SB 4.25.36

diṣṭyāgato 'si bhadraṁ te
grāmyān kāmān abhīpsase
udvahiṣyāmi tāṁs te 'haṁ
sva-bandhubhir arindama
Palabra por palabra: 
diṣṭyā — por fortuna para mí; āgataḥ asi — tú has venido aquí; bhadram — todo lo auspicioso; te — a ti; grāmyān — sensual; kāmān — objetos de disfrute deseados; abhīpsase — tú deseas disfrutar; udvahiṣyāmi — yo te daré; tān — todos ellos; te — a ti; aham — yo; sva-bandhubhiḥ — con todos mis amigos; arim-dama — ¡oh, aniquilador del enemigo!.
Traducción: 
¡Oh, aniquilador del enemigo!, de una forma u otra, has venido, lo cual es ciertamente una gran fortuna para mí. Te deseo lo mejor. Tienes grandes deseos de satisfacer tus sentidos; yo y todos mis amigos haremos todo lo que esté en nuestras manos por satisfacer tus deseos.
Significado: 

La entidad viviente desciende al mundo material para complacer los sentidos, y su inteligencia, representada aquí por la mujer, le marca las directrices adecuadas para que pueda proporcionar a sus sentidos la mayor satisfacción. La realidad, sin embargo, es que la inteligencia viene de la Superalma, la Suprema Personalidad de Dios, quien da a la entidad viviente que ha descendido al mundo material todo lo que necesita. Como se afirma en la Bhagavad-gītā (2.41):

vyavasāyātmikā buddhir
ekeha kuru-nandana
bahu-śākhā hy anantāś ca
buddhayo 'vyavasāyinām

«Aquellos que están en el sendero espiritual son muy resueltos, y su objetivo es sólo uno. ¡Oh, amado hijo de los Kurus!, la inteligencia de los irresolutos tiene infinidad de ramificaciones».

Cuando un devoto está avanzando hacia la iluminación espiritual, su único objetivo es el servicio a la Suprema Personalidad de Dios. No le atrae ninguna otra actividad, ni material ni espiritual. El rey Purañjana representa a la entidad viviente común, y la mujer representa la inteligencia de esa entidad viviente. La entidad viviente disfruta de sus sentidos materiales, y la inteligencia colabora con ella aportando todo lo necesario para ese disfrute. Tan pronto como entra en la forma humana, la entidad viviente queda atrapada en una tradición familiar, una nacionalidad, unas costumbres, etc., dispuestas para ella por la māyā de la Suprema Personalidad de Dios. De esta manera, bajo la influencia del concepto corporal de la vida, la entidad viviente saca el máximo partido de su inteligencia para satisfacer los sentidos.