SB 10.2.33

tathā na te mādhava tāvakāḥ kvacid
bhraśyanti mārgāt tvayi baddha-sauhṛdāḥ
tvayābhiguptā vicaranti nirbhayā
vināyakānīkapa-mūrdhasu prabho
Palabra por palabra: 
tathā — como ellos (los no devotos); na — no; te — ellos (los devotos); mādhava — ¡oh, Señor, esposo de la diosa de la fortuna!; tāvakāḥ — los seguidores de la senda devocional, los devotos; kvacit — en alguna circunstancia; bhraśyanti — caen; mārgāt — de la senda del servicio devocional; tvayi — a Ti; baddha-sauhṛdāḥ — por estar completamente apegados a Tus pies de loto; tvayā — por Ti; abhiguptāḥ — siempre protegidos de todo peligro; vicaranti — pasan; nirbhayāḥ — sin temor; vināyaka-anīkapa — los enemigos que mantienen diversas cosas para oponerse al culto del bhakti; mūrdhasu — sobre sus cabezas; prabho — ¡oh, Señor!.
Traducción: 
¡Oh, Mādhava, Suprema Personalidad de Dios, Señor de la diosa de la fortuna!, a veces, devotos completamente enamorados de Ti caen de la senda de la devoción, pero su caída no es como la de los no devotos, pues Tú sigues protegiéndoles. Así, libres de temor, pasan sobre las cabezas de sus adversarios y continúan progresando en el cultivo de servicio devocional.
Significado: 

Los devotos, por lo general, no caen, pero, si en alguna circunstancia llegan a caer, el Señor tiene en cuenta el intenso apego que sienten por Él y les protege, sea cual sea la condición en que se encuentren. Así, incluso si caen, los devotos son todavía lo bastante fuertes como para pasar sobre las cabezas de sus enemigos. Y de hecho hemos visto que nuestro movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa tiene muchos oponentes, tales como los «desprogramadores», que lanzaron un violento ataque por vía judicial contra los devotos. Pensábamos que pasarían años antes de que se dictase sentencia, pero, protegidos por la Suprema Personalidad de Dios, inesperadamente ganamos el caso en un solo día. Un pleito que amenazaba con prolongarse durante años, se resolvió en un solo día gracias a la protección de la Suprema Personalidad de Dios, que en la Bhagavad-gītā (9.31) promete: kaunteya pratijānīhi na me bhaktaḥ praṇaśyati: «¡Oh, hijo de Kuntī!, declara abiertamente que Mi devoto jamás perece». La historia nos muestra muchos ejemplos de devotos como Citraketu, Indradyumna y Mahārāja Bharata, que, a pesar de sus caídas circunstanciales, fueron protegidos por el Señor. Mahārāja Bharata, por ejemplo, se apegó a un ciervo y pensó en él a la hora de morir, de forma que en su siguiente vida tuvo que nacer como ciervo (yaṁ yaṁ vāpi smaran bhāvaṁ tyajaty ante kalevaram). Sin embargo, gracias a la protección de la Suprema Personalidad de Dios, el ciervo recordó su relación con el Señor y, en su siguiente vida, nació en una buena familia brahmínica y se ocupó en servicio devocional (śucīnāṁ śrīmatāṁ gehe yoga-bhraṣṭo 'bhijāyate). Del mismo modo, Citraketu, que cayó y tuvo que nacer como el demonio Vṛtrāsura, también fue protegido por el Señor. Así, quien cae de la senda del bhakti-yoga finalmente logra salvarse. La Suprema Personalidad de Dios promete protección al devoto que está firmemente establecido en el servicio devocional (kaunteya pratijānīhi na me bhaktaḥ praṇaśyati). Pero, si un devoto tiene una caída circunstancial, Mādhava le protege.

La palabra Mādhava es significativa. , madre Lakṣmī, la madre de toda forma de opulencia, siempre está con la Suprema Personalidad de Dios, y, cuando un devoto está en contacto con la Suprema Personalidad de Dios, todas las opulencias del Señor están dispuestas a ayudarle.

yatra yogeśvaraḥ kṛṣṇo
yatra pārtho dhanur-dharaḥ
tatra śrīr vijayo bhūtir
dhruvā nītir matir mama

. 18.78)

Allí donde estén Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, y Su devoto Arjuna, Pārtha, se encuentran también la victoria, la opulencia, el poder extraordinario y la moralidad. Las opulencias del devoto no son resultado de karma-kāṇḍa-vicāra. El devoto siempre está protegido por todas las opulencias del Señor Supremo, de las que nadie puede despojarle (teṣāṁ nityābhiyuktānāṁ yoga-kṣemaṁ vahāmy aham). El devoto no puede ser derrotado por ningún adversario. Por consiguiente, el devoto nunca debe desviarse conscientemente de la senda de la devoción. El devoto que sigue estrictamente tiene así asegurada plena protección por parte de la Suprema Personalidad de Dios.