SB 1.16.13-15
sva-pūrveṣāṁ mahātmanām
pragīyamāṇaṁ ca yaśaḥ
kṛṣṇa-māhātmya-sūcakam
ātmānaṁ ca paritrātam
aśvatthāmno 'stra-tejasaḥ
snehaṁ ca vṛṣṇi-pārthānāṁ
teṣāṁ bhaktiṁ ca keśave
tebhyaḥ parama-santuṣṭaḥ
prīty-ujjṛmbhita-locanaḥ
mahā-dhanāni vāsāṁsi
dadau hārān mahā-manāḥ
A los reyes y grandes personalidades del Estado se los recibe con discursos de bienvenida. Ése es un sistema que data de tiempo inmemorial, y como Mahārāja Parīkṣit era uno de los emperadores más conocidos del mundo, en todas partes del mundo adonde llegaba de visita se lo obsequió también con discursos de bienvenida. El tema de esos discursos de bienvenida era Kṛṣṇa. “Kṛṣṇa” significa Kṛṣṇa y Sus devotos eternos, al igual que “el rey” significa el rey y sus asociados íntimos.
Kṛṣṇa y Sus devotos no pueden ser separados, y, por ende, glorificar al devoto significa glorificar al Señor, y viceversa. A Mahārāja Parīkṣit no le hubiera agradado oír hablar de las glorias de antepasados suyos tales como Mahārāja Yudhiṣṭhira y Arjuna, de éstos no haber estado relacionados con los actos del Señor Kṛṣṇa. El Señor desciende principalmente para liberar a Sus devotos (paritrāṇaya sādhūnām). A los devotos los glorifica la presencia del Señor, porque ellos no pueden vivir ni por un momento sin la presencia del Señor y Sus diferentes energías. Para el devoto, el Señor está presente mediante Sus actos y glorias, y, por lo tanto, Mahārāja Parīkṣit sintió la presencia del Señor cuando a Éste se lo estaba glorificando por Sus actos, especialmente por aquel mediante el cual salvó al Rey en el vientre de su madre. Los devotos del Señor nunca están en peligro, pero en el mundo material, que está lleno de peligros a cada paso, a los devotos se los pone aparentemente en posiciones peligrosas, y cuando el Señor los salva, Él es glorificado. El Señor Kṛṣṇa no habría sido glorificado como el expositor de la Bhagavad-gītā, si devotos Suyos tales como los Pāṇḍavas no hubieran estado en dificultades en el campo de batalla de Kurukṣetra. Todos esos actos del Señor se mencionaron en los discursos de bienvenida, y Mahārāja Parīkṣit, lleno de satisfacción, recompensó a aquellos que dieron los discursos. La diferencia que hay entre los discursos de bienvenida que se dan hoy en día y los de aquellos días, es que antiguamente se le daban a una persona como Mahārāja Parīkṣit. Los discursos de bienvenida estaban llenos de relatos de hechos y cifras reales, y aquellos que los presentaban eran recompensados debidamente; mientras que en la actualidad, el discurso de bienvenida no se presenta siempre con declaraciones ciertas, sino para complacer al funcionario, y a menudo están llenos de mentiras aduladoras. Y muy rara vez aquellos que dan esos discursos de bienvenida son recompensados por el pobre funcionario a quien se le dirigen.
