SB 3.31.39
yogasya pāraṁ param ārurukṣuḥ
mat-sevayā pratilabdhātma-lābho
vadanti yā niraya-dvāram asya
La culminación del yoga está en ser plenamente consciente de Kṛṣṇa. Así se afirma en la Bhagavad-gītā: La persona que está pensando siempre en Kṛṣṇa con devoción es el yogī más elevado. Y, en el Capítulo Segundo del Primer Canto del Śrīmad-Bhāgavatam, se afirma también que cuando, por haber ofrecido servicio a la Suprema Personalidad de Dios, nos liberamos de la contaminación material, en ese momento podemos entender la ciencia de Dios.
Aquí aparece la palabra pratilabdhātma-lābhaḥ. Ātmā significa «ser», y lābha significa «ganar». Por lo general, las almas condicionadas han perdido su ātmā, su ser, pero los trascendentalistas han comprendido el ser. Se indica que esas almas autorrealizadas que aspiran al nivel supremo de perfección yóguica no deben relacionarse con mujeres jóvenes. Sin embargo, en los tiempos actuales hay muchos sinverg&ūenzas que aconsejan que, como tenemos genitales, debemos disfrutar de las mujeres todo lo que queramos, y que ello no impide que, al mismo tiempo, nos convirtamos en yogīs. No existe ningún sistema de yoga genuino que acepte la relación con mujeres. Aquí se afirma claramente que la relación con mujeres es la puerta que conduce a la vida infernal. La civilización védica pone muchas restricciones a la relación con mujeres. Tres de las cuatro divisiones sociales - los brahmacārīs, los vānaprasthas y los sannyāsīs - tienen estrictamente prohibida la relación con mujeres; sólo los gṛhasthas, los casados, están autorizados para tener relación íntima con una mujer, y esa relación se reduce a la necesaria para engendrar buenos hijos. Sin embargo, si queremos continuar nuestra existencia en el mundo material, podemos permitirnos la compañía femenina sin restricción alguna.
