SB 2.7.16
cakrāyudhaḥ patagarāja-bhujādhirūḍhaḥ
cakreṇa nakra-vadanaṁ vinipāṭya tasmād
dhaste pragṛhya bhagavān kṛpayojjahāra
El Señor reside en Su planeta Vaikuṇṭha. Nadie puede calcular cuán lejos se encuentra ese planeta. Se dice, sin embargo, que a todo aquel que trate de llegar a ese planeta mediante naves aéreas o mediante leyes mentales, viajando por millones de años, aún le resultará desconocido. Los científicos modernos han inventado naves aéreas de naturaleza material, y los yogīs hacen el intento material aún más sutil de viajar con naves mentales. Los yogīs pueden llegar muy rápidamente a cualquier sitio mediante la ayuda de naves mentales. Pero ni la nave aérea ni la nave mental tiene acceso al Reino de Dios que se encuentra en Vaikuṇṭhaloka, muchísimo más allá del cielo material. Siendo ésa la situación, ¿cómo pudieron las oraciones del elefante ser escuchadas desde un sitio tan ilimitadamente distante?, y, ¿cómo pudo el Señor aparecer de inmediato en el sitio? Esas cosas no pueden ser calculadas por la imaginación humana. Todo esto resultó posible gracias al ilimitado poder del Señor y, por lo tanto, el Señor se dice aquí que es aprameya, pues ni siquiera el mejor cerebro humano puede medir Sus poderes y potencias mediante cálculos matemáticos. El Señor puede oír desde un sitio así de distante. Él puede comer desde ahí, y Él puede aparecer simultáneamente en todos los lugares en un dos por tres. Así es la omnipotencia del Señor.
