīs. Estos devotos observan los siguientes cuatro principios: (1) primeramente reconocen al Señor Supremo. (2) Luego reconocen a los devotos del Señor. (3) Reconocen a los inocentes que no conocen al Señor. (4) Reconocen a los ateos que no tienen ninguna fe en el Señor y que odian a los que practican el servicio devocional. El madhyama-adhikārī se comporta de diferentes maneras de acuerdo con las circunstancias. Él adora al Señor, considerándolo el objeto del amor, y hace amistad con los que ejecutan servicio devocional. Él trata de despertar el amor latente por Dios que se encuentra en el corazón de los inocentes, pero no se acerca a los ateos que se mofan del mismo nombre del Señor.
En la tercera etapa de comprensión se encuentra el uttama- adhikārī, quien lo ve todo en relación con el Señor Supremo. Ese devoto no discrimina entre un ateo y un teísta sino que ve a todo el mundo como parte integral de Dios. Él sabe que no hay diferencia entre un brāhmaṇa sumamente erudito y un perro de la calle, porque ambos provienen del Señor, aunque estén en cuerpos diferentes debido a las cualidades de la naturaleza material. Él ve que la partícula brāhmaṇa del Señor Supremo no ha abusado de la pequeña independencia que el Señor le ha dado, y que la partícula perro ha abusado de su independencia y, por consiguiente, las leyes de la naturaleza la han castigado encerrándola en una forma corporal ignorante. Sin tomar en cuenta las respectivas acciones del brāhmaṇa y del perro, el uttama-adhikārī procura beneficiar a ambos. Ese devoto tan erudito no se confunde con los cuerpos materiales, sino que se siente atraído por la chispa espiritual que mora dentro de las entidades respectivas.
Aquellos que imitan al uttama-adhikārī, ostentando un sentido de unidad o fraternidad, pero cuyo comportamiento está en la plataforma corporal, son en realidad falsos filántropos. Se debe aprender el concepto de hermandad universal de parte de un uttama-adhikārī y no de algún tonto que no entiende correctamente lo que es el alma individual y la expansión Superalma del Señor Supremo que habita en todas partes.
En este sexto mantra se menciona claramente que uno debe observar, o ver. Esto significa que uno debe seguir al ācārya previo, el maestro perfeccionado. Anupaśyati es la palabra sánscrita exacta usada al respecto. Paśyati significa observar. Esto no quiere decir que uno deba tratar de ver las cosas a simple vista. Debido a los defectos materiales, nunca es posible ver las cosas correctamente a simple vista. Uno no puede ver correctamente a menos que haya escuchado de una fuente superior, y la fuente más elevada es la sabiduría védica que habló el Señor Mismo. Las verdades védicas nos llegan a través de la sucesión discipular pasando del Señor a Brahmā, de Brahmā a Nārada, de Nārada a Vyāsa, y de Vyāsa a muchos otros discípulos. Anteriormente no había necesidad de anotar los mensajes de los Vedas porque la gente de eras anteriores era más inteligente y poseía una memoria más aguda. Ellos podían seguir las instrucciones con escucharlas tan sólo una vez de labios del maestro espiritual fidedigno.
En la actualidad hay muchos comentarios sobre las Escrituras reveladas, pero en su mayoría no están en la línea de sucesión discipular que proviene de Śrīla Vyāsadeva, quien enseñó originalmente la sabiduría védica. El Śrīmad-Bhāgavatam es la obra final, la más perfecta y sublime de Śrīla Vyāsadeva, y es el comentario autorizado sobre El Vedānta-sūtra. También está El Bhagavad-gītā que habló el Señor Mismo y que anotó Vyāsadeva. Éstas son las Escrituras reveladas más importantes, y cualquier comentario que contradiga los principios del Gītā o de El Śrīmad-Bhāgavatam, está desautorizado. Hay una plena concordancia entre los Upaniṣads, el Vedānta, los Vedas, El Bhagavad-gītā, y El Śrīmad-Bhāgavatam, y nadie debe tratar de llegar a ninguna conclusión sobre los Vedas si no ha recibido instrucciones de los miembros de la sucesión discipular de Vyāsadeva, o por lo menos de aquellos que creen en la Personalidad de Dios y en Sus diversas energías.
De acuerdo con El Bhagavad-gītā (6.9), solamente alguien que ya se encuentra en la plataforma de la liberación puede volverse un devoto uttama-adhikārī y ver a todos los seres vivientes como a sus propios hermanos. Los políticos que siempre andan buscando alguna ganancia material no pueden tener esta visión. Cuando alguien imita los síntomas de un uttama-adhikārī, él quizá sirva a su cuerpo externo con el propósito de conseguir fama o una recompensa material, pero no está sirviendo al alma espiritual. Semejante imitador no puede tener información alguna sobre el mundo espiritual. El uttama-adhikārī ve el alma espiritual de la entidad viviente y le sirve aceptándola como espíritu. De esta manera, queda incluido automáticamente el aspecto material.
Mantra Siete
ātmaivābhūd vijānataḥ
tatra ko mohaḥ kaḥ śoka
ekatvam anupaśyataḥ
Con excepción del madhyama-adhikārī y del uttama-adhikārī ya discutidos, nadie puede ver correctamente la posición espiritual del ser viviente. Las entidades vivientes son cualitativamente uno con el Señor Supremo, así como las chispas de un fuego son cualitativamente uno con la naturaleza del fuego. Sin embargo, las chispas no son el fuego en cuanto a su cantidad, ya que la cantidad de calor y luz presente en las chispas y el fuego no es igual. El mahā-bhāgavata, o sea el gran devoto, ve la unidad en el sentido de que lo ve todo como energía del Señor Supremo. Hay un sentido de unidad ya que no hay diferencia entre la energía y el energético. Aunque desde el punto de vista analítico el calor y la luz son diferentes del fuego, la palabra “fuego” no tiene ningún significado si carece de luz y de calor. Pero en síntesis, el calor, la luz y el fuego son todos lo mismo.
Las palabras sánscritas ekatvam anupaśyataḥ indican que uno debe ver la unidad de todas las entidades vivientes desde el punto de vista de las Escrituras reveladas. Las chispas individuales de la totalidad suprema poseen casi el ochenta por ciento de las cualidades que se conocen de la totalidad, pero ellas no son cuantitativamente iguales al Señor Supremo. Estas cualidades están presentes en una cantidad diminuta porque la entidad viviente es apenas una parte integral diminuta de la totalidad suprema. Podemos usar otro ejemplo: la cantidad de sal presente en una gota de agua de mar jamás puede ser comparada con la cantidad de sal presente en todo el océano, pero la sal presente en la gota es cualitativamente igual en composición química a toda la sal presente en el océano. Si los seres vivientes individuales fuesen iguales al Señor Supremo tanto cualitativa como cuantitativamente, ellos no hubiesen podido quedar bajo la influencia de la energía material. En los mantras anteriores ya se ha discutido que ningún ser viviente, ni siquiera los poderosos semidioses, puede sobrepasar al Ser Supremo en ningún aspecto; por lo tanto, ekatvam no significa que el ser viviente es igual al Señor Supremo en todos los aspectos. Sin embargo, esto indica que en un sentido más amplio sí hay un solo interés, tal como en una familia donde todos sus miembros tienen el mismo interés, o como en una nación donde el interés nacional es el mismo aunque haya muchos ciudadanos individuales y diferentes. Todas las entidades vivientes son partes integrales de la misma familia suprema, y los intereses del Ser Supremo y los de las partes integrales no son diferentes. Todo ser viviente es hijo del Ser Supremo. Como se afirma en El Bhagavad-gītā (14.3-4), todas las criaturas vivientes que hay en el universo, incluyendo a las aves, los reptiles, las hormigas, los seres acuáticos, los árboles, etc., son emanaciones de la potencia marginal del Señor Supremo. Por lo tanto, todas ellas pertenecen a la familia del Ser Supremo. No hay conflicto de intereses en la vida espiritual.
La posición de las entidades espirituales es gozar. La naturaleza y constitución de todo ser viviente, incluyendo al Señor Supremo y a todas las partes integrales, es la de disfrutar eternamente. Los seres vivientes que están encerrados en el tabernáculo material constantemente buscan disfrutar, pero lo están haciendo en la plataforma equivocada. Aparte de este mundo material existe la plataforma espiritual, en donde el Ser Supremo goza con Sus innumerables asociados. En esa plataforma no existen vestigios de las cualidades materiales, y por lo tanto esa plataforma se llama nirguṇa. En la plataforma de nirguṇa nunca hay conflicto sobre el objeto del goce. Aquí en el mundo material siempre hay conflicto entre los diferentes seres individuales, porque no se acepta el verdadero centro del goce. El Señor Supremo es el verdadero centro del goce; Él es el centro de la sublime y espiritual danza del rāsa. Todos estamos destinados a unirnos con Él y disfrutar la vida con un solo interés trascendental, y sin ningún conflicto. Ésa es la elevada plataforma de los intereses espirituales, y tan pronto como uno comprende esta forma perfecta de unidad, ya no hay posibilidad de ilusión o de lamentación alguna.
Una civilización atea surge de māyā, o sea la ilusión, y el resultado de semejante civilización es la lamentación. Una civilización atea, igual a la que patrocinan los políticos modernos, siempre está llena de ansiedades; así es la ley de la naturaleza. En El Bhagavad-gītā (7.14) se afirma que sólo aquellos que se entregan a los pies de loto del Señor Supremo pueden sobrepasar las rigurosas leyes de la naturaleza. Por eso, si queremos liberarnos de todo tipo de ilusiones y ansiedades, y crear así la unidad entre todos los diversos intereses, debemos incluir a Dios en todas nuestras actividades.
Los resultados de nuestras actividades deben usarse para que sirvan a los intereses del Señor, y para nada más. Sólo sirviendo a los intereses del Señor podemos percibir el interés ātma-bhūta que se menciona aquí. El interés ātma-bhūta que se menciona en este mantra y el interés brahma-bhūta que se menciona en El Bhagavad-gītā (18.54) son idénticos. El ātmā supremo, o sea el alma suprema, es el Señor Mismo, y el ātmā diminuto es la entidad viviente. El ātmā supremo, o Paramātmā, mantiene sin ninguna ayuda a todos los diminutos seres individuales, ya que el Señor Supremo quiere derivar placer del afecto que ellos le proporcionan. El padre se extiende en la forma de sus hijos y los mantiene para derivar algún placer. Si los niños obedecen la voluntad de su padre, entonces los asuntos hogareños irán bien, con un solo interés y una atmósfera agradable. Lo mismo ocurre en el arreglo trascendental de la familia absoluta del Parabrahman, el espíritu supremo.
El Parabrahman es tan persona como lo son las entidades individuales. Ni el Señor ni las entidades vivientes son impersonales. Dichas personalidades trascendentales están colmadas de bienaventuranza, conocimiento y vida eterna trascendentales. Ésa es la verdadera posición de la existencia espiritual, y tan pronto como alguien conoce completamente esta posición trascendental, de inmediato se entrega a los pies de loto del Ser Supremo, Śrī Kṛṣṇa. Pero es muy raro ver a un mahātmā así, a una gran alma, ya que se logra dicha comprensión trascendental sólo después de muchísimos nacimientos (Bg. 7.19). Sin embargo, cuando desarrollamos dicha comprensión, desaparecen toda la ilusión, la aflicción, los sufrimientos de la existencia material, y el nacimiento y la muerte, todos los cuales experimentamos en nuestra vida presente. Ésa es la información que recibimos en este mantra de El Śrī Īśopaniṣad.
Mantra Ocho
asnāviraṁ śuddham apāpa-viddham
kavir manīṣī paribhūḥ svayambhūr
āthātathyato 'rthān vyadadhāc chāśvatībhyaḥ samābhyaḥ
Esta descripción de la forma trascendental y eterna de la Personalidad Absoluta de Dios, indica que el Señor Supremo no carece de forma. Él posee Su propia forma trascendental la cual es totalmente diferente de las formas del mundo terrenal. Las formas que poseen las entidades vivientes de este mundo están encarnadas en la naturaleza material, y funcionan como cualquier máquina material. La anatomía del cuerpo material debe tener una constitución mecánica con venas y otras cosas, pero el cuerpo trascendental del Señor Supremo no tiene tal cosa como venas. Aquí se afirma claramente que Él es incorpóreo, y eso significa que no hay ninguna diferencia entre Su cuerpo y Su alma. Él tampoco acepta un cuerpo conforme a la ley de la naturaleza, tal como ocurre con nosotros. En el concepto material de la vida corporal, el alma es diferente del cuerpo denso y de la mente sutil. Sin embargo, el Señor Supremo no queda sujeto a tales diversificaciones. No hay diferencia alguna entre Su cuerpo y Su mente. Él es la totalidad completa; y Su mente, Su cuerpo, y Él Mismo son exactamente iguales.
En El Brahma-saṁhitā se encuentra una descripción similar del Señor Supremo. Ahí se le describe como sac-cid-ānanda-vigraha, y eso significa que Él es la forma eterna que representa totalmente la existencia, el conocimiento y la bienaventuranza trascendentales. Las Escrituras védicas afirman claramente que Él tiene un tipo de cuerpo completamente diferente; por eso se le describe a veces como carente de forma. Esta ausencia de forma significa que Él no tiene una forma como la nuestra, y que no tiene una forma que podamos percibir. En El Brahma-saṁhitā además se afirma que el Señor puede hacer todo tipo de cosas con cualquier parte de Su cuerpo. Ahí se dice que con todas las partes de Su cuerpo puede hacer el trabajo de los otros sentidos. Esto significa que el Señor puede caminar con Sus manos, aceptar cosas con Sus piernas, ver con Sus manos y Sus pies, comer con Sus ojos, etc. En los śruti-mantras también se dice que aunque el Señor no tenga manos y piernas como las nuestras, posee un tipo diferente de manos y piernas con las que puede aceptar todo lo que le ofrezcamos y puede correr más rápido que cualquiera. Esos puntos quedan confirmados en este octavo mantra con el uso de palabras tales como śukram (omnipotente).
La forma adorable del Señor (arcā-vigraha) que es instalada en los templos por los ācāryas autorizados, quienes han comprendido al Señor en términos del Mantra Siete, tampoco es diferente de la forma original del Señor. La forma original del Señor es la de Śrī Kṛṣṇa, y Śrī Kṛṣṇa se expande en un ilimitado número de formas tales como Baladeva, Rāma, Nṛsiṁha, Varāha, etc. Todas estas formas son la mismísima Personalidad de Dios.
En forma similar, el arcā-vigraha adorado en los templos es también una forma expandida del Señor. Por adorar al arcā-vigraha uno puede acercarse de inmediato al Señor, quien acepta el servicio del devoto a través de Su energía omnipotente. El arcā-vigraha del Señor desciende a petición de los ācāryas, los maestros santos, y actúa en la manera original del Señor en virtud de la energía omnipotente del Señor. Los tontos que no tienen ningún conocimiento sobre El Śrī Īśopaniṣad ni los demás śruti-mantras, consideran que el arcā-vigraha que adoran los devotos puros está hecha de elementos materiales. Quizá los ojos imperfectos de los tontos o de los kaniṣṭha-adhikārīs vean esta forma como material, pero esa gente ignora que el Señor, siendo omnipotente y omnisciente, puede transformar la materia en espíritu y el espíritu en materia, según sea Su deseo.
En El Bhagavad-gītā (9.11-12), el Señor se lamenta por la condición caída en que se encuentran los hombres de poco conocimiento que consideran que el cuerpo del Señor es material, sólo porque el Señor desciende como un hombre a este mundo material. Tales personas mal informadas ignoran la omnipotencia del Señor. Así, el Señor no se manifiesta en plenitud ante los especuladores mentales. Uno puede apreciarlo a Él solamente en proporción a lo que se haya entregado a Él. La condición caída de la entidades vivientes se debe por completo al olvido de su relación con Dios.
En este mantra, y también en muchos otros mantras védicos, se afirma claramente que el Señor ha estado abasteciendo de provisiones a la entidad viviente desde tiempo inmemorial. El ser viviente desea algo y el Señor le abastece el objeto de tal deseo en proporción a su grado de merecimiento. Si alguien quiere ser juez de la suprema corte, no sólo debe capacitarse lo suficiente, sino que también debe recibir el consentimiento de la autoridad que puede adjudicar el título de juez de la suprema corte. Las aptitudes en sí no son suficientes para ocupar el puesto. Una autoridad superior debe adjudicar el puesto. En forma similar, el Señor les adjudica goce a las entidades vivientes en proporción a sus aptitudes. En otras palabras, ellas son recompensadas de acuerdo con la ley del karma. Las aptitudes mismas no son suficientes para permitirle a uno recibir las recompensas. También se necesita la misericordia del Señor.
El ser viviente generalmente no sabe qué pedirle al Señor, ni tampoco a qué puesto aspirar. Sin embargo, cuando el ser viviente logra conocer su posición constitucional, pide ser aceptado en la compañía trascendental del Señor, para poder prestarle servicio amoroso trascendental. Desafortunadamente los seres vivientes que están bajo la influencia de la naturaleza material piden muchas otras cosas, y su mentalidad es descrita en El Bhagavad-gītā (2.41) como inteligencia dividida o dispersa. La inteligencia espiritual es sólo una, pero la inteligencia material es variada. En El Śrīmad-Bhāgavatam se afirma que quienes se encuentran cautivados con las bellezas temporales de la energía externa, se olvidan de la verdadera meta de la vida, que es ir de vuelta a Dios. Olvidando esto, uno trata de resolver todo con diversos planes y programas, pero esto es como masticar lo que ya ha sido masticado. No obstante, el Señor es tan bondadoso que le permite a la entidad viviente olvidadiza continuar así, y no se entremete. Si un ser viviente quiere ir al infierno, el Señor le permite hacerlo, sin entremeterse, y si quiere regresar a casa, ir de vuelta a Dios, el Señor le ayuda.
Dios es descrito aquí como paribhūḥ, el más grande de todos. Nadie es más grande o igual que Él. Aquí se describe a los otros seres vivientes como mendigos que le piden provisiones al Señor. El Señor abastece las cosas que desean las entidades vivientes. Si ellas tuviesen la misma potencia del Señor, o si fuesen omnipotentes u omniscientes, no tendrían necesidad alguna de mendigarle nada al Señor, ni siquiera la así llamada liberación. Verdadera liberación significa regresar a Dios. La liberación que conciben los impersonalistas es un mito, y el mendigar para conseguir la satisfacción de los sentidos continuará eternamente hasta que el mendigo recupere su conciencia espiritual y comprenda su posición constitucional.
Únicamente el Señor Supremo es autosuficiente. Cuando el Señor Kṛṣṇa apareció en la Tierra hace cinco mil años, se manifestó plenamente como la Personalidad de Dios mediante Sus diversas actividades. En Su infancia mató a muchos demonios poderosos, y no era posible haber adquirido semejante poder mediante algún esfuerzo externo. Él levantó la Colina de Govardhana sin haber practicado el levantamiento de pesas. Él bailó con las gopīs sin considerar las restricciones sociales y permaneciendo intachable. Aunque las gopīs se le acercaron con sentimientos de amor conyugal, la relación entre las gopīs y el Señor Kṛṣṇa ha sido adorada incluso por el Señor Caitanya, quien era un estricto sannyāsī y un riguroso seguidor de las regulaciones disciplinarias. El Śrī Īśopaniṣad también describe al Señor como śuddham (antiséptico) y como apāpa-viddham (profiláctico), o sea puro y libre de toda contaminación. Él es antiséptico en el sentido de que incluso una cosa impura puede purificarse con sólo tocarlo a Él. La palabra profiláctico se refiere al poder que tiene Su compañía.
Tal como se menciona en El Bhagavad-gītā (9.30-31) el devoto puede al principio parecer como sudurācāra, desprovisto de buen comportamiento, pero se le debe aceptar como puro debido a que está en el sendero correcto. Esto ocurre gracias a la naturaleza profiláctica que brinda la compañía del Señor. El Señor también es apāpa-viddham ya que el pecado no puede tocarlo. Aunque Él actúe de una forma aparentemente pecaminosa, esas acciones son totalmente buenas, pues Él no queda afectado por el pecado en ninguna circunstancia. Puesto que en todas las circunstancias Él es śuddham, sumamente purificado, es comparado frecuentemente con el Sol. El Sol extrae la humedad de muchos lugares intocables de la Tierra, y a pesar de eso permanece puro. De hecho purifica las cosas detestables en virtud de sus poderes esterilizadores. Si el Sol es tan poderoso a pesar de ser un objeto material, entonces difícilmente podemos empezar a imaginar la pureza y la fuerza que tiene el Señor todopoderoso.
Mantra Nueve
ye 'vidyām upāsate
tato bhūya iva te tamo
ya u vidyāyāṁ ratāḥ
Este mantra ofrece un estudio comparativo entre vidyā y avidyā. Avidyā, la ignorancia, es indudablemente peligrosa, pero vidyā, el conocimiento, es todavía más peligroso cuando es incorrecto o proviene de una mala fuente. Este mantra de El Śrī Īśopaniṣad es más aplicable en la actualidad que en ninguna otra época. La civilización moderna ha progresado considerablemente en el campo de la educación de las masas, pero el resultado es que la gente es más infeliz que nunca debido a que se hace hincapié en el progreso material, excluyendo así el aspecto espiritual que es la parte más importante de la vida.
En lo que concierne a vidyā, el primer mantra ya ha explicado muy claramente que el Señor Supremo es el propietario de todo lo que hay, y al hecho de olvidar esta realidad se le llama ignorancia. Entre el hombre olvide más esta realidad sobre la vida, más se encontrará en la oscuridad. En vista de esto, es más peligrosa una civilización atea encaminada hacia el supuesto progreso de la educación, que una civilización en la que las masas sean menos avanzadas materialmente.
De entre las diferentes clases de hombres - los karmīs, los jñānīs y los yogīs - los karmīs son aquellos que se dedican a actividades para satisfacer los sentidos. Casi el 99,9 por ciento de la gente en la civilización moderna está dedicada a actividades para satisfacer los sentidos bajo las banderas del industrialismo, el desarrollo económico, el altruismo, el activismo político, etc. Sin embargo, todas estas actividades están más o menos basadas en la satisfacción de los sentidos, excluyendo así el tipo de conciencia de Dios descrita en el primer mantra.
En el lenguaje de El Bhagavad-gītā (7.15): las gentes dedicadas a satisfacer crasamente los sentidos son unos mūhas - asnos. El asno es un símbolo de la estupidez. De acuerdo con El Śrī Īśopaniṣad, aquellos que únicamente se dedican a la infructuosa búsqueda de la satisfacción de los sentidos están adorando a avidyā. Aquellos que hacen el papel de estar ayudando a una civilización como ésa, en nombre del progreso educativo, en realidad están causando más daño que los que se encuentran en la plataforma de la satisfacción crasa de los sentidos. El progreso del conocimiento bajo la guía de gente atea es tan peligroso como la valiosa joya que adorna la cabeza de una cobra. Una cobra decorada con una joya valiosa es más peligrosa que otra no decorada. En El Hari-bhakti-sudhodaya se compara el progreso que hacen los ateos en el campo de la educación, con las decoraciones que hay en un cadáver. En la India y en muchos otros países, alguna gente sigue la costumbre de conducir una procesión con un cadáver decorado, la cual se organiza para complacer a los afligidos parientes. En el mismo sentido, la civilización moderna es un remiendo de actividades hechas para ocultar los perpetuos sufrimientos causados por la existencia material. Semejantes actividades tienen como meta la satisfacción de los sentidos, pero por encima de los sentidos está la mente, y por encima de la mente está la inteligencia, y por encima de la inteligencia se encuentra el alma. Así que la meta de la verdadera educación debe ser alcanzar la autorrealización, la comprensión de los valores espirituales del alma. Toda educación que no conduzca a semejante comprensión debe ser considerada avidyā, o sea nesciencia. Al cultivar una nesciencia así, uno cae a la región más oscura de la ignorancia.
De acuerdo con los Vedas, los educadores mundanos equivocados son llamados: (1) veda-vāda-rata, (2) māyayāpahṛta-jñāna, (3) āsuraṁ bhāvam āśrita, y (4) narādhama. Los veda-vāda-ratas se las dan de muy eruditos en el campo de la literatura védica, pero desafortunadamente se han desviado por completo del objetivo de los Vedas. En El Bhagavad-gītā (15.18-20) se dice que el objetivo de los Vedas es conocer a la Personalidad de Dios, pero estos hombres veda-vāda-ratas no tienen ningún interés en la Personalidad de Dios. Al contrario, están fascinados por resultados fruitivos tales como el ascenso a los cielos, etc.
Como ya se afirmó en el Mantra Uno, debemos saber que la Personalidad de Dios es el propietario de todo lo que hay, y debemos estar satisfechos con la porción que tenemos asignada para cubrir las necesidades de nuestra vida. La finalidad de toda la literatura védica es despertar esta conciencia de Dios dentro del ser viviente olvidadizo, y esta misma finalidad se presenta de diversas maneras en las diferentes Escrituras del mundo para que la comprenda la humanidad tonta. En consecuencia, el objetivo final de todas las religiones es llevarlo a uno de vuelta a Dios.
Pero la gente veda-vāda-rata, en vez de comprender el significado de los Vedas, presupone que cuestiones secundarias tales como lograr el placer celestial para complacer los sentidos - cuyo anhelo es el primer motivo de su cautiverio material - son el fin último de los Vedas. Tales personas extravían a otros al interpretar erróneamente la literatura védica. Ellos algunas veces incluso condenan los Purāṇas, que son explicaciones védicas auténticas hechas para el hombre común. Los veda-vāda-ratas dan sus propias explicaciones sobre los Vedas, rechazando la autoridad de los grandes maestros (ācāryas). Ellos también tienden a elevar a alguna persona inescrupulosa de entre ellos mismos y proclamarla el exponente principal del conocimiento védico. Este mantra condena en especial a semejantes hombres con la palabra sánscrita vidyā-rata, la cual es muy apropiada. Vidyā significa Veda, porque el Veda es el origen del conocimiento, y rata significa dedicado. Así, vidyā-rata significa “dedicado al estudio de los Vedas”. Aquí se condena a los así llamados vidyā-ratas, debido a que desconocen el verdadero propósito de los Vedas, por haber desobedecido a los ācāryas. Esos veda-vāda-ratas están acostumbrados a encontrar significados en todas las palabras de los Vedas, que se adapten a sus propias intenciones. Ellos ignoran que la literatura védica no es una colección de libros ordinarios y que sólo es comprensible a través de la cadena de la sucesión discipular.
Uno debe acercarse a un maestro espiritual fidedigno para poder comprender el mensaje trascendental de los Vedas. El Kaṭha Upaniṣad lo ordena así. Sin embargo, estos veda-vāda-ratas tienen su propio ācārya que no pertenece a la cadena de la sucesión trascendental. Ellos se encaminan así a la región más oscura de la ignorancia por haber interpretado erróneamente la literatura védica. Ellos caen aún más en la ignorancia que quienes carecen absolutamente de conocimiento sobre los Vedas.
La clase de hombres māyayāpahṛta-jñāna son aquellos que se autoerigen en “dioses”. Tales hombres se sienten Dios y piensan que no hay necesidad de adorar a ningún otro Dios. Ellos aceptarán adorar a algún hombre ordinario si éste es rico, pero nunca adorarán a la Personalidad de Dios. Semejantes hombres, siendo incapaces de reconocer su propia necedad, jamás recapacitan sobre cómo es posible que Dios caiga en las trampas de la ilusión. Si Dios quedase alguna vez atrapado por la ilusión, entonces ésta sería más poderosa que Dios. Esa gente dice que Dios es todopoderoso; pero no considera que si Él es todopoderoso, entonces no es posible que quede dominado por la ilusión. Estos dioses autoerigidos no pueden contestar muy claramente todas estas preguntas. Ellos simplemente están satisfechos por haberse vuelto Dios.
Mantra Diez
anyad āhur avidyayā
iti śuśruma dhīrāṇāṁ
ye nas tad vicacakṣire
En el capítulo trece de El Bhagavad-gītā (13. 8-12) se recomienda cultivar el conocimiento de la siguiente manera:
(2) No dárselas de religioso tan sólo para alcanzar renombre y fama.
(3) No volverse una fuente de ansiedad para los demás con las acciones de su cuerpo, con los pensamientos de su mente, o con sus palabras.
(4) Ser tolerante aunque haya provocación de otros.
(5) Aprender a evitar la duplicidad en sus tratos con los demás.
(6) Encontrar a un maestro espiritual fidedigno que pueda encaminarlo gradualmente a la etapa de la iluminación espiritual, y someterse a él, prestarle servicio y hacerle preguntas pertinentes.
(7) Seguir los principios regulativos impuestos en las Escrituras reveladas, para poder llegar a la plataforma de la autorrealización.
(8) Establecerse en los principios de las Escrituras reveladas.
(9) Abstenerse completamente de prácticas que sean nocivas a los intereses de la autorrealización.
(10) No aceptar más de lo necesario para el mantenimiento del cuerpo.
(11) No identificarse falsamente con el cuerpo material denso ni considerar como suyos a quienes están relacionados con este cuerpo.
(12) Siempre recordar que mientras se tenga un cuerpo material hay que enfrentarse a los sufrimientos del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte repetidos. De nada sirve hacer planes para zafarse de estos sufrimientos del cuerpo material. El mejor camino es encontrar la manera de recobrar la identidad espiritual.
(13) No apegarse más que a lo indispensable para avanzar espiritualmente.
(14) No apegarse a la esposa, los hijos y el hogar, más de lo que ordenan las Escrituras reveladas.
(15) No sentirse feliz o afligido por las cosas deseables o indeseables creadas por la mente.
(16) Volverse un devoto puro de la Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa, y servirle con atención profunda.
(17) Desarrollar un gusto por vivir en un lugar retirado que tenga una atmósfera tranquila y quieta, favorable para el cultivo espiritual; y evitar los lugares congestionados donde se congregan los no devotos.
(18) Volverse un científico o un filósofo y dirigir investigaciones sobre el conocimiento espiritual, reconociendo que el conocimiento espiritual es permanente mientras que el conocimiento material termina con la muerte del cuerpo.
Estos dieciocho puntos se combinan para formar un proceso gradual con el que se puede adquirir verdadero conocimiento. Con excepción de éstos, todos los demás métodos caen dentro de la categoría de la nesciencia. Śrīla Bhaktivinoda hākura, un gran ācārya, sostenía que todos los tipos de conocimiento material son únicamente aspectos externos de la energía ilusoria, y que por cultivarlos uno se vuelve igual a un asno. Este mismo principio se encuentra en El Śrī Īśopaniṣad. Con el progreso del conocimiento material, el hombre moderno únicamente se está convirtiendo en un asno. Algunos políticos materialistas, a modo de espiritualistas, condenan el sistema actual de civilización considerándolo satánico, pero desafortunadamente no se preocupan por cultivar el verdadero conocimiento tal como es descrito en El Bhagavad-gītā. Por eso, ellos no pueden cambiar la situación satánica.
En la organización moderna incluso un niño se siente autosuficiente y no respeta a la gente mayor. Debido a la educación equivocada que se imparte en nuestras universidades, los jóvenes de todo el mundo han causado jaquecas a la gente mayor. Por eso El Śrī Īśopaniṣad advierte muy enfáticamente que el cultivo de la nesciencia es diferente del cultivo del conocimiento. Por así decirlo, las universidades son únicamente centros de nesciencia; en consecuencia los científicos están muy atareados descubriendo armas letales para exterminar a otros países. A los estudiantes universitarios de hoy no se les instruye acerca de los principios regulativos de brahmacarya, ni acerca del proceso espiritual de la vida. Ellos tampoco tienen fe alguna en ninguno de los mandamientos de las Escrituras. La enseñanza de los principios religiosos ocurre únicamente para lograr renombre y fama, y no para llevarlos a la práctica. Por eso existe rencor no únicamente en el campo político y social, sino también en el campo de la religión.
El nacionalismo y la patriotería han aparecido en diferentes partes del mundo debido a que la gente en general cultiva la nesciencia. Nadie se pone a pensar que esta diminuta Tierra es solamente una masa de materia que está flotando en el espacio inconmesurable junto con muchas otras masas. Comparándolas con la vastedad del espacio, estas masas materiales son como partículas de polvo flotando en el aire. Estas masas de materia están perfectamente equipadas con todo lo necesario para flotar en el espacio, debido a que bondadosamente Dios las ha hecho completas en sí mismas. Los pilotos de nuestras naves espaciales pueden estar muy orgullosos de sus logros, pero no toman en cuenta al conductor supremo de estas naves espaciales más grandes y gigantescas llamadas planetas.
Existen innumerables soles e innumerables sistemas planetarios. Siendo partes integrales infinitesimales del Señor Supremo, nosotros las diminutas criaturas, estamos tratando de dominar estos planetas ilimitados. Debido a eso nacemos y morimos repetidamente y quedamos generalmente frustrados por la vejez y la enfermedad. La vida humana tiene una duración aproximada de cien años, aunque está disminuyendo gradualmente hasta llegar a veinte o treinta años. Gracias al cultivo de la nesciencia, los hombres engañados han creado sus propias naciones dentro de estos planetas para asir el goce de los sentidos más eficazmente durante esos breves años. Semejantes tontos están trazando diversos planes para que los límites nacionales sean lo más perfecto posible. Esto es en fin de cuentas algo ridículo. Por este motivo todas las naciones se han vuelto una fuente de ansiedad para las otras. Más del cincuenta por ciento de la energía de una nación es utilizada en medidas defensivas, y así queda desperdiciada. Nadie se preocupa por cultivar el conocimiento, y a pesar de eso la gente se siente falsamente orgullosa de haber progresado en el conocimiento material y espiritual.
El Śrī Īśopaniṣad nos advierte sobre esta educación defectuosa, y El Bhagavad-gītā instruye cómo alcanzar el verdadero conocimiento. En este mantra se insinúa que las instrucciones sobre vidyā (el conocimiento), deben adquirirse de un dhīra. El dhīra es aquel que no se perturba por la ilusión material. No es posible ser imperturbable a menos que se tenga una comprensión espiritual perfecta, y entonces uno no anhela nada ni se lamenta de nada. El dhīra comprende que el cuerpo material y la mente, adquiridos casualmente por la asociación material, son únicamente elementos ajenos a él; por consiguiente, solamente le da el mejor uso a una mala ganga.
El cuerpo y la mente materiales son una mala ganga para la entidad viviente espiritual. La entidad viviente tiene verdaderas actividades en el mundo espiritual viviente, pero este mundo material es muerto. Mientras las chispas espirituales vivientes manipulan las masas muertas de materia, el mundo muerto parece ser un mundo viviente. En realidad, son las almas vivientes, las partes integrales del Ser Viviente Supremo, quienes mueven el mundo. Los dhīras son aquellos que han podido entender todas estas verdades al escucharlas de las autoridades superiores. Los dhīras comprenden este conocimiento al seguir los principios regulativos.
Para poder seguir los principios regulativos uno debe refugiarse en un maestro espiritual fidedigno. El mensaje trascendental y los principios regulativos descienden del maestro espiritual al discípulo. Ese conocimiento no llega en la aventurada manera de la educación nesciente. Sólo es posible convertirse en un dhīra cuando se oyen sumisamente los mensajes de la Personalidad de Dios. El discípulo perfecto debe ser como Arjuna, y el maestro espiritual debe ser igual al Señor Mismo. Éste es el proceso para aprender el vidyā (el conocimiento) de labios del dhīra, el imperturbable.
El adhīra (aquel que no ha llevado el entrenamiento de un dhīra) no puede volverse un dirigente instructor. Los políticos modernos que se hacen pasar por dhīras son en realidad adhīras, y nadie puede esperar recibir conocimiento perfecto de parte de ellos. Ellos sólo están apurados buscando su propia remuneración en pesos y centavos. Así, ¿cómo es posible que ellos puedan dirigir a las masas de gente al sendero correcto de la autorrealización? Por eso, uno debe oír sumisamente a los dhīras para lograr la verdadera educación.
Mantra Once
tad vedobhayaṁ saha
avidyayā mṛtyuṁ tīrtvā
vidyayāmṛtam aśnute
bhagavān sātvatāṁ patiḥ
śrotavyaḥ kīrtitavyaś ca
dhyeyaḥ pūjyaś ca nityadā
Desde la creación del mundo material todos han estado tratando de alcanzar una vida permanente, pero la ley de la naturaleza es tan cruel que nadie ha podido escaparse de las manos de la muerte. Es un hecho cierto que nadie quiere morir. Nadie quiere tampoco volverse viejo o enfermarse. Sin embargo, la ley de la naturaleza no inmuniza a nadie en contra de la muerte, la vejez o la enfermedad. El progreso del conocimiento material tampoco ha resuelto estos problemas. La ciencia material puede descubrir la bomba nuclear para acelerar el proceso de la muerte, pero no puede descubrir nada que proteja al hombre de las crueles manos de la enfermedad, la vejez y la muerte.
En los Purāṇas encontramos las actividades de Hirayakaśipu, un rey que era muy avanzado materialmente. Queriendo conquistar a la muerte con sus adquisiciones materiales y con la fuerza de su nesciencia, él se sometió a un tipo de meditación tan severa, que los habitantes de todos los sistemas planetarios quedaron disturbados con sus poderes místicos. Él forzó al creador del universo - el semidiós Brahmā - a bajar ante él. Luego le pidió a Brahmā que le concediera la bendición de amara, con la cual uno no muere. Brahmā le dijo que no podía otorgarle esa bendición ya que incluso él mismo, el creador material que rige todos los planetas, no es amara. Tal como se confirma en El Bhagavad-gītā (8.17), Brahmā vive mucho tiempo, pero eso no significa que no tenga que morir.
Hiraṇya significa oro, y kaśipu significa cama suave. Este caballero estaba interesado en esas dos cosas - dinero y mujeres - y quería disfrutarlas volviéndose inmortal. Él le hizo muchas peticiones indirectas a Brahmā con la esperanza de satisfacer su deseo de volverse un amara. Ya que Brahmā le había dicho que no podía concederle el regalo de la inmortalidad, Hirayakaśipu le pidió no ser muerto por ningún hombre, animal, dios, o por ningún otro ser viviente dentro de las categorías de las 8.400.000 especies. Él también pidió no morir ni en la tierra, ni en el aire, ni en el agua, ni por ninguna clase de arma. Hiraṇyakaśipu pensó así tontamente que estas garantías lo salvarían de la muerte. Sin embargo, aunque Brahmā le otorgó todas estas bendiciones, finalmente fue muerto por la Personalidad de Dios en Su forma de Nṛsiṁha, mitad hombre mitad león, y ninguna arma fue utilizada para matarlo ya que lo mataron las uñas del Señor. Él tampoco fue muerto ni en la tierra, ni en el aire, ni en el agua, sino en el regazo de ese maravilloso ser viviente que estaba más allá de su imaginación.
Lo que se quiere señalar aquí es que ni siquiera Hirayakaśipu - el más poderoso de los materialistas - pudo volverse inmortal mediante sus diversos planes. ¿Qué pueden hacer entonces los diminutos Hirayakaśipus de hoy, cuyos planes quedan frustrados a cada momento? El Śrī Īśopaniṣad nos instruye que no hagamos intentos parciales para ganar la lucha por la existencia. Todo el mundo está luchando arduamente por la existencia, pero las leyes de la naturaleza material son tan rígidas que no permiten que nadie las sobrepase. Para poder alcanzar una vida permanente, uno debe estar dispuesto a regresar a Dios.
El proceso para ir de vuelta a Dios es una rama diferente del conocimiento, y debe aprenderse en las Escrituras védicas reveladas tales como los Upaniṣads, El Vedānta-sūtra, El Bhagavad-gītā, El Śrīmad-Bhāgavatam, etc. Para volverse feliz en esta vida y alcanzar una vida bienaventurada y permanente después de abandonar este cuerpo material, uno debe recurrir a esta literatura sagrada y obtener conocimiento trascendental. El ser viviente condicionado ha olvidado su relación eterna con Dios, y ha aceptado erróneamente que el lugar temporal de su nacimiento es todo lo que existe. En forma bondadosa el Señor ha entregado en la India las Escrituras antes mencionadas, y otras Escrituras en otros países, para recordarle al ser humano olvidadizo que su hogar no es este mundo material. El ser viviente es una entidad espiritual y sólo puede ser feliz cuando regresa a su hogar espiritual.
La Personalidad de Dios envía de Su reino a Sus sirvientes fidedignos para que propaguen este mensaje mediante el cual uno puede regresar a Dios, y algunas veces el Señor Mismo viene para cumplir esta misión. Puesto que todos los seres vivientes son Sus amados hijos - Sus partes integrales - Dios se apena más que nosotros mismos al ver los sufrimientos que padecemos constantemente en esta condición material. Los sufrimientos de este mundo material sirven para recordarnos indirectamente sobre nuestra incompatibilidad con la materia muerta. Las entidades vivientes inteligentes generalmente toman en cuenta estos recordatorios y se dedican a cultivar el vidyā, o sea el conocimiento trascendental. La vida humana es la mejor oportunidad para cultivar el conocimiento espiritual, y el ser humano que no aprovecha esta oportunidad recibe el nombre de narādhama, el más bajo de los seres humanos.
El sendero de avidyā, o sea el progreso en el conocimiento material para lograr la satisfacción de los sentidos, es el sendero del nacimiento y de la muerte repetidos. Teniendo una existencia espiritual, la entidad viviente no tiene ni nacimiento ni muerte. El nacimiento y la muerte le corresponden al cuerpo, que es la cubierta externa del alma espiritual. Se hace la comparación de que la muerte es como quitarse unas vestimentas externas, y el nacimiento es como ponérselas. A los seres humanos necios que están excesivamente absortos en cultivar avidyā, la nesciencia, no les preocupa este cruel proceso. Estando enamorados de la belleza de la energía ilusoria, ellos sufren repetidamente el cruel proceso del nacimiento y de la muerte y no aprenden ninguna de las lecciones que les dan las leyes de la naturaleza.
Es esencial que el ser humano cultive el vidyā, o sea el conocimiento trascendental. En la condición material enferma debe restringirse lo más posible la satisfacción de los sentidos. El satisfacer los sentidos sin ninguna restricción en esta condición corporal, es el sendero de la ignorancia y de la muerte. Las entidades vivientes no carecen de sentidos espirituales; todo ser viviente en su forma espiritual original posee todos los sentidos, los cuales ahora son materiales al estar cubiertos por el cuerpo y la mente. Las actividades de los sentidos materiales son reflejos pervertidos de los pasatiempos espirituales. En su condición enferma, estando cubierta materialmente, el alma espiritual se dedica a actividades materiales. El verdadero placer de los sentidos es posible únicamente cuando se remueve la enfermedad del materialismo. En nuestra verdadera forma espiritual - la cual está libre de toda contaminación material - sí es posible el goce puro de los sentidos. La meta de la vida humana no debe consistir en el goce pervertido de los sentidos, sino que uno debe anhelar curarse de la enfermedad material. El agravamiento de la enfermedad material no es ningún signo de conocimiento sino de avidyā, la ignorancia. Para mejorar la salud no se debe aumentar la temperatura de 41 a 42 grados, sino reducirla a la normal de 37 grados. Ésa debe ser la meta de la vida humana. La tendencia moderna de la civilización material es aumentar la temperatura de la condición material febril, la cual ha llegado al punto de 42 grados en la forma de la energía atómica. Mientras tanto, los políticos necios están gritando que en cualquier momento el mundo se irá al infierno. Ése es el resultado de progresar en el conocimiento material y abandonar el cultivo del conocimiento espiritual, el cual es la clase de vida más importante. El Śrī Īśopaniṣad nos advierte aquí que no sigamos este peligroso sendero que conduce a la muerte. Al contrario, debemos cultivar el conocimiento espiritual para poder liberarnos completamente de las crueles manos de la muerte.
Esto no significa que deben pararse todas las actividades para el mantenimiento del cuerpo. No es posible parar todas las actividades, así como no es posible suprimir toda la temperatura al tratar de curarse de una enfermedad. La expresión apropiada es “darle el mejor uso a una mala ganga”. El cultivo del conocimiento espiritual requiere la ayuda de este cuerpo y de esta mente, y por consiguiente necesitamos mantener el cuerpo y la mente para llegar a nuestra meta. Debe mantenerse la temperatura normal de 37 grados, y los grandes sabios y santos de la India han intentado hacer esto mediante un programa balanceado de conocimiento espiritual y material. Ellos nunca permiten el uso erróneo de la inteligencia humana para la satisfacción enferma de los sentidos.
Las actividades humanas enfermas con la tendencia por satisfacer los sentidos, han sido reguladas en los Vedas bajo los principios de la salvación. Este sistema utiliza la religión, el desarrollo económico, la satisfacción de los sentidos, y la salvación, pero en la actualidad la gente no tiene ningún interés en la religión ni en la salvación. Ellos sólo tienen una meta en la vida: la complacencia de los sentidos; y para lograr esto hacen planes para el desarrollo económico. Los hombres extraviados piensan que debe conservarse la religión pues contribuye al desarrollo económico, el cual es necesario para la satisfacción de los sentidos. Se sigue así algún sistema de observancia religiosa para poder garantizar que continuará la satisfacción de los sentidos después de la muerte, en el cielo. No obstante, éste no es el objetivo de la salvación. El sendero de la religión es en realidad para alcanzar la autorrealización; y el desarrollo económico es necesario únicamente para mantener el cuerpo en una condición saludable. El hombre debe llevar una vida sana y tener una mente juiciosa con el único propósito de comprender el vidyā, el verdadero conocimiento, el cual es la meta de la vida humana. Esta vida no es para trabajar como un asno, ni para cultivar avidyā y conseguir así la satisfacción de los sentidos.
En El Śrīmad-Bhāgavatam, se presenta perfectamente el sendero de vidyā, que guía al ser humano para que utilice su vida en inquirir sobre la Verdad Absoluta. La Verdad Absoluta es comprendida paso a paso como Brahman, como Paramātmā y finalmente como Bhagavān, la Personalidad de Dios. Comprende a la Verdad Absoluta el hombre magnánimo que ha alcanzado conocimiento y desapego al seguir los dieciocho principios de El Bhagavad-gītā descritos en el significado del Mantra Diez. El objetivo central de estos dieciocho principios es alcanzar el servicio devocional a la Personalidad de Dios. Por lo tanto, los hombres de toda clase están invitados a aprender el arte del servicio devocional al Señor. Śrīla Rūpa Gosvāmī describe el proceso garantizado para alcanzar el vidyā en su Bhakti-rasāmṛta-sindhu, que nosotros hemos presentado en español como El néctar de la devoción. El Śrīmad-Bhāgavatam resume el cultivo del vidyā con las siguientes palabras:
“Por lo tanto, los devotos constantemente deben oír hablar de la Personalidad de Dios (Bhagavān), y glorificarlo, recordarlo y adorarlo a Él, quien es su protector” (Bhāg. 1.2.14).
A menos que la religión, el desarrollo económico y la satisfacción de los sentidos no se encaminen hacia la obtención del servicio devocional al Señor, todos serán únicamente diferentes formas de nesciencia, tal como lo indica El Śrī Īśopaniṣad en los mantras siguientes. Para cultivar el vidyā en esta era, uno siempre debe oír, cantar y adorar con atención concentrada dirigida hacia la Personalidad de Dios, quien es el Señor de los trascendentalistas.
Mantra Doce
ye 'sambhūtim upāsate
tato bhūya iva te tamo
ya u sambhūtyāṁ ratāḥ
La palabra sánscrita asambhūti se refiere a los que no tienen una existencia independiente. Sambhūti es la Personalidad Absoluta de Dios, quien es absolutamente independiente de todo. Śrī Kṛṣṇa, la Personalidad Absoluta de Dios, afirma en El Bhagavad-gītā (10.2):
na me viduḥ sura-gaṇāḥ
prabhavaṁ na maharṣayaḥ
aham ādir hi devānāṁ
maharṣīṇāṁ ca sarvaśaḥ
“Ni las legiones de semidioses ni los grandes sabios conocen Mi origen, pues en todos los aspectos, Yo soy la fuente de los semidioses y de los sabios”. Kṛṣṇa es entonces el origen de los poderes delegados a los semidioses, a los grandes sabios y a los místicos. Aunque ellos están dotados de grandes poderes, les es muy difícil saber cómo es que Kṛṣṇa Mismo aparece en la forma de un hombre gracias a Su propia potencia interna.
Todos los filósofos y grandes ṛṣis, o místicos, tratan de distinguir el Absoluto de lo relativo usando su minúscula capacidad mental. Esto únicamente puede ayudarlos a llegar al punto de negar la relatividad pero sin comprender ningún indicio positivo del Absoluto. La definición del Absoluto usando negaciones es incompleta. Esas definiciones negativas lo conducen a uno a crear su propio concepto, y así se imagina que el Absoluto debe carecer de forma y de cualidades. Las cualidades negativas son únicamente el opuesto de las cualidades positivas, y por lo tanto también son relativas. Al concebir al Absoluto de esta forma, uno puede alcanzar a lo sumo el resplandor impersonal de Dios, conocido como el Brahman, pero no puede progresar hasta llegar a Bhagavān, la Personalidad de Dios.
Tales especuladores mentales no saben que Kṛṣṇa es la Personalidad Absoluta de Dios, que el Brahman impersonal es el resplandor deslumbrante de Su cuerpo trascendental, y que Paramātmā, la Superalma, es Su representación omnipenetrante. Ellos tampoco saben que Kṛṣṇa tiene Su forma eterna con cualidades trascendentales de bienaventuranza y conocimiento eternos. Los semidioses dependientes y los grandes sabios consideran imperfectamente que Él es un poderoso semidiós, y que el resplandor del Brahman es la Verdad Absoluta. Sin embargo, los devotos de Kṛṣṇa que se entregan a Él con devoción pura, pueden saber que Él es la Persona Absoluta y que todo emana de Él. Semejantes devotos prestan continuamente servicio amoroso a Kṛṣṇa, quien es la fuente de todo.
En El Bhagavad-gītā (7.20) también se dice que únicamente las personas confundidas, impulsadas por un fuerte deseo de satisfacer sus sentidos, adoran a los semidioses con el fin de resolver los problemas temporales. Sólo aquellos que carecen de inteligencia buscan el alivio temporal a ciertas dificultades como una solución, el cual es otorgado por la grandeza de algún semidiós. Ya que el ser viviente está enredado materialmente, tiene que ser liberado por completo del cautiverio material para poder alcanzar la satisfacción permanente en el plano espiritual, donde existen la bienaventuranza, la vida y el conocimiento eternos. También se afirma en El Bhagavad-gītā (7.23) que los adoradores de los semidioses pueden ir a los planetas de los semidioses. Los adoradores de la Luna pueden ir a la Luna, los adoradores del Sol al Sol, etc. Los científicos modernos se están aventurando ahora a ir a la Luna con la ayuda de cohetes, pero esta tentativa no es en realidad nueva. Teniendo una conciencia desarrollada, los seres humanos se sienten inclinados en forma natural a viajar por el espacio exterior y llegar a otros planetas, ya sea con naves espaciales, poderes místicos, o adoración a los semidioses. En las Escrituras védicas se dice que es posible llegar a otros planetas en cualquiera de estas tres formas, pero la forma más común es por adorar al semidiós que preside ese planeta particular. Sin embargo, todos los planetas del universo material son residencias temporales; los únicos planetas permanentes son los Vaikuhalokas. Éstos se encuentran en el cielo espiritual, y la Personalidad de Dios Misma los domina. Tal como se afirma en El Bhagavad-gītā (8.16):
ā-brahma-bhuvanāl lokāḥ
punar āvartino 'rjuna
mām upetya tu kaunteya
punar janma na vidyate
“¡Oh, hijo de Kuntī!, Desde el planeta más elevado del mundo material, hasta el más bajo, todos son lugares de sufrimiento donde ocurren repetidamente el nacimiento y la muerte. Pero aquel que alcanza Mi morada nunca vuelve a nacer” El Śrī Īśopaniṣad señala que uno permanece en la región más oscura del universo al rondar por los planetas materiales usando cualquier medio. El universo entero está cubierto por los elementos materiales gigantescos, al igual que un coco cubierto por su corteza. Ya que su cubierta es hermética, la oscuridad interna es total y por lo tanto se necesitan soles y lunas para iluminarlo. Fuera del universo se encuentra la vasta e ilimitada expansión brahmajyoti, la cual está repleta de Vaikuhalokas. El planeta más elevado del brahmajyoti es Kṛṣṇaloka o Goloka Vndāvana, donde reside Śrī Kṛṣṇa Mismo, la Suprema Personalidad de Dios. El Señor Śrī Kṛṣṇa nunca abandona Kṛṣṇaloka. Aunque Él vive ahí con Sus asociados eternos, también se encuentra omnipresente a través de todas las manifestaciones cósmicas materiales y espirituales. En el Mantra Cuatro ya se ha explicado este hecho. El Señor está presente en todas partes al igual que el Sol, y a pesar de eso está situado en un solo lugar, así como el Sol que está situado en su propia órbita constante.
Los problemas de la vida no pueden resolverse con sólo ir a la Luna. Hay muchos adoradores falsos que se vuelven religiosos únicamente para alcanzar renombre y fama. Semejantes religiosos falsos no quieren salir de este universo y llegar al cielo espiritual. Ellos únicamente quieren mantener el statu quo en el mundo material so pretexto de adorar al Señor. Al predicar el culto del ateísmo, los ateos y los impersonalistas encaminan a esos necios religiosos falsos hacia las regiones más oscuras. Los ateos niegan directamente la existencia de la Suprema Personalidad de Dios, y los impersonalistas los apoyan al hacer hincapié en el aspecto impersonal del Señor Supremo. Hasta ahora no hemos encontrado ningún mantra de El Śrī Īśopaniṣad que niegue a la Suprema Personalidad de Dios. Se dice que Él puede correr más rápido que cualquiera. Aquellos que están corriendo hacia otros planetas ciertamente son personas, y si el Señor puede correr más rápido que todos ellos, ¿cómo es posible considerarlo impersonal? El concepto impersonal que se tiene del Señor Supremo es otra forma de ignorancia que surge por tener un concepto imperfecto sobre la Verdad Absoluta.
Los religiosos falsos e ignorantes y los manufacturadores de las así llamadas encarnaciones, quienes violan directamente los mandamientos védicos, están expuestos a entrar en la región más oscura del universo por descarriar a sus seguidores. Estos impersonalistas generalmente se hacen pasar por encarnaciones de Dios ante los necios que ignoran la sabiduría védica. Si esos tontos tienen algún conocimiento, en sus manos es más peligroso que la ignorancia misma. Semejantes impersonalistas ni siquiera adoran a los semidioses en la forma recomendada en las Escrituras. En las Escrituras se recomienda adorar a los semidioses en determinadas circunstancias, pero a la vez se declara que normalmente no es necesario hacerlo. En El Bhagavad-gītā (7.23) se afirma claramente que los resultados obtenidos al adorar a los semidioses no son permanentes. Ya que el universo material total no es permanente, todo logro obtenido dentro de la oscuridad de la existencia material tampoco será permanente. El problema consiste en cómo obtener una vida real y permanente.
El Señor afirma que tan pronto como uno llega a Él mediante el servicio devocional - que es el único camino para acercarse a la Personalidad de Dios - se libera completamente del cautiverio del nacimiento y de la muerte. En otras palabras, el sendero para salvarse de las garras materiales depende completamente de los principios del conocimiento y del desapego. Los religiosos falsos no tienen ni conocimiento ni desapego de las cuestiones mundanas, ya que en su mayoría quieren vivir con los grilletes dorados del cautiverio material bajo la sombra de las actividades altruistas y filantrópicas, aparentando seguir los principios religiosos. Exhibiendo falsos sentimientos religiosos, ellos presentan una comedia de servicio devocional, mientras continúan incurriendo en todo tipo de actividades inmorales. Ellos se hacen pasar por maestros espirituales y devotos de Dios. Esos violadores de los principios religiosos no respetan a los ācāryas autoritativos, los maestros santos que están en la estricta sucesión discipular. Ellos se convierten en así llamados ācāryas para descarriar a las personas en general, pero ni siquiera siguen los principios de los ācāryas.
Estos bribones son los elementos más peligrosos de la sociedad humana. Ellos se escapan del castigo de las leyes del Estado porque no existe un gobierno religioso. Sin embargo no pueden escapar a las leyes del Supremo, quien ha manifestado claramente en El Bhagavad-gītā (16.19-20) que los demonios envidiosos disfrazados de propagandistas religiosos, serán arrojados a las regiones más oscuras del infierno. El Śrī Īśopaniṣad confirma que estos religiosos falsos se están dirigiendo al lugar más inmundo del universo después de terminar su negocio de maestros espirituales que únicamente llevan a cabo para satisfacer sus sentidos.
Mantra Trece
anyad āhur asambhavāt
iti śuśruma dhīrāṇāṁ
ye nas tad vicacakṣire
En este mantra se aprueba el sistema de oír a las autoridades imperturbables. A menos que uno oiga al ācārya fidedigno, quien nunca se perturba con los cambios del mundo material, no podrá tener verdadero acceso al conocimiento trascendental. El maestro espiritual fidedigno, quien también ha escuchado de su ācārya imperturbable los śruti-mantras o conocimiento védico, nunca manufactura o presenta algo que no mencionen las Escrituras védicas. En El Bhagavad-gītā (9.25) se dice claramente que aquellos que adoran a los pitṛs, o sea a los antepasados, alcanzan los planetas de los antepasados. De modo similar, los materialistas crasos que hacen planes para permanecer aquí, alcanzan otra vez este mundo, y los devotos del Señor que adoran sólo al Señor Kṛṣṇa, la causa suprema de todas las causas, lo alcanzan en Su morada del cielo espiritual.
Aquí en El Śrī Īśopaniṣad también se verifica que las diferentes formas de adoración producen diferentes resultados. Si adoramos al Señor Supremo, ciertamente lo alcanzaremos en Su morada eterna , y si adoramos a semidioses tales como el dios del Sol y el dios de la Luna, llegaremos sin duda alguna a sus planetas respectivos. Y si queremos permanecer en este desdichado planeta, con nuestras comisiones de planeamiento y nuestros arreglos políticos temporales, de seguro también podremos hacer eso.
En ninguna parte de las Escrituras auténticas se dice que uno llegará finalmente a la misma meta si hace cualquier cosa o adora a cualquiera. Semejantes teorías necias son presentadas por maestros autoerigidos que no tienen ningún contacto con el paramparā, el sistema fidedigno de sucesión discipular. El maestro espiritual fidedigno no puede decir que todos los senderos conducen a la misma meta, ni que cualquiera puede llegar a esa meta usando su forma particular de adoración a los semidioses o al Supremo o a lo que sea. Cualquiera puede comprender muy fácilmente que una persona llega a su destino sólo cuando ha comprado un pasaje para ese destino. La persona que ha comprado un pasaje para Calcuta puede llegar a Calcuta pero no a Bombay. Sin embargo, los supuestos maestros momentáneos dicen que cualquier pasaje puede conducir a la meta suprema. Esas proposiciones mundanas y comprometedoras atraen a muchas criaturas necias que se envanecen con esos métodos manufacturados de iluminación espiritual. Sin embargo, las instrucciones védicas no los apoyan. A menos que uno haya recibido el conocimiento de parte del maestro espiritual fidedigno que está en la línea de sucesión discipular reconocida, no podrá adquirir lo auténtico, tal como es. Kṛṣṇa le dice a Arjuna en El Bhagavad-gītā (4.2):
evaṁ paramparā-prāptam
imaṁ rājarṣayo viduḥ
sa kāleneha mahatā
yogo naṣṭaḥ parantapa
“Esta ciencia suprema fue así recibida a través de la cadena de sucesión discipular, y en esta forma la comprendieron los reyes santos. Pero en el transcurso del tiempo la sucesión se rompió, y por eso la ciencia tal como es parece estar perdida”.
Cuando el Señor Śrī Kṛṣṇa estaba presente en la Tierra, se habían pervertido los principios del bhakti-yoga definidos en El Bhagavad-gītā; por eso el Señor tuvo que restablecer el sistema discipular empezando con Arjuna, quien era el amigo y devoto más íntimo del Señor. El Señor le dijo claramente a Arjuna (Bg. 4.3) que él podía comprender los principios de El Bhagavad-gītā debido a que era Su devoto y Su amigo. En otras palabras, los que no son devotos ni amigos del Señor no pueden comprender el Gītā. Esto también significa que sólo los que siguen el sendero de Arjuna pueden comprender El Bhagavad-gītā.
En la actualidad hay muchos intérpretes y traductores de este sublime diálogo que en realidad no tienen conocimiento alguno sobre las instrucciones que el Señor Kṛṣṇa le dio a Arjuna. Semejantes intérpretes explican los versos de El Bhagavad-gītā a su propia manera y presentan todo tipo de disparates en nombre de las Escrituras. Tales intérpretes no creen ni en Śrī Kṛṣṇa ni en Su morada eterna. ¿Cómo pueden entonces explicar El Bhagavad-gītā? El Gītā dice claramente (Bg. 7.20) que sólo los que han perdido la razón adoran a los semidioses. Kṛṣṇa recomienda finalmente (Bg. 18.66) abandonar todos los otros métodos y formas de adoración y entregarse únicamente a Él en forma total. Sólo aquellos que están completamente limpios de todas las reacciones pecaminosas pueden tener semejante fe tan resuelta en el Señor Supremo. Los demás continuarán rondando en la plataforma material con sus mezquinas formas de adoración, y así quedarán descarriados del verdadero sendero, bajo la falsa impresión de que todos los senderos conducen a la misma meta.
En este mantra es muy significativa la palabra sambhavāt, que significa “por adorar a la causa suprema”. El Señor Kṛṣṇa es la Personalidad original de Dios, y todo lo que existe ha emanado de Él. El Señor explica en El Bhagavad-gītā (10.8) que Él es el creador de todos, incluyendo a Brahmā, a Viṣṇu y a Śiva. Debido a que el Señor crea a estas tres deidades principales del mundo material, Él es el creador de todo lo que existe en los mundos materiales y espirituales. En El Atharva Veda se dice de igual manera que el Señor Śrī Kṛṣṇa existía antes de la creación de Brahmā y que fue Él quien iluminó a Brahmā con el conocimiento védico: “La Persona Suprema deseó crear a las entidades vivientes y por eso Nārāyaṇa creó a todos los seres vivientes. De Nārāyaṇa nació Brahmā. Nārāyaṇa creó a todos los prajāpatis. Nārāyaṇa creó a Indra. Nārāyaṇa creó a los ocho Vasus. Nārāyaṇa creó a los once Rudras. Nārāyaṇa creó a los doce dityas”. Ya que Nārāyaṇa es la manifestación plenaria del Señor Kṛṣṇa, Nārāyaṇa y Kṛṣṇa son exactamente lo mismo. También hay otras citas posteriores afirmando que ese mismo Señor Supremo es el hijo de Devakī. Śrpāda Śakarācārya también ha aceptado y confirmado la infancia de Śrī Kṛṣṇa junto a Devakī y Vasudeva, y Su identidad como Nārāyaṇa, aun cuando Śakara no pertenece al culto vaiṣṇava o personalista. El Atharva Veda también declara: “Al principio únicamente existía Nārāyaṇa, cuando no existían ni Brahmā ni Śiva, ni el fuego, ni el agua, ni las estrellas, ni el Sol, ni la Luna. El Señor no permanece solo sino que crea cuando así lo desea”. Se afirma en El Mokṣa-dharma: “Yo creé a los prajāpatis y a los Rudras. Ellos no Me conocen completamente porque están cubiertos por Mi energía ilusoria”. En El Varāha Purāṇa también se afirma: “Nārāyaṇa es la Suprema Personalidad de Dios, y de Él se manifestó el Brahmā de cuatro cabezas, y también Rudra, quien más tarde se volvió omnisciente”.
Toda la literatura védica confirma entonces que Nārāyaṇa, o sea Kṛṣṇa, es la causa de todas las causas. En El Brahma-saṁhitā también se dice que el Señor Supremo es Śrī Kṛṣṇa, Govinda, quien es el deleite de todos los seres vivientes y la causa primordial de todas las causas. La persona verdaderamente erudita sabe esto a partir de los testimonios presentados por los grandes sabios y los Vedas. De esta forma, el hombre erudito decide adorar al Señor Kṛṣṇa aceptándolo como la totalidad existente.
A las personas que se aferran únicamente a la adoración de Kṛṣṇa se les llama budha, o sea realmente eruditas. Esta convicción se establece cuando uno oye con fe y amor el mensaje trascendental del ācārya imperturbable. No es posible convencer acerca de esta simple verdad a alguien que no tiene ni fe ni amor por Kṛṣṇa. El Bhagavad-gītā (9.11) describe a los infieles como mūḍhas, tontos o asnos. Se dice que los mūḍhas se mofan de la Personalidad de Dios porque no han recibido conocimiento completo de parte del ācārya imperturbable. Alguien que se perturba con el remolino de la energía material, no es competente para convertirse en un ācārya.
Antes de oír El Bhagavad-gītā, Arjuna estaba perturbado por el remolino material, por el afecto hacia su familia, su sociedad y su comunidad. Arjuna quería volverse así un filántropo, un hombre no violento de este mundo. Sin embargo, cuando se volvió buddha al oír el conocimiento védico de El Bhagavad-gītā que daba la Persona Suprema, cambió su decisión y se volvió un adorador del Señor Śrī Kṛṣṇa, quien había proyectado la batalla de Kurukṣetra. Arjuna adoró al Señor peleando contra sus así llamados parientes. Así se volvió un devoto puro del Señor. Esos logros sólo son posibles cuando uno adora al verdadero Kṛṣṇa, y no a algún “Kṛṣṇa” fabricado por los necios que ignoran los pormenores de la ciencia de Kṛṣṇa descrita en El Bhagavad-gītā y en El Śrīmad-Bhāgavatam.
De acuerdo con El Vedānta-sūtra, sambhūta es la fuente del nacimiento y del mantenimiento, y también es el manantial que permanece después de la aniquilación. El Śrīmad-Bhāgavatam, que es el comentario natural sobre El Vedānta-sūtra, escrito por el mismo autor, sostiene que la fuente de todas las emanaciones no es como una piedra muerta, sino que es abhijña, o sea plenamente consciente. El Señor primordial Śrī Kṛṣṇa también dice en El Bhagavad-gītā (7.26) que Él es plenamente consciente del pasado, del presente y del futuro, y que nadie lo conoce completamente, ni siquiera los semidioses tales como Śiva y Brahmā. Sin duda alguna, aquellos que están perturbados por las corrientes de la existencia material no pueden conocerlo a Él completamente. Los maestros espirituales a medio educar tratan de hacer algún arreglo poniendo a toda la humanidad como objeto de la adoración, pero ellos no saben que semejante adoración es imposible y que las masas son imperfectas. Sus intentos son como regar agua en las hojas del árbol, en vez de la raíz. El proceso natural es regar el agua en la raíz, pero los líderes desequilibrados de hoy están más apegados a las hojas. A pesar de que están regando perpetuamente las hojas, todo se está secando por falta de alimento.
El Śrī Īśopaniṣad nos aconseja verter el agua en la raíz, la cual es la fuente de todo lo que germina. La adoración a las masas humanas prestándoles un servicio corporal que nunca puede ser perfecto, es menos importante que el servicio al alma. El alma es la raíz que genera los diversos tipos de cuerpos conforme a la ley del karma, la reacción material. Servir a los seres humanos por medio de asistencia médica, ayuda social y facilidades educativas, cuando al mismo tiempo se degüellan a los pobres animales en los mataderos, no es realmente un servicio válido a los seres vivientes.
El ser viviente padece perpetuamente, en diferentes tipos de cuerpos, los sufrimientos materiales del nacimiento, la vejez, la enfermedad, y la muerte. La forma humana de vida ofrece una oportunidad para salirse de este embrollo con sólo restablecer la relación perdida que existe entre la entidad viviente y el Señor Supremo. El Señor viene personalmente a enseñar esta filosofía de la entrega al Supremo, al sambhūta. Se presta un verdadero servicio a la humanidad cuando se le enseña cómo entregarse y adorar al Señor Supremo con pleno amor y energía. Ésa es la instrucción que da El Śrī Īśopaniṣad en este mantra.
La sencilla forma de adorar al Señor Supremo en esta era de disturbios es oír y cantar sobre Sus grandiosas actividades. Sin embargo, los especuladores mentales piensan que las actividades del Señor son imaginarias, por consiguiente se abstienen de oírlas e inventan algún juego de palabras insustanciales para distraer la atención de las masas inocentes. En vez de oír las actividades del Señor Kṛṣṇa, ellos se hacen propaganda induciendo a sus seguidores para que canten acerca de maestros espirituales falsos. En la época moderna ha incrementado considerablemente el número de tales farsantes, y para los devotos puros del Señor se ha vuelto un problema salvar a las masas de gente de la propaganda profana que hacen estos farsantes y falsas encarnaciones.
Los Upaniṣads atraen indirectamente nuestra atención hacia el Señor primordial Śrī Kṛṣṇa, pero El Bhagavad-gītā, el cual es el resumen de todos los Upaniṣads, señala directamente a Śrī Kṛṣṇa. Cuando alguien oye en El Bhagavad-gītā o en El Śrīmad-Bhāgavatam acerca de Kṛṣṇa, tal como Él es, su mente se limpia gradualmente de todas las contaminaciones. El Śrīmad-Bhāgavatam dice: “Por oír las actividades del Señor, se atrae la atención del Señor hacia Su devoto. Y así, el Señor, estando situado en el corazón de todo ser viviente, ayuda al devoto dándole las instrucciones adecuadas”. El Bhagavad-gītā (10.10) también confirma esto.
La instrucción interna que da el Señor limpia el corazón del devoto de todas las contaminaciones producidas por las modalidades materiales de la pasión y la ignorancia. Los no devotos están bajo el dominio de la pasión y la ignorancia. Aquel que está en la modalidad de la pasión no puede desapegarse de los anhelos materiales, y el que está en la modalidad de la ignorancia no puede saber ni quién es él mismo ni quién es el Señor. Cuando uno está así en la modalidad de la pasión o de la ignorancia, no hay posibilidad alguna de que logre la autorrealización, aunque esté haciendo el papel de un religioso. En el devoto, las modalidades de la pasión y de la ignorancia se remueven por la gracia del Señor. De esta forma, el devoto se sitúa en la cualidad de la bondad, la cual es el signo de un brāhmaṇa perfecto. Cualquiera puede capacitarse como un brāhmaṇa, con la condición de que siga el sendero del servicio devocional bajo la guía de un maestro espiritual fidedigno. El Śrīmad-Bhāgavatam (2.4.18) también dice:
kirāta-hūṇāndhra-pulinda-pulkaśā
ābhīra-śumbhā yavanāḥ khasādayaḥ
ye 'nye ca pāpā yad-apāśrayāśrayāḥ
śudhyanti tasmai prabhaviṣṇave namaḥ
”Toda entidad viviente de nacimiento bajo puede quedar purificada con la guía de un devoto puro del Señor, ya que el Señor es extraordinariamente poderoso”.
Cuando uno adquiere cualidades brahmínicas, se vuelve feliz y entusiasta por prestar servicio devocional al Señor. La ciencia de Dios queda revelada automáticamente ante él. Al conocer la ciencia de Dios uno se libera gradualmente de los apegos materiales, y por la gracia del Señor su inteligencia dudosa se vuelve nítida. Cuando uno llega a esa etapa, se vuelve un alma liberada y ve al Señor a cada paso de su vida. En esto consiste la perfección de sambhavāt que se describe en este mantra.
Mantra Catorce
yas tad vedobhayaṁ saha
vināśena mṛtyuṁ tīrtvā
sambhūtyāmṛtam aśnute
Con el supuesto avance del conocimiento, la civilización humana ha creado muchas cosas materiales incluyendo las naves espaciales y la energía atómica. Sin embargo no ha podido crear libertad del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Siempre que un hombre inteligente le pregunta a un supuesto científico sobre esos sufrimientos, éste le contesta muy vivazmente que la ciencia material está progresando y que al final liberará al hombre de la muerte y de la vejez. Tales respuestas son prueba de la ignorancia crasa de los científicos en relación con la naturaleza material. En la naturaleza material todo se encuentra bajo las rigurosas leyes de la materia y debe pasar por seis etapas de transformación: el nacimiento, el crecimiento, el mantenimiento, la transformación, el deterioro y finalmente la muerte. Nada de lo que está en contacto con la naturaleza material puede trascender estas seis leyes de la transformación; por lo tanto, nadie - ya sea semidiós, hombre, animal o árbol - puede sobrevivir para siempre en el mundo material.
La duración de la vida puede variar en relación con las especies. El Señor Brahmā, el principal ser viviente de este universo material, puede vivir muchos millones de años, mientras que un germen diminuto sólo puede vivir por algunas horas. Pero eso no importa. Nadie puede sobrevivir eternamente en el mundo material. Los seres nacen o son creados bajo ciertas condiciones, permanecen durante algún tiempo y, si continúan viviendo, ellos crecen, procrean, se deterioran gradualmente y finalmente desaparecen. De acuerdo con estas leyes incluso todos los Brahmās, de los cuales hay millones entre los diferentes universos, están sujetos a la muerte ya sea hoy o mañana. Por eso todo el universo material es llamado Mtyuloka, el lugar de la muerte.
Los políticos y los científicos materialistas están tratando de volver inmortal este lugar pues no tienen información sobre la naturaleza espiritual inmortal. Esto ocurre porque desconocen la literatura védica, la cual rebosa de conocimiento sobre la experiencia trascendental madura. Desafortunadamente, el hombre moderno es adverso a recibir el conocimiento que proviene de los Vedas, los Purāṇas y otras Escrituras.
De El Viṣṇu Purāṇa (6.7.61) recibimos la información de que el Señor Viṣṇu, la Personalidad de Dios, posee diferentes energías llamadas parā (superior) y aparā o avidyā (energía inferior). La energía material en la que estamos enredados actualmente es llamada la energía avidyā o inferior. La creación material ocurre gracias a esa energía. Pero hay otra, una energía superior llamada el parā śakti, que es diferente de esta energía material inferior. Esa energía superior constituye la creación eterna o inmortal del Señor (Bg. 8.20).
Todos los planetas materiales - superiores, inferiores e intermedios, incluyendo el Sol, la Luna y Venus - se encuentran dispersos por todo el universo. Estos planetas existen únicamente durante la vida de Brahmā. Sin embargo, algunos planetas inferiores son destruidos al final de un día de Brahmā, y son creados de nuevo durante el siguiente día de Brahmā. En los planetas superiores el tiempo es calculado en una forma diferente. Un año de los nuestros es apenas igual a veinticuatro horas, o sea un día y una noche, de muchos planetas superiores. Las cuatro eras de la Tierra (Satya, Tretā, Dvāpara y Kali) duran únicamente doce mil años en la escala del tiempo que hay en los planetas superiores. Cuando ese período es multiplicado por mil equivale a un día de Brahmā, y la noche de Brahmā dura lo mismo. Semejantes días y noches se acumulan en meses y años, y Brahmā vive por cien de esos años. Al final de la vida de Brahmā la manifestación universal total es destruida.
Todos los seres vivientes que residen en el Sol y en la Luna, y también los del sistema Martyaloka - el cual incluye esta Tierra y a muchos planetas que están debajo de ésta - son sumergidos en las aguas de la devastación durante la noche de Brahmā. Ningún ser o especie viviente permanece manifiesto durante este lapso, aunque continúa existiendo espiritualmente. Esta etapa no manifiesta recibe el nombre de avyakta. Y de nuevo hay otra etapa de avyakta cuando todo el universo es destruido al final de la vida de Brahmā. Sin embargo, más allá de estas dos etapas no manifestadas existe una atmósfera o naturaleza espiritual. En esa atmósfera hay un gran número de planetas espirituales que existen eternamente, incluso cuando todos los planetas de este universo material quedan destruidos. La manifestación cósmica que está dentro de la jurisdicción de los diversos Brahmās es apenas una exhibición de la cuarta parte de la energía del Señor. Ésta es la energía inferior. Más allá de la jurisdicción de Brahmā se encuentra la naturaleza espiritual, que recibe el nombre de tripada-vibhūti: las tres cuartas partes de la energía del Señor. Ésa es la energía superior, o parā prakṛti.
La Persona Suprema regente que reside en la naturaleza espiritual es el Señor Śrī Kṛṣṇa. Como se confirma en El Bhagavad-gītā (8.22), sólo es posible acercarse a Él a través del servicio devocional puro, y no mediante el proceso de jñāna (filosofía), de yoga (misticismo), o de karma (trabajo fruitivo). Los karmīs, o trabajadores fruitivos, pueden elevarse a los planetas Svargaloka que incluyen al Sol y a la Luna. Los jñānīs y los yogīs pueden llegar a planetas aún más elevados tales como Brahmaloka, y cuando se capacitan todavía más a través del servicio devocional, se les permite entrar en la naturaleza espiritual, ya sea en la atmósfera cósmica iluminante del cielo espiritual (Brahman), o en los planetas Vaikuha, todo de acuerdo con sus aptitudes. Sin embargo, es un hecho cierto que nadie puede entrar en los planetas espirituales Vaikuhas si no ha sido entrenado en el servicio devocional.
En los planetas materiales todo el mundo, desde Brahmā hasta la hormiga, está tratando de enseñorearse de la naturaleza material, y ésta es la enfermedad material. Mientras esta enfermedad material continúe, la entidad viviente tendrá que soportar el proceso del cambio corporal. Sin importar que alguien acepte una forma humana, o de semidiós o de animal, finalmente tendrá que aguantar una condición no manifestada durante las dos devastaciones - la devastación de la noche de Brahmā y la devastación al final de la vida de Brahmā. Si queremos acabar con este proceso de nacimientos y muertes repetidos, y los factores concomitantes de la vejez y la enfermedad, debemos tratar de entrar en los planetas espirituales. El Señor Kṛṣṇa, en Sus expansiones plenarias, domina todos y cada uno de esos planetas.
Nadie puede dominar a Kṛṣṇa. El alma condicionada trata de dominar a la naturaleza material, y en vez de eso es sometida a las leyes de la naturaleza material y a los sufrimientos de los nacimientos y las muertes repetidos. El Señor viene aquí para restablecer los principios de la religión, y el principio básico consiste en desarrollar una actitud de entrega hacia Él. Ésa es la última instrucción del Señor en El Bhagavad-gītā (18.66), pero los tontos han tergiversado muy hábilmente el significado de esta enseñanza principal y han descarriado a las masas de diferentes maneras. Se ha instado a la gente para que abra hospitales, pero no en cambio a educarse para entrar en el reino espiritual mediante el servicio devocional. Se les ha enseñado a interesarse únicamente en las obras temporales de asistencia, las cuales nunca pueden proporcionarle verdadera felicidad a la entidad viviente. Ellos establecen todo tipo de instituciones públicas y semigubernamentales para detener el poder devastador de la naturaleza, pero no saben cómo pacificar a la insuperable naturaleza. Muchos hombres son proclamados grandes eruditos de El Bhagavad-gītā, pero pasan por alto el mensaje del Gītā sobre cómo pacificar a la naturaleza material. Únicamente se puede pacificar a la poderosa naturaleza si se despierta conciencia de Dios, tal como se señala claramente en El Bhagavad-gītā (7.14).
El Śrī Īśopaniṣad enseña en este mantra que uno debe conocer perfectamente, juntos, tanto a sambhūti (la Personalidad de Dios) como a vināśa (la manifestación material temporal). No es posible salvar nada si sólo se conoce la manifestación material temporal, porque en el curso de la naturaleza hay devastación a todo momento. No es posible salvar a nadie de estas devastaciones abriendo hospitales. Sólo es posible ser salvado cuando se tiene conocimiento completo sobre la vida eterna de bienaventuranza y conciencia. El plan védico está hecho para educar a los hombres en este arte de alcanzar la vida eterna. La gente es descarriada frecuentemente por las cosas temporales atractivas que se basan en la satisfacción de los sentidos, pero el servicio prestado a los objetos de los sentidos es tanto engañoso como degradante.
Por eso debemos salvar a nuestro prójimo en la forma correcta. No se trata de que la verdad nos guste o no. La verdad está ahí. Si deseamos salvarnos del nacimiento y de la muerte repetidos, debemos adoptar el servicio devocional del Señor. No puede haber transigencias ya que esto es una necesidad.
Mantra Quince
satyasyāpihitaṁ mukham
tat tvaṁ pūṣann apāvṛṇu
satya-dharmāya dṛṣṭaye
En El Bhagavad-gītā (14.27), el Señor explica de la siguiente manera Sus rayos personales (brahmajyoti), o sea, el resplandor deslumbrante de Su forma personal:
brahmaṇo hi pratiṣṭhāham
amṛtasyāvyayasya ca
śāśvatasya ca dharmasya
sukhasyaikāntikasya ca
“Y Yo soy el fundamento del Brahman impersonal, el cual es la posición constitucional de la felicidad última y es inmortal, imperecedero y eterno”.
Brahman, Paramātmā y Bhagavān son los tres aspectos de la misma Verdad Absoluta. Brahman es el aspecto que puede percibir más fácilmente el principiante. A Paramātmā, la Superalma, lo comprenden aquellos que han progresado más, y la comprensión de Bhagavān es la comprensión final de la Verdad Absoluta. Esto se confirma en El Bhagavad-gītā donde el Señor dice que Él es el concepto final de la Verdad Absoluta, y que es la fuente del brahmajyoti y también del Paramātmā omnipenetrante. Kṛṣṇa dice en El Bhagavad-gītā (10.42) que Él es el manantial fundamental del brahmajyoti, el cual es el concepto impersonal de la Verdad Absoluta, y que no hay necesidad de explicar Sus potencias ilimitadas:
athavā bahunaitena
kiṁ jñātena tavārjuna
viṣṭabhyāham idaṁ kṛtsnam
ekāṁśena sthito jagat
“Pero, ¿qué necesidad hay, Arjuna, de todo este conocimiento detallado? Con un solo fragmento Mío, penetro y sostengo todo este universo”. Así, el Señor mantiene la creación cósmica material total mediante una de Sus expansiones plenarias, el Paramātmā omnipenetrante. Él también mantiene todas las manifestaciones del mundo espiritual; por eso en el śruti-mantra de El Śrī Īśopaniṣad se le menciona como pūṣan, el sustentador final.
La Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa, siempre, goza de bienaventuranza trascendental (ānandamayo 'bhyāsāt). Cuando Él estuvo presente hace cinco mil años en Vndāvana, India, siempre gozó de bienaventuranza trascendental, aun desde el comienzo de Sus pasatiempos infantiles. Para Él, la matanza de diversos demonios - tales como Agha, Baka, Ptanā y Pralamba - eran simplemente excursiones placenteras. En la villa de Vndāvana Él disfrutó con Su madre, hermano y amigos, y cuando aceptó el papel de un travieso ladrón de mantequilla, todos Sus asociados disfrutaron bienaventuranza celestial con Sus robos. El renombre del Señor como un ladrón de mantequilla no es cosa reprochable, porque con Sus robos de mantequilla proporcionó placer a Sus devotos puros. Todo lo que el Señor hizo en Vndāvana fue para el placer de Sus asociados de allí. El Señor creó estos pasatiempos para atraer a los especuladores áridos y a los acróbatas del supuesto sistema de haṭha-yoga quienes habían venido a encontrar la Verdad Absoluta.
Śukadeva Gosvāmī dijo en El Śrīmad-Bhāgavatam (10.12.11) lo siguiente acerca de los juegos infantiles del Señor con Sus compañeros de juego, los pastorcillos de vacas:
itthaṁ satāṁ brahma-sukhānubhūtyā
dāsyaṁ gatānāṁ para-daivatena
māyāśritānāṁ nara-dārakeṇa
sākaṁ vijahruḥ kṛta-puṇya-puñjāḥ
“La Personalidad de Dios, quien es percibido como el bienaventurado Brahman impersonal, quien es adorado por los devotos como el Señor Supremo, y quien es considerado por los mundanos como un ser humano ordinario, jugó con los pastorcillos de vacas que habían alcanzado sus posiciones después de acumular muchas actividades piadosas”.
Así, el Señor siempre está ocupado en amorosas actividades trascendentales con Sus asociados espirituales en las diversas relaciones de śānta (neutralidad), dāsya (servidumbre), sakhya (amistad), vātsalya (afecto paternal o maternal), y mādhurya (amor conyugal).
Al decirse que el Señor nunca abandona Vndāvana-dhāma, uno puede preguntarse cómo maneja Él los asuntos de la creación. La respuesta está en El Bhagavad-gītā (13.14): el Señor penetra toda la creación material por medio de Su parte plenaria llamada la encarnación puruṣa. Aunque el Señor no tiene nada que ver personalmente con la creación, el mantenimiento y la destrucción materiales, Él provoca que todas estas cosas sucedan a través de Su expansión plenaria, el Paramātmā o Superalma. Todas las entidades vivientes reciben el nombre de ātmā - alma - y el ātmā principal que las controla es el Paramātmā, la Superalma.
Este sistema para alcanzar la comprensión de Dios es una gran ciencia. Los materialistas únicamente pueden analizar y meditar en los vienticuatro factores de la creación material, debido a que tienen muy poca información sobre el puruṣa, el Señor. Los trascendentalistas impersonales simplemente están confundidos con el brillante resplandor del brahmajyoti. Si uno quiere ver a la Verdad Absoluta en Su plenitud, debe traspasar los veinticuatro elementos materiales y también el brillante resplandor. El Śrī Īśopaniṣad señala este objetivo orando para que sea removido el hiraṇmaya-pātra, la cubierta deslumbrante. A menos que esta cubierta sea removida de manera que uno pueda percibir a la Personalidad de Dios tal como Él es, nunca se alcanzará la verdadera comprensión de la Verdad Absoluta.
El aspecto Paramātmā de la Personalidad de Dios es una de las tres expansiones plenarias llamadas colectivamente el viṣṇu-tattva. El viṣṇu-tattva que se encuentra dentro del universo (una de las tres principales deidades - Brahmā, Viṣṇu y Śiva) recibe el nombre de Kṣrodakaśāy Viṣṇu. Él es el Paramātmā omnipenetrante de todas las entidades vivientes individuales. El Garbhodakaśāy Viṣṇu es la Superalma colectiva que está dentro de todas las entidades vivientes. Además de estos dos está el Kāraodakaśāy Viṣṇu que yace en el océano Causal. Él es el creador de todos los universos. El sistema de yoga enseña al estudiante serio cómo encontrarse con los viṣṇu-tattvas después de superar los veinticuatro elementos materiales de la creación cósmica. El cultivo de la filosofía empírica ayuda a comprender el brahmajyoti impersonal, el cual es el brillante resplandor del cuerpo trascendental del Señor Śrī Kṛṣṇa. Esto se confirma en El Bhagavad-gītā y también en El Brahma-saṁhitā (5.40):
yasya prabhā prabhavato jagad-aṇḍa-koṭi-
koṭiṣv aśeṣa-vasudhādi-vibhūti-bhinnam
tad-brahma niṣkalam anantam aśeṣa-bhūtaṁ
govindam ādi-puruṣaṁ tam ahaṁ bhajāmi
“En los millones y millones de universos hay innumerables planetas, y cada uno es diferente de los demás debido a su constitución cósmica. Todos estos planetas están situados en un rincón del brahmajyoti. Este brahmajyoti consiste únicamente en los rayos personales de la Suprema Personalidad de Dios a quien adoro”. Este mantra de El Brahma-saṁhitā es hablado desde el plano de la verdadera comprensión de la Verdad Absoluta, y el śruti-mantra de El Śrī Īśopaniṣad confirma este mantra como un proceso para alcanzar la iluminación. Es una oración sencilla dirigida al Señor para que remueva el brahmajyoti y uno pueda ver Su verdadera cara.
Conocimiento perfecto significa saber que Kṣṇa es la raíz del Brahman. La raíz del Brahman es el Señor Śrī Kṛṣṇa, y en Escrituras como El Śrīmad-Bhāgavatam se explica perfectamente y en detalle la ciencia de Kṛṣṇa. En El Śrīmad-Bhāgavatam su autor, Śrīla Vyāsadeva, ha establecido que la Verdad Suprema es descrita como Brahman, Paramātmā o Bhagavān, de acuerdo con la comprensión que se tenga acerca de Él. Śrīla Vyāsadeva jamás declara que la Verdad Suprema es un jīva, una entidad viviente ordinaria. Nunca se debe considerar a la entidad viviente como la Suprema Verdad todopoderosa. Si así lo fuera, no sería necesario que ésta orara al Señor para que remueva Su cubierta deslumbrante, permitiéndole así ver Su verdadera forma.
La conclusión es que en la ausencia de las manifestaciones espiritualmente potentes de la Verdad Absoluta se alcanza la comprensión del Brahman impersonal. En forma similar, cuando uno comprende las potencias materiales del Señor alcanza la iluminación Paramātmā, aunque tenga poca o ninguna información sobre la potencia espiritual. Las comprensiones Brahman y Paramātmā de la Verdad Absoluta son así comprensiones parciales. Sin embargo, cuando uno comprende en Su plena potencia a la Suprema Personalidad de Dios, Śrī Kṛṣṇa, después de que el hiraṇmaya-pātra ha sido removido, comprende que vāsudevaḥ sarvam iti: el Señor Śrī Kṛṣṇa, conocido como Vāsudeva, lo es todo - Brahman, Paramātmā y Bhagavān. Él es Bhagavān, la raíz, y Brahman y Paramātmā son Sus ramas.
En El Bhagavad-gītā hay un análisis comparativo sobre los tres tipos de trascendentalistas: los adoradores del Brahman impersonal (jñānīs), los adoradores del aspecto Paramātmā (yogīs), y los devotos del Señor Śrī Kṛṣṇa (bhaktas). En El Bhagavad-gītā (6.46-47) se afirma que de entre todo tipo de trascendentalistas, el jñānī, quien ha cultivado el conocimiento védico, es superior. Aun así, los yogīs son todavía superiores a los jñānīs y también muy superiores a los trabajadores fruitivos. Y de entre todos los yogīs, aquel que sirve constantemente al Señor con toda su energía es el más elevado de todos. En resumen, el filósofo es mejor que el trabajador fruitivo, y el místico es superior al filósofo. Y de entre todos los yogīs místicos, aquel que sigue el sendero del bhakti-yoga, dedicándose constantemente al servicio del Señor, es el más elevado de todos. El Śrī Īśopaniṣad nos encamina hacia esta perfección.
Mantra Dieciséis
vyūha raśmīn samūha tejo
yat te rūpaṁ kalyāṇatamaṁ tat te paśyāmi
yo 'sāv asau puruṣaḥ so 'ham asmi
El sol y sus rayos son exactamente iguales cualitativamente. En forma similar, el Señor y las entidades vivientes son exactamente iguales en calidad. El Sol es uno pero las moléculas de sus rayos son innumerables. Los rayos del Sol constituyen sólo una parte del Sol, y el Sol con sus rayos forman en conjunto el Sol completo. Dentro del Sol reside el dios del Sol, y de igual manera, dentro del planeta espiritual supremo Goloka Vndāvana, del cual emana el resplandor brahmajyoti, reside el Señor eterno, tal como lo verifica El Brahma-saṁhitā (5.29):
cintāmaṇi-prakara-sadmasu kalpa-vṛkṣa-
lakṣāvṛteṣu surabhīr abhipālayantam
lakṣmī-sahasra-śata-sambhrama-sevyamānaṁ
govindam ādi-puruṣaṁ tam ahaṁ bhajāmi
“Adoro a Govinda, el Señor primordial, el primer progenitor, quien cuida de las vacas, satisfaciendo todos los deseos, en moradas colmadas de gemas espirituales, rodeadas de millones de árboles del deseo, y siempre servido con gran veneración y afecto por cientos de miles de Lakṣms, o diosas de la fortuna”.
El Brahma-saṁhitā también describe el brahmajyoti, diciendo que consiste en los rayos que emanan de ese planeta espiritual supremo, Goloka Vndāvana, así como los rayos solares emanan del globo solar. A menos que uno sobrepase el brillo del brahmajyoti, no podrá recibir información sobre el reino del Señor. Estando cegado por el brahmajyoti deslumbrante, el filósofo impersonalista no puede comprender la verdadera morada del Señor ni la forma trascendental de Él. Estando limitados por su poca reserva de conocimiento, semejantes pensadores impersonalistas no pueden comprender la forma trascendental y supremamente bienaventurada del Señor Kṛṣṇa. Por eso, en esta oración El Śrī Īśopaniṣad le pide al Señor que remueva los resplandecientes rayos del brahmajyoti, para que el devoto puro pueda ver Su forma trascendental supremamente bienaventurada.
Al comprender el brahmajyoti impersonal se experimenta el aspecto auspicioso del Supremo, y al comprender al Paramātmā, o sea el aspecto omnipenetrante del Supremo, se experimenta un entendimiento aún más auspicioso. Al encontrarse cara a cara con la Personalidad de Dios Misma, el devoto experimenta el aspecto más auspicioso del Supremo. No se puede considerar a la Verdad Suprema como impersonal ya que Él es nombrado como filósofo primordial y el sustentador y bienqueriente del universo. Éste es el veredicto de El Śrī Īśopaniṣad. La palabra pūṣan (sustentador) es especialmente significativa porque aunque el Señor mantiene a todos los seres, Él mantiene específicamente a Sus devotos. Después de sobrepasar el brahmajyoti impersonal y ver el aspecto personal del Señor y Su forma eterna tan auspiciosa, el devoto comprende plenamente a la Verdad Absoluta.
Śrīla Jva Gosvāmī declara en El Bhagavat-sandarbha: “El concepto completo sobre la Verdad Absoluta se logra comprender en la Personalidad de Dios debido a que Él es todopoderoso y posee todas las potencias trascendentales. La potencia total de la Verdad Absoluta no se logra comprender en el brahmajyoti; por lo tanto, la comprensión Brahman es solamente una comprensión parcial sobre la Personalidad de Dios. ¡Oh, sabios eruditos!, la primera letra de la palabra Bhagavān es doblemente significativa: primero en el sentido de 'aquel que mantiene totalmente', y segundo en el sentido de 'guardián'. La segunda letra (ga) significa guía, líder o creador. La letra va indica que todos los seres viven en Él y que Él también vive en todos los seres. En otras palabras, el sonido trascendental Bhagavān representa el conocimiento, potencia, energía, opulencia, fuerza e influencia infinitos - todos ellos sin ningún vestigio de imperfección material”.
El Señor mantiene totalmente a Sus devotos puros y los guía progresivamente en el sendero de la perfección devocional. Siendo el líder de Sus devotos, concede finalmente los resultados deseados del servicio devocional entregándose a Sus devotos. Los devotos del Señor lo ven cara a cara debido a Su misericordia sin causa; de esa manera Él ayuda a Sus devotos para que lleguen al planeta espiritual más excelente, Goloka Vndāvana. Por ser el Creador puede conferirle a Su devoto todas las cualidades necesarias para que éste llegue finalmente a Él. El Señor es la causa de todas las causas, y ya que no fue causado por nada, es la causa original. En consecuencia, Él disfruta de Sí Mismo manifestando Su propia potencia interna. Él Mismo no manifiesta precisamente la potencia externa, ya que se expande como los puruṣas, y con estas formas mantiene los aspectos de la manifestación material. A través de esas expansiones Él crea, mantiene y aniquila la manifestación cósmica.
Las entidades vivientes también son expansiones diferentes del Señor Mismo, y debido a que algunas desean ser el Señor e imitar al Señor Supremo, Él les permite entrar en la creación cósmica con la opción de poder utilizar completamente su propensión a enseñorearse de la naturaleza. Debido a la presencia de Sus partes integrales, las entidades vivientes, el mundo fenoménico total es puesto en acción y reacción. Las entidades vivientes reciben así todas las facilidades para enseñorearse de la naturaleza material, pero el Se�or Mismo es el controlador final en Su aspecto plenario de Paramātmā, la Superalma, el cual es uno de los puruṣas.
Hay un mar de diferencia entre la entidad viviente (ātmā) y el Señor controlador (Paramātmā), entre el alma y la Superalma. Paramātmā es el controlador y ātmā es el controlado; por lo tanto no pueden existir a un mismo nivel. El Paramātmā es conocido como el compañero constante del ser viviente porque coopera totalmente con el ātmā.
El aspecto omnipenetrante del Señor recibe el nombre de Brahman, y existe en todas las circunstancias de conciencia y sueño y también en los estados potenciales, y de él se genera el jīva-śakti (la fuerza viviente) en la forma de almas liberadas y condicionadas. Ya que el Señor es el origen del Paramātmā y del Brahman, es el origen de todas las entidades vivientes y de todo cuanto existe. Aquel que sabe esto se dedica de inmediato al servicio devocional del Señor. Semejante devoto del Señor, puro y plenamente conocedor, está totalmente apegado a Él con todo su corazón; y siempre que se reúne con devotos similares no hace otra cosa sino glorificar las actividades trascendentales del Señor. Aquellos que no son tan perfectos como los devotos puros, y aquellos que únicamente han comprendido los aspectos Brahman o Paramātmā del Señor, no pueden apreciar las actividades de los devotos perfectos. El Señor siempre ayuda a los devotos puros impartiéndoles el conocimiento necesario en sus corazones, de esa manera, por Su gracia especial, se disipa toda la oscuridad de la ignorancia. Los filósofos especuladores y los yogīs no se pueden imaginar esto porque dependen más o menos de su propia fuerza. Como se afirma en El Kaṭha Upaniṣad, al Señor únicamente pueden conocerlo los que Él favorece, y nadie más. Tal gracia especial se concede únicamente a Sus devotos puros. El Śrī Īśopaniṣad hace énfasis en la importancia de recibir la gracia del Señor, la cual está más allá de la esfera del brahmajyoti.
Mantra Diecisiete
athedaṁ bhasmāntaṁ śarīram
oṁ krato smara kṛtaṁ smara
krato smara kṛtaṁ smara
Este cuerpo material y temporal es ciertamente un vestido ajeno. En El Bhagavad-gītā (2.13,18,30) se dice claramente que la entidad viviente no es aniquilada después de la destrucción del cuerpo material ni tampoco pierde su identidad. Su identidad nunca es ni impersonal ni carente de forma; al contrario, es el vestido material lo que carece de forma y lo que desarrolla una forma según la forma de la persona indestructible. Ninguna entidad viviente carece originalmente de forma, tal como piensan erróneamente los que tienen una poca reserva de conocimiento. Este mantra verifica el hecho de que la entidad viviente existe después de que el cuerpo material es aniquilado.
En el mundo material, la naturaleza material exhibe una destreza maravillosa creando diferentes variedades de cuerpos para los seres vivientes, de acuerdo con la propensión que tengan a satisfacer sus sentidos. La entidad viviente que quiere saborear el excremento recibe un cuerpo material perfectamente adecuado para comerlo: el de un cerdo. En forma similar, alguien que desea comer carne recibe el cuerpo de un tigre con el cual puede vivir disfrutando la sangre de otros animales y comiendo su carne. Siendo la forma de sus dientes diferente, el ser humano no está hecho para comer excremento o carne, ni tiene deseo alguno de saborear el excremento, ni siquiera en su etapa más aborigen. Los dientes humanos están hechos de manera que puedan masticar y cortar frutas y verduras, y también hay dos colmillos para que se pueda comer carne.
Los cuerpos materiales de todos los animales y hombres son ajenos a la entidad viviente. Ellos cambian según el deseo que tenga la entidad viviente de satisfacer sus sentidos. En el ciclo de la evolución, la entidad viviente muda de cuerpos uno tras otro. Cuando el mundo estaba lleno de agua la entidad viviente aceptó una forma acuática. Luego pasó de la vida vegetal a la vida de un gusano, de ahí a la de un ave, de ahí a la de una bestia y de ahí a la forma humana. La forma más evolucionada es aquella forma humana que puede comprender completamente el conocimiento espiritual. En este mantra se describe la comprensión espiritual más evolucionada alcanzable: se debe abandonar este cuerpo material, el cual será reducido a cenizas, y permitir que el aire vital se funda con la reserva eterna de aire. El ser viviente lleva a cabo sus actividades dentro del cuerpo a través de los movimientos de diferentes clases de aires, conocidos en resumen con el nombre de prāṇa-vāyu. Los yogīs generalmente aprenden a controlar los aires del cuerpo. El alma debe subir de un círculo de aire al otro hasta llegar al brahma-randhra, el círculo más elevado. De ahí el yogī perfecto puede trasladarse a cualquier planeta que desee. El proceso consiste en dejar un cuerpo material y entrar en otro; pero sólo es posible alcanzar la perfección más elevada de esos cambios cuando la entidad viviente es capaz de abandonar por completo el cuerpo material, tal como se sugiere en este mantra. Entonces uno puede entrar en la atmósfera espiritual y allí desarrollar un tipo de cuerpo totalmente diferente - un cuerpo espiritual que nunca tiene que enfrentarse ni a la muerte ni a los cambios.
En el mundo material la naturaleza material lo fuerza a uno a mudar de cuerpos debido a los diferentes deseos que tenga de satisfacer sus sentidos. Estos deseos se representan en las diversas especies de vida, empezando por los gérmenes hasta los cuerpos materiales más perfectos: los de Brahmā y los semidioses. Todas estas entidades vivientes tienen cuerpos compuestos de materia moldeada en diferentes formas. El hombre inteligente ve la unidad, no en la diversidad de cuerpos, sino en la identidad espiritual. La chispa espiritual que es parte integral del Señor Supremo es la misma, no importa que se encuentre en el cuerpo de un cerdo o en el de un semidiós. La entidad viviente asume diferentes cuerpos según sus actividades piadosas y viciosas. El cuerpo humano es muy evolucionado y tiene plena conciencia. Según las Escrituras védicas, el hombre más perfecto se entrega al Señor después de llevar muchísimas vidas cultivando el conocimiento. El cultivo del conocimiento sólo llega a su perfección cuando el conocedor logra entregarse al Señor Supremo, Vāsudeva.
Sin embargo, si uno no logra saber que las entidades vivientes son partes integrales eternas de la totalidad, y que nunca se pueden volver la totalidad misma, tiene que caer de nuevo a la atmósfera material, aunque haya alcanzado conocimiento sobre su propia identidad espiritual. Uno en realidad tendrá que caerse aunque se haya vuelto uno con el brahmajyoti.
El brahmajyoti que emana del cuerpo trascendental del Señor está lleno de chispas espirituales que son entidades individuales que comprenden plenamente su propia existencia. A veces estas entidades vivientes quieren volverse disfrutadoras de los sentidos, y por lo tanto son puestas en el mundo material para que se vuelvan unos falsos señores bajo el dictado de los sentidos. La enfermedad material de la entidad viviente consiste en su deseo de ser el Señor, ya que bajo el hechizo del disfrute de los sentidos transmigra por los diversos cuerpos que se manifiestan en el mundo material. El volverse uno con el brahmajyoti no es representativo de un conocimiento maduro. Sólo es posible alcanzar la etapa más elevada de la perfección al entregarse completamente al Señor y desarrollar la conciencia de servicio espiritual.
La entidad viviente ruega en este mantra entrar en el reino espiritual de Dios después de abandonar su cuerpo material y el aire material. El devoto le implora al Señor que recuerde sus actividades y sacrificios antes de que su cuerpo material se reduzca a cenizas. Esta oración se hace en el momento de la muerte, teniendo plena conciencia de los actos hechos en el pasado y también de la meta final. Alguien que se encuentra completamente bajo el control de la naturaleza material, recuerda las nefastas actividades que ejecutó mientras existía su cuerpo material, y en consecuencia recibe otro cuerpo material después de la muerte. El Bhagavad-gītā (8.6) confirma esta verdad:
yaṁ yaṁ vāpi smaran bhāvaṁ
tyajaty ante kalevaram
taṁ tam evaiti kaunteya
sadā tad-bhāva-bhāvitaḥ
“Uno alcanzará sin falta cualquier estado de existencia que recuerde al abandonar su cuerpo”. Así pues, la mente transporta las propensiones del animal moribundo a la siguiente vida.
A diferencia de los simples animales que no poseen una mente desarrollada, el ser humano puede recordar las actividades que ocurrieron en su vida que finaliza, como sueños en la noche; por eso su mente permanece sobrecargada de deseos materiales, y en consecuencia él no puede entrar en el reino espiritual con un cuerpo espiritual. Sin embargo, los devotos desarrollan un sentido de amor a Dios al practicar el servicio devocional al Señor. Incluso si el devoto no recuerda, en el momento de la muerte su servicio divino, el Señor no se olvida de él. Se presenta esta oración para recordarle al Señor acerca de los sacrificios del devoto, pero aunque no ocurra ese recordatorio, el Señor no olvida el servicio devocional ejecutado por Su devoto puro.
El Señor describe claramente en El Bhagavad-gītā (9.30-34) la relación íntima que tiene con Sus devotos: “Incluso si alguien comete las acciones más abominables, si está consagrado al servicio devocional, se le debe considerar un santo, pues está debidamente situado. Prontamente él se torna virtuoso y alcanza la paz perdurable. ¡Oh, hijo de Kuntī!, declara osadamente que Mi devoto jamás perece. ¡Oh, hijo de Pthā!, aquellos que se refugian en Mí, aunque sean de un nacimiento inferior - mujeres, vaiśyas [mercaderes], así como también los śūdras [obreros] - pueden acercarse al destino supremo. ¡Cuánto más grandes son entonces los brāhmaṇas, los virtuosos, los devotos y los reyes santos que en este miserable mundo temporal están activos en el amoroso servicio a Mí! Ocupa siempre tu mente en pensar en Mí y conviértete en Mi devoto, ofréceme reverencias y adórame. Estando completamente absorto en Mí, ciertamente vendrás a Mí”.
Śrīla Bhaktivinoda hākura explica estos versos de la siguiente manera: “Se debe aceptar al devoto que se encuentra en el sendero correcto de los santos, aunque ese devoto parezca tener un dudoso carácter moral. Se debe tratar de entender el verdadero significado de la expresión 'un dudoso carácter moral'. El alma condicionada debe obrar con dos funciones, a saber: la manutención del cuerpo y también la autorrealización. Para la manutención del cuerpo están la posición social, el desarrollo mental, la limpieza, la austeridad, la alimentación, y la lucha por la existencia. La sección de atividades dedicadas a la autorrealización se cumple cuando uno se ocupa como devoto del Señor, y también lleva a cabo actividades en relación con eso. Estas dos actividades diferentes son paralelas entre sí, ya que el alma condicionada no puede dejar de mantener su cuerpo. Sin embargo, la cantidad de actividades para el mantenimiento del cuerpo disminuye en proporción al incremento del servicio devocional. Mientras la proporción de servicio devocional no llegue al punto indicado, existe la posibilidad de una exhibición ocasional de mundanalidad, pero se debe advertir que tal mundanalidad no puede continuar por mucho tiempo porque, por la gracia de Dios, tales imperfecciones terminarán muy pronto. Por eso, el sendero del servicio devocional es el único sendero correcto. Cuando uno se encuentra en el sendero correcto, incluso un incidente mundano ocasional no obstaculiza su avance hacia la autorrealización”.
A los impersonalistas se les niegan las facilidades del servicio devocional pues están apegados al aspecto brahmajyoti del Señor. Como se sugirió en los mantras anteriores, ellos no pueden penetrar el brahmajyoti porque no creen en la Personalidad de Dios. Su interés principal radica en la semántica, el juego de palabras, y las creaciones mentales. Como consecuencia, los impersonalistas prosiguen una actividad estéril, tal como se confirma en el Capítulo Doce de El Bhagavad-gītā (12.5).
Es posible recibir sin dificultad todas las facilidades sugeridas en este mantra si uno se mantiene en constante contacto con el aspecto personal de la Verdad Absoluta. El servicio devocional al Señor consiste esencialmente en nueve actividades trascendentales que ejecuta el devoto: (1) oír acerca del Señor, (2) glorificar al Señor, (3) recordar al Señor, (4) servir a los pies de loto del Señor, (5) adorar al Señor, (6) ofrecer oraciones al Señor, (7) servir al Señor, (8) disfrutar de la amistosa compañía del Señor, (9) entregarle todo al Señor. Estos nueve principios del servicio devocional - tomados todos o uno por uno - pueden ayudarle al devoto a permanecer constantemente en contacto con Dios. De esta manera es fácil que recuerde al Señor al final de su vida. Los siguientes devotos célebres del Señor alcanzaron la perfección más elevada al adoptar solamente uno de estos nueve principios: (1) Mahārāja Parkṣit, el héroe de El Śrīmad-Bhāgavatam, alcanzó el resultado deseado por oír. (2) Śukadeva Gosvāmī, el orador de El Śrīmad-Bhāgavatam, alcanzó la perfección por sólo glorificar al Señor. (3) Akrra alcanzó el resultado deseado por orar. (4) Prahlāda Mahārāja alcanzó el resultado deseado por recordar. (5) Pthu Mahārāja alcanzó la perfección por adorar. (6) La diosa de la fortuna Lakṣm alcanzó la perfección sirviendo a los pies de loto del Señor. (7) Hanumān alcanzó el resultado deseado por prestar servicio personal al Señor. (8) Arjuna alcanzó el resultado deseado a través de su amistad con el Señor. (9) Mahārāja Bali alcanzó el resultado deseado por entregar todo lo que tenía.
En realidad, la explicación sobre este mantra y sobre prácticamente todos los mantras de los himnos védicos se encuentra resumida en los Vedānta-sūtras, y expuesta correctamente en El Śrīmad-Bhāgavatam. El Śrīmad-Bhāgavatam es el fruto maduro del árbol de la sabiduría védica. Este mantra particular es explicado en El Śrīmad-Bhāgavatam, en las preguntas y respuestas que sostuvieron Mahārāja Parkṣit y Śukadeva Gosvāmī al mismo principio de su encuentro. Oír y cantar sobre la ciencia de Dios es el principio básico de la vida devocional. Śukadeva Gosvāmī cantó El Śrīmad-Bhāgavatam y Mahārāja Parkṣit lo oyó todo. Mahārāja Parkṣit hizo preguntas a Śukadeva porque éste era un maestro espiritual superior a cualquier gran yogī o trascendentalista de su época.
La pregunta principal de Mahārāja Parkṣit fue: “¿Cuál es el deber de todos los hombres, específicamente en el momento de la muerte?”. Śukadeva Gosvāmī le contestó:
tasmād bhārata sarvātmā
bhagavān īśvaro hariḥ
śrotavyaḥ kīrtitavyaś ca
smartavyaś cecchatābhayam
“Todo aquel que desee liberarse de todas las ansiedades, siempre debe oír sobre, glorificar y recordar a la Personalidad de Dios, quien es el director supremo de todo lo que hay, el extintor de todas las dificultades, y la Superalma de todas las entidades vivientes” (Bhāg. 2.1.5).
La así llamada sociedad humana dedica generalmente la noche a dormir y a tener vida sexual, y el día a ganar lo más que pueda, y si no, a hacer compras para el mantenimiento familiar. La gente tiene muy poco tiempo para hablar acerca de la Personalidad de Dios o indagar acerca de Él. Ellos han descartado la existencia de Dios de muchas maneras, principalmente declarando que Él es impersonal, es decir, incapaz de percibir con sentidos. Sin embargo, en la literatura védica - bien sea en los Upaniṣads, los Vedānta-sūtras, El Bhagavad-gītā o en El Śrīmad-Bhāgavatam - se declara que el Señor es un ser consciente y tiene supremacía sobre las demás entidades vivientes. Sus gloriosas actividades son idénticas a Él. Por lo tanto, uno no debe entregarse a oír y hablar sobre las actividades de los políticos mundanos y los llamados grandes hombres de la sociedad - actividades que son como basura - sino que debe amoldar su vida de manera que pueda dedicarse a actividades divinas sin perder ni un segundo. El Śrī Īśopaniṣad nos orienta hacia tales actividades divinas.
A menos que uno se acostumbre a las prácticas devocionales, ¿qué recordará en el momento de la muerte cuando el cuerpo se halle trastornado?, y ¿cómo podrá orarle al Señor Todopoderoso para que recuerde sus sacrificios? Sacrificio significa negar el interés de los sentidos. Hay que aprender este arte usando los sentidos en el servicio del Señor durante la vida. Uno puede utilizar los resultados de esa práctica en el momento de la muerte.
Mantra Dieciocho
viśvāni deva vayunāni vidvān
yuyodhy asmaj juhurāṇam eno
bhūyiṣṭhāṁ te nama-uktiṁ vidhema
Al entregarse e implorar la misericordia sin causa del Señor, el devoto puede avanzar en el sendero de la completa autorrealización. El Señor recibe el trato de fuego porque puede reducirlo todo a cenizas, incluso los pecados del alma entregada. Como ya se describió en los mantras anteriores, el aspecto verdadero o último del Absoluto es Su aspecto como la Personalidad de Dios. Su aspecto impersonal de brahmajyoti es un resplandor que cubre Su cara. Las actividades fruitivas, o sea el sendero karma-kāṇa de la autorrealización, son la etapa más baja que hay en este intento.
Tan pronto como esas actividades se desvían aunque sea un poco de los principios regulativos de los Vedas, se transforman en vikarma, o sea actos que van en contra de los intereses del ejecutor. La entidad viviente ilusionada incurre en ese vikarma con la única intención de satisfacer sus sentidos, y de esta manera, esas actividades se vuelven obstáculos en el sendero de la autorrealización.
En la forma humana de vida es posible alcanzar la autorrealización, mas no en las otras formas. Hay 8.400.000 especies o formas de vida y, entre ellas, la forma humana, calificada gracias a la cultura brahmínica, presenta la única posibilidad de adquirir conocimiento acerca de la trascendencia. La cultura brahmínica incluye la veracidad, el control de los sentidos, la paciencia, la sencillez, el conocimiento completo, y la fe total en Dios. No se trata simplemente de estar orgulloso de una ascendencia elevada. Ser el hijo de un brāhmaṇa brinda la oportunidad de volverse un brāhmaṇa así como ser el hijo de una gran persona brinda la posibilidad de volverse una gran persona. Sin embargo, esos derechos de nacimiento no lo son todo porque todavía falta que uno desarrolle las aptitudes brahmínicas. En el momento que uno se enorgullece de haber nacido como el hijo de un brāhmaṇa y descuida adquirir las aptitudes de un verdadero brāhmaṇa, se degrada de inmediato y cae del sendero de la autorrealización. La misión de su vida como un ser humano fracasa así.
En El Bhagavad-gītā (6.41-42) el Señor nos asegura que los yoga-bhraṣṭas, o sea las almas que han caído del sendero de la autorrealización, reciben una oportunidad para rectificarse naciendo en familias de buenos brāhmaṇas o en familias de comerciantes ricos. Tales nacimientos proporcionan mejores oportunidades para lograr la autorrealización. Si alguien desaprovecha esas oportunidades debido a la ilusión, pierde la gran oportunidad que ofrece la vida humana, brindada por el Señor todopoderoso.
Los principios regulativos son aquellos que, al seguirlos, lo elevan a uno del plano de las actividades fruitivas al plano del conocimiento trascendental. Después de muchísimos nacimientos y después de llegar al plano del conocimiento trascendental, uno se perfecciona cuando se entrega al Señor. Éste es el procedimiento general. Pero alguien que se entrega desde el mismo comienzo, tal como se recomienda en este mantra, supera de inmediato todas las etapas con sólo adoptar la actitud devocional. Como se afirma en El Bhagavad-gītā (18.66), el Señor se hace cargo inmediatamente de esa alma entregada y la libera de las reacciones de sus actos pecaminosos. En las actividades karma-kāṇa hay muchas reacciones pecaminosas implicadas; y en el jñāna-kāṇa, el sendero del desarrollo filosófico, el número de dichas actividades pecaminosas es menor. Sin embargo, en el servicio devocional al Señor, el sendero del bhakti, prácticamente no hay oportunidad de incurrir en reacciones pecaminosas. El devoto del Señor consigue todas las buenas cualidades del Señor Mismo, y ¿qué decir de las cualidades de un brāhmaṇa? El devoto desarrolla automáticamente la competencia de un brāhmaṇa experto y autorizado para conducir sacrificios, aunque no haya nacido de una familia brāhmaṇa. Así de grandiosa es la omnipotencia del Señor. Él puede hacer que alguien nacido de una familia brāhmaṇa se degrade tanto como un plebeyo comeperros, y que un plebeyo comeperros se vuelva superior a un brāhmaṇa competente, todo por virtud del servicio devocional.
Puesto que el Señor omnipotente está situado en el corazón de todos, puede instruir a Sus devotos sinceros para que encuentren el sendero correcto. Aun cuando el devoto desee alguna otra cosa, el Señor le ofrece especialmente esas instrucciones. Con respecto a los demás, el Señor les deja hacer lo suyo por su cuenta y riesgo solamente. Sin embargo, en el caso del devoto, el Señor lo guía de manera que nunca actúe equivocadamente. En El Śrīmad-Bhāgavatam (11.5.42) se dice:
sva-pāda-mūlaṁ bhajataḥ priyasya
tyaktānya-bhāvasya hariḥ pareśaḥ
vikarma yac cotpatitaṁ kathañcid
dhunoti sarvaṁ hṛdi sanniviṣṭaḥ
“El Señor es tan bondadoso con Su devoto que aunque éste caiga a veces en el embrollo de vikarma - los actos que van en contra de las instrucciones védicas - el Señor en seguida rectifica en el corazón los errores del devoto. Esto ocurre porque el Señor quiere mucho a Sus devotos”.
En este mantra el devoto le ruega al Señor que lo rectifique internamente en el corazón. Errar es humano. El alma condicionada es muy a menudo susceptible a cometer errores, y la única medida correctiva para esos pecados desconocidos es abandonarse a los pies de loto del Señor para que pueda guiarlo. El Señor se hace cargo de las almas completamente entregadas; así, todos los problemas se solucionan al entregarse al Señor y obrar en función de las instrucciones del Señor. El devoto sincero recibe estas instrucciones de dos maneras. Una es por vía de los santos, las Escrituras y el maestro espiritual; y la otra es por vía del Señor Mismo, quien reside internamente en el corazón de todos. El devoto queda así protegido en todo aspecto.
El conocimiento védico es trascendental y no puede ser comprendido por medio de sistemas educativos mundanos. Sólo es posible comprender los mantras védicos por la gracia del Señor y del maestro espiritual. Si alguien se refugia en un maestro espiritual fidedigno, debe entenderse que ha recibido la gracia del Señor. El Señor aparece ante el devoto en la forma del maestro espiritual. Así, el maestro espiritual, los mandamientos védicos, y el Señor Mismo que se encuentra interiormente, guían al devoto con toda fuerza. Así no hay posibilidad de que el devoto caiga de nuevo en el māyā de la ilusión material. Estando protegido así por todos lados, el devoto seguramente alcanza el destino final de la perfección. En este mantra se presenta una idea acerca de todo el proceso, y El Śrīmad-Bhāgavatam (1.2.17-20) lo explica con mayor detalle.
El oír y el cantar las glorias del Señor son en sí actos de piedad. El Señor quiere que todos oigan y canten, debido a que Él es el bienqueriente de todas las entidades vivientes. Al oír y cantar las glorias del Señor, uno se limpia de todo lo indeseable, y se establece su devoción por el Señor. Cuando llega a ese punto el devoto desarrolla la competencia de un brāhmaṇa y desaparecen por completo las reacciones resultantes de las modalidades inferiores de la naturaleza (la pasión y la ignorancia). El devoto se ilumina plenamente en virtud de su servicio devocional, y así logra conocer el sendero del Señor y la forma de llegar a Él. Cuando las dudas disminuyen, se vuelve un devoto puro.
Así terminan los significados de Bhaktivedanta de El Śrī Īśopaniṣad.
