SB 1.9.49
vāsudevānumoditaḥ
cakāra rājyaṁ dharmeṇa
pitṛ-paitāmahaṁ vibhuḥ
Mahārāja Yudhiṣṭhira no era un simple recaudador de impuestos. Él estaba consciente de su deber como rey, que no es menor que el de un padre o el de un maestro espiritual. El rey debe velar por el bienestar de los ciudadanos, desde todos los ángulos del mejoramiento social, político, económico y espiritual. El rey debe saber que la vida humana tiene por objeto liberar al alma enjaulada del cautiveriode las condiciones materiales, y, en consecuencia, su deber es el de procurar que los ciudadanos reciban el cuidado debido, para que alcancen esa etapa máxima de la perfección.
Mahārāja Yudhiṣṭhira siguió estrictamente esos principios, tal como se verá en el capítulo siguiente. Él no sólo siguió los principios, sino que además recibió la aprobación de su anciano tío, el cual tenía experiencia en asuntos políticos, y ello lo confirmó también el Señor Kṛṣṇa, el expositor de la filosofía de la Bhagavad-gītā.
Mahārāja Yudhiṣṭhira es el monarca ideal, y la monarquía a cargo de un rey tan preparado como Mahārāja Yudhiṣṭhira es por mucho la forma más superior de gobierno, superior incluso a las modernas repúblicas o gobiernos del pueblo por el pueblo. Las masas, en especial en esta era de Kali, nacen todas como śūdras, básicamente de origen bajo, mal preparadas, desafortunadas y mal acompañadas. Ellas mismas no conocen el fin máximo y perfecto de la vida. Así pues, los votos que dan no tienen de hecho valor alguno, y por ello las personas elegidas por tales votos irresponsables no pueden ser representantes responsables como Mahārāja Yudhiṣṭhira.
Así terminan los significados de Bhaktivedanta, del Noveno Capítulo, Primer Canto, del , titulado: “La muerte de Bhīṣmadeva en presencia del Señor Kṛṣṇa”.
