SB 4.26.21

purañjana uvāca
nūnaṁ tv akṛta-puṇyās te
bhṛtyā yeṣv īśvarāḥ śubhe
kṛtāgaḥsv ātmasāt kṛtvā
śikṣā-daṇḍaṁ na yuñjate
Palabra por palabra: 
purañjanaḥ uvāca — Purañjana dijo; nūnam — sin duda; tu — entonces; akṛta- puṇyāḥ — los que no son piadosos; te — esos; bhṛtyāḥ — sirvientes; yeṣu — a quien; īśvarāḥ — los amos; śubhe — ¡oh, auspiciosa mujer!; kṛta-āgaḥsu — haber cometido una ofensa; ātmasāt — aceptar como suyo propio; kṛtvā — haciendo eso; śikṣā — instructivo; daṇḍam — castigo; na yuñjate — no da.
Traducción: 
El rey Purañjana dijo: Mi querida y hermosa esposa, si un amo acepta a un hombre como sirviente, pero no le castiga por sus ofensas, el sirviente debe considerarse muy desgraciado.
Significado: 

Según la civilización védica, a los animales domésticos y a los sirvientes se les da exactamente el mismo trato que a los hijos. A los animales y a los niños a veces se les castiga, no por venganza, sino por amor. De manera similar, a veces hay que castigar a un sirviente, no por venganza, sino por amor, para corregirle y enseñarle la manera correcta de actuar. Así pues, para el rey Purañjana el castigo que le imponía su esposa, la reina, era una forma de misericordia hacia él. Se consideraba a sí mismo el más obediente siervo de la reina. Ella se había enfadado con él por sus actividades pecaminosas, es decir, porque había ido a cazar al bosque y la había dejado sola en casa. El rey Purañjana consideró que aquel castigo era una verdadera muestra del amor y del cariño de su esposa. De la misma manera, nadie debe perturbarse por recibir el castigo de las leyes de la naturaleza, que son la voluntad de Dios. Ésa es la mentalidad del verdadero devoto. Cuando se encuentra en una situación difícil, el devoto la acepta como misericordia del Señor Supremo.

tat te 'nukampāṁ susamīkṣamāṇo
bhuñjāna evātma-kṛtaṁ vipākam
hṛd-vāg-vapurbhir vidadhan namas te
jīveta yo mukti-pade sa dāya-bhāk

(Bhāg. 10.14.8)

Este verso afirma que el devoto acepta los reveses de la vida como bendiciones del Señor, y en consecuencia, ofrece más reverencias y oraciones al Señor, pensando que ese castigo se debe a sus fechorías pasadas y que el Señor le está castigando con gran suavidad. Cuando Dios o el estado nos imponen un castigo por nuestras propias faltas, ese castigo en realidad es para nuestro beneficio. En la Manu-saṁhitā se dice que se debe considerar misericordioso al rey que condena a muerte a un asesino, pues si se le castiga en esta vida, el asesino se libera de su actividad pecaminosa y en su siguiente vida nace limpio de pecado. Quien acepta el castigo como una bendición de quien lo impone, adquiere la inteligencia suficiente como para no caer de nuevo en el mismo error.