SB 3.31.13
bhūtendriyāśayamayīm avalambya māyām
āste viśuddham avikāram akhaṇḍa-bodham
ātapyamāna-hṛdaye 'vasitaṁ namāmi
Como se afirmó en el verso anterior, el alma jīva dice: «Yo me refugio en el Señor Supremo». Por lo tanto, el alma jīva es, por constitución, el servidor subordinado del Alma Suprema, la Personalidad de Dios. Como se confirma en los Upaniṣads, tanto el Alma Suprema como el alma jīva están en el mismo cuerpo. Son amigas, pero una está sufriendo, y la otra está aparte del sufrimiento.
En este verso se dice viśuddham avikāram akhaṇḍa-bodham: La Superalma siempre está aparte de toda contaminación. La entidad viviente está contaminada y sufre porque tiene un cuerpo material, pero eso no significa que el Señor, por estar con ella, también tenga un cuerpo material. Él es avikāram, inmutable. Él es siempre el mismo Supremo, pero desgraciadamente, los filósofos māyāvādīs, debido a sus corazones impuros, no pueden entender que el Alma Suprema, la Superalma, es distinta del alma individual. Aquí se dice: ātapyamāna-hṛdaye 'vasitam: Él está en el corazón de todas las entidades vivientes, pero sólo un alma arrepentida Le puede percibir. El alma individual se arrepiente de haber olvidado su posición constitucional, de haber querido ser una con el Alma Suprema y haber hecho todo lo posible por enseñorearse de la naturaleza material. Sus esfuerzos han sido en vano, y por ello, se siente arrepentido. En ese momento comprende a la Superalma, es decir, la relación entre la Superalma y el alma individual. Como se confirma en la Bhagavad-gītā, después de muchísimas vidas, el alma condicionada recibe el conocimiento de que Vāsudeva es grande, de que Él es el amo y de que Él es el Señor. El alma individual es el sirviente, y por lo tanto, se entrega a Él. En ese momento se convierte en mahātmā, una gran alma. En consecuencia, cuando una entidad viviente afortunada obtiene esa comprensión, incluso si se halla en el vientre de su madre, tiene la liberación asegurada.
