SB 1.9.27

dāna-dharmān rāja-dharmān
mokṣa-dharmān vibhāgaśaḥ
strī-dharmān bhagavad-dharmān
samāsa-vyāsa-yogataḥ
Palabra por palabra: 
dāna-dharmān — los actos de caridad; rāja-dharmān — las actividades pragmáticas de los reyes; mokṣa-dharmān — los actos para la salvación; vibhāgaśaḥ — mediante divisiones; strī-dharmān — deberes de mujeres; bhagavat-dharmān — los actos de los devotos; samāsa — generalmente; vyāsa — explícitamente; yogataḥ — por medio de.
Traducción: 
Él explicó entonces, por divisiones, los actos de caridad, las actividades pragmáticas de un rey y las actividades en aras de la salvación. Luego describió los deberes de las mujeres y los devotos, tanto breve como extensamente.
Significado: 

Dar caridad es una de las principales funciones de la persona casada, y ella debe estar dispuesta a dar como caridad al menos el cincuenta por ciento del dinero que arduamente ha ganado. Un brahmacārī, o estudiante, debe realizar sacrificios, una persona casada debe dar caridad, y una persona que ha adoptado la vida retirada o la orden de renuncia debe practicar penitencias y austeridades. Ésas son las funciones generales de todos los āśramas, u órdenes de vida que se hallan en la senda de la autorrealización. En la vida de brahmacārī se imparte una formación suficiente, de modo que uno pueda entender que el mundo como propiedad le pertenece al Señor Supremo, la Personalidad de Dios. Nadie puede pretender, entonces, ser el propietario de nada que esté en el mundo. De manera que, en la vida de una persona casada, que es una especie de licencia para el disfrute sexual, se debe dar caridad para el servicio del Señor. La energía de todo el mundo se genera o se toma prestada del manantial de energía del Señor; en consecuencia, las acciones resultantes de dicha energía deben dársele a Él. Así como los ríos extraen agua del mar a través de las nubes y de nuevo descienden al mar, de modo similar nuestra energía se toma prestada de la fuente suprema, la energía del Señor, y debe ir de vuelta al Señor. Eso constituye la perfección de nuestra energía. Por consiguiente, el Señor dice en la Bhagavad-gītā (9.27) que todo lo que hagamos, toda penitencia a la que nos sometamos, todo lo que sacrifiquemos, todo lo que comamos o todo lo que demos como caridad, se le debe ofrecer a Él (el Señor). Ésa es la manera de utilizar nuestra energía prestada. Cuando nuestra energía se utiliza de esa manera, se purifica de la contaminación de las embriagueces materiales, y así nos volvemos aptos para nuestra vida natural y original servicio al Señor.

Rāja-dharma es una gran ciencia, a diferencia de la diplomacia moderna para la supremacía política. A los reyes se los preparaba sistemáticamente para que se volvieran muníficos y no sólo fueran recaudadores de impuestos. A ellos se los educaba para que realizaran diferentes sacrificios únicamente para la prosperidad de los súbditos. Dirigir a los prajās hacia el logro de la salvación era un gran deber del rey. El padre, el maestro espiritual y el rey no deben volverse irresponsables en lo que concierne a dirigir a sus súbditos hacia la senda en la que logren la liberación final del nacimiento, la muerte, las enfermedades y la vejez. Cuando estos deberes fundamentales son bien desempeñados, no hay necesidad del gobierno del pueblo por el pueblo. En los tiempos modernos, la generalidad de la gente ocupa la administración mediante el poder de los votos manipulados, pero nunca se les forma en lo referente a los deberes fundamentales del rey, y además eso no es posible para todos. Bajo esas circunstancias, los administradores carentes de preparación hacen estragos al tratar de que los súbditos sean felices en todos los aspectos. Por otra parte, estos administradores sin preparación se vuelven gradualmente pícaros y ladrones, y aumentan los impuestos para financiar una administración con demasiado personal dirigente, la cual es inútil para todos los fines. En verdad, los brāhmaṇas capacitados tiene la función de dirigir a los reyes, para una buena administración en términos de Escrituras tales como el Manu-saṁhitā y los Dharma-śāstras de Parāśara. Un rey modelo es el ideal de la generalidad de la gente, y si el rey es piadoso, religioso, valiente y munífico, los ciudadanos generalmente lo siguen. Un rey de ese tipo no es una persona perezosa y sensual que vive a costa de los súbditos, sino que más bien siempre está alerta para matar a ladrones y dacoits*3. Los reyes piadosos no eran misericordiosos con los dacoits y ladrones en el nombre de una absurda ahiṁsā (no violencia). Los ladrones y dacoits eran castigados de una manera ejemplar, de modo que en el futuro nadie se atreviera a ocasionar esa clase de perjuicios de una forma organizada. Dichos ladrones y dacoits nunca tenían la función de administrar, como ocurre ahora.

La ley de impuestos era simple. No había imposición ni usurpación. El rey tenía derecho a tomar una cuarta parte de la producción del súbdito. El rey tenía derecho a exigir una cuarta parte de la riqueza que uno tuviera asignada. Nunca nadie la daba de mala gana, pues gracias al piadoso rey y a la armonía religiosa, había suficiente riqueza natural, es decir, granos, frutas, flores, seda, algodón, leche, joyas, minerales, etc., y, por ende, nadie era infeliz en lo material. Los ciudadanos eran ricos en agricultura y cría de animales, y, en consecuencia, tenían suficientes granos, frutas y leche, sin ninguna necesidad artificial de jabones e inodoros, cines y bares.

El rey tenía que procurar que el cúmulo de energía de la humanidad fuera bien utilizado. El objetivo de la energía humana no es precisamente el de complacer propensiones animales, sino el de lograr la autorrealización. Todo el gobierno estaba organizado específicamente para cumplir con ese propósito en particular. Por ello, el rey tenía que seleccionar bien a los ministros del gabinete, y no sobre la base de un número de votos. Los ministros, los comandantes militares e incluso los soldados ordinarios, eran todos seleccionados según la aptitud personal, y el rey tenía que examinarlos debidamente antes de que se les nombrara para sus respectivos cargos. El rey vigilaba en especial que los tapasvīs, o personas que sacrificaban todo en aras de la diseminación de conocimiento espiritual, nunca estuvieran desatendidos. El rey sabía bien que la Suprema Personalidad de Dios jamás tolera que se insulte a Sus devotos puros. Dichos tapasvīs eran líderes de confianza incluso de los pícaros y de los ladrones, los cuales nunca desobedecían las órdenes de aquellos. El rey les daba protección especial a los iletrados, a los desamparados y a las viudas del Estado. Las medidas de defensa se tomaban antes de que ocurriera algún ataque de los enemigos. El sistema de recaudación de impuestos era sencillo, y no tenía por objeto el despilfarro, sino fortalecer el fondo de reserva. A los soldados se los reclutaba de todas partes del mundo, y se los entrenaba para deberes especiales.

En lo que se refiere a la salvación, se tienen que conquistar los principios de la lujuria, la ira, los deseos ilícitos, la avaricia y la confusión. Para uno liberarse de la ira, tiene que aprender a perdonar. Para estar libre de los deseos ilícitos, uno no debe hacer planes. Mediante el cultivo espiritual, se es capaz de conquistar el sueño. Los deseos y la avaricia únicamente se pueden conquistar mediante la tolerancia. Las perturbaciones ocasionadas por diversas enfermedades pueden evitarse mediante dietas reguladas. Mediante el autocontrol, uno puede liberarse de falsas esperanzas, y el dinero puede ahorrarse si se evita la asociación no recomendable. Mediante la práctica del yoga se puede controlar el hambre, y la mundanalidad puede evitase mediante el cultivo del conocimiento acerca de la transitoriedad. Con levantarse se puede conquistar el vértigo, y los falsos argumentos pueden conquistarse mediante la verdadera comprobación. La locuacidad puede evitarse mediante la gravedad y el silencio, y mediante la valentía se puede evitar el temor. El conocimiento perfecto puede adquirirse mediante el cultivo de sí mismo. Para alcanzar de hecho el sendero de la salvación, uno debe estar libre de la lujuria, la avaricia, la ira, los sueños, etc. En lo que se refiere a la clase de las mujeres, a éstas se las acepta como una fuente de inspiración para los hombres. En ese sentido, las mujeres son más poderosas que los hombres. Al poderoso Julio César lo controló una Cleopatra. A esas poderosas mujeres las controla la timidez. Por consiguiente, la timidez es importante para las mujeres. En cuanto esa válvula de control se afloja, las mujeres pueden crear estragos en la sociedad a través del adulterio. Adulterio significa aparición de hijos no deseados, conocidos como varṇa-saṅkara, que perturban el mundo.

Lo último que Bhīṣmadeva enseñó fue el proceso de complacer al Señor. Todos nosotros somos sirvientes eternos del Señor, y cuando olvidamos esta parte esencial de nuestra naturaleza, se nos pone en condiciones materiales de vida. El sencillo proceso para complacer al Señor (especialmente para las personas casadas) consiste en instalar en el hogar la Deidad del Señor. Mediante el hecho de concentrarse en la Deidad, uno puede continuar progresivamente con el trabajo rutinario de todos los días. Adorar a la Deidad en el hogar, servir al devoto, oír la exposición del Śrīmad-Bhāgavatam, residir en un lugar sagrado y cantar el santo nombre del Señor, son todas cosas poco costosas mediante las cuales uno puede complacer al Señor. De ese modo, el abuelo les explicó a sus nietos la materia en cuestión.