SB 2.1.24

viśeṣas tasya deho 'yaṁ
sthaviṣṭhaś ca sthavīyasām
yatredaṁ vyajyate viśvaṁ
bhūtaṁ bhavyaṁ bhavac ca sat
Palabra por palabra: 
viśeṣaḥ — personal; tasya — Su; dehaḥ — cuerpo; ayam — este; sthaviṣṭhaḥ — sumamente material; ca — y; sthavīyasām — de toda la materia; yatra — en donde; idam — todos estos fenómenos; vyajyate — se experimenta; viśvam — universo; bhūtam — pasado; bhavyam — futuro; bhavat — presente; ca — y; sat — resultantes.
Traducción: 
Toda esta gigantesca manifestación del mundo material fenoménico es el cuerpo personal de la Verdad Absoluta, en donde el tiempo material se experimenta en la forma del pasado, el presente y el futuro universal resultante.
Significado: 

Cualquier cosa, ya sea material o espiritual, no es más que una expansión de la energía de la Suprema Personalidad de Dios, y, como se afirma en la Bhagavad-gītā (13.13), el omnipotente Señor tiene Sus trascendentales ojos, cabezas y otras partes del cuerpo, distribuidas por todas partes. Él puede ver, oír, tocar o manifestarse en cualquier parte, ya que Él está presente en todas partes como la Superalma de todas las almas infinitesimales, aunque Él tiene Su morada específica en el mundo absoluto. El mundo relativo también es una representación de Él en la forma de fenómenos, porque no es más que una expansión de Su energía trascendental. Aunque Él está en Su morada, Su energía se distribuye por todas partes, de la misma manera que el Sol se encuentra tanto localizado como expandido por todas partes, ya que los rayos del Sol, no siendo diferentes del Sol, se consideran expansiones del disco solar. En el Viṣṇu Purāṇa (1.22.52) se dice que así como el fuego difunde desde un lugar sus rayos y su calor, así mismo el Espíritu Supremo, la Personalidad de Dios, se expande por todas parte mediante Sus múltiples . La manifestación fenoménica del gigantesco universo es sólo una parte de Su cuerpo virāṭ. Los hombres poco inteligentes no pueden concebir la trascendental forma totalmente espiritual del Señor, pero los asombran Sus diferentes energías, tal como a los aborígenes los llena de asombro la manifestación del relámpago, una gigantesca montaña o un árbol baniano inmensamente expandido. Los aborígenes elogian la fuerza del tigre y del elefante por la superioridad de su energía y poder. Los asuras no pueden reconocer la existencia del Señor, aunque en las Escrituras reveladas hay vívidas descripciones de Él, aunque Él se encarna y exhibe Su fuerza y energía inusitadas, y aunque a Él lo aceptan como la Suprema Personalidad de Dios santos y eruditos entendidos, tales como Vyāsadeva, Nārada, Asita y Devala en el pasado, y Arjuna en la Bhagavad-gītā, así como también ācāryas tales como Śaṇkara, Rāmānuja, Madhva y el Señor Caitanya en la era moderna. Los asuras no aceptan ninguna prueba que las Escrituras reveladas presentan como evidencia, ni tampoco reconocen la autoridad de los grandes ācāryas. Ellos quieren de inmediato verlo todo con sus ojos. Por consiguiente, pueden ver el gigantesco cuerpo del Señor como virāṭ, el cual responderá a su desafío, y como están acostumbrados a rendirle homenaje al poder material superior, tal como el tigre, el elefante y el relámpago, pueden ofrecerle respetos al virāṭ-rūpa. El Señor Kṛṣṇa, a pedido de Arjuna, exhibió Su virāṭ-rūpa para los asuras. Como el devoto puro del Señor no está acostumbrado a ver esa gigantesca forma mundana del Señor, requiere de una visión especial para ello. Por lo tanto, el Señor favoreció a Arjuna con la visión especial necesaria para ver Su virāṭ-rūpa que se describe en el Undécimo Capítulo de la Bhagavad-gītā. Ese virāṭ-rūpa del Señor se manifestó especialmente, no para beneficio de Arjuna, sino para esa clase de hombres poco inteligentes que aceptan a absolutamente cualquiera como una encarnación del Señor, desencaminando así a la generalidad de la gente. Para ello se da la indicación de que uno tiene que pedirle a la encarnación de pacotilla que exhiba su virāṭ-rūpa, para que así se le pueda reconocer como una encarnación. La manifestación virāṭ-rūpa del Señor es simultáneamente un desafío al ateo y un favor para los asuras, los cuales pueden pensar en el Señor como virāṭ y de ese modo limpiar gradualmente sus corazones de las suciedades que hay en ellos, con el fin de volverse aptos para ver de hecho la trascendental forma del Señor en un futuro cercano. Éste es un favor que el supremamente misericordioso Señor les hace a los ateos y a los muy materialistas.