SB 4.8

SB 4.8.1 El gran sabio Maitreya dijo: De entre los hijos de Brahmā, Nārada, Ṛbhu, Haṁsa, Aruṇi, Yati y los cuatro grandes sabios Kumāra, encabezados por Sanaka, no vivieron en el hogar, sino que fueron ūrdhva-retā o naiṣṭhika-brahmacārīs, guardando la pureza del celibato.
SB 4.8.2 Otro hijo de Brahmā fue la Irreligión, que se casó con la Falsedad. De su unión nacieron dos demonios: Dambha, el Embuste, y Māyā, el Engaño. Fueron adoptados por el demonio Nirṛti, que no tenía hijos.
SB 4.8.3 Maitreya dijo a Vidura: ¡Oh, gran alma!, de Dambha y Māyā nacieron la Codicia y Nikṛti, la Astucia, que se unieron y tuvieron dos hijos, Krodha [la Ira], y Hiṁsā [la Envidia]. Éstos, a su vez, tuvieron a Kali y a su hermana Durukti [las Palabras Ýsperas].
SB 4.8.4 ¡Oh tú, el más grande entre los buenos! Kali y las Palabras Ýsperas se unieron y tuvieron a Mṛtyu [la Muerte] y a Bhīti [el Temor]. Los hijos de Mṛtyu y Bhīti fueron Yātanā [el Dolor Excesivo] y Niraya [el Infierno].
SB 4.8.5 Mi querido Vidura, te he explicado brevemente las causas de la devastación. Quien escucha tres veces esta explicación, se vuelve piadoso y purifica su alma de la contaminación pecaminosa.
SB 4.8.6 Maitreya continuó: ¡Oh, tú, el mejor de la dinastía Kuru!, ahora te hablaré de los descendientes de Svāyambhuva Manu, que nació de una parte de una expansión plenaria de la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.7 Svāyambhuva Manu y su esposa, Śatarūpā, tuvieron dos hijos, cuyos nombres fueron Uttānapāda y Priyavrata. Como eran descendientes de una expansión plenaria de Vāsudeva, la Suprema Personalidad de Dios, estaban bien capacitados para gobernar el universo y mantener y proteger a sus habitantes.
SB 4.8.8 El rey Uttānapāda tenía dos reinas, Sunīti y Suruci. El rey quería mucho más a Suruci; Sunīti, que tenía un hijo llamado Dhruva, no era su favorita.
SB 4.8.9 Un día, el rey Uttānapāda acariciaba a Uttama, el hijo de Suruci, que estaba sentado en su regazo. Dhruva Mahārāja también trataba de subirse al regazo del rey, pero éste no le acogió con demasiado agrado.
SB 4.8.10 Mientras el niño, Dhruva Mahārāja, trataba de subirse al regazo de su padre, su madrastra, Suruci, sintió mucha envidia de él y comenzó a hablar con gran orgullo, de manera que también el rey pudiera oírla.
SB 4.8.11 La reina Suruci dijo a Dhruva Mahārāja: Mi querido niño, tú no mereces sentarte en el trono, ni en el regazo del rey. Es cierto que también eres hijo del rey, pero como no has nacido de mi vientre, no tienes derecho a sentarte en el regazo de tu padre.
SB 4.8.12 Mi querido niño, tú no sabes que no has nacido de mi vientre, sino de otra mujer. Por eso debes saber que lo que intentas está condenado al fracaso. Estás tratando de satisfacer un deseo imposible.
SB 4.8.13 Si de verdad deseas subir al trono del rey, tendrás que hacer grandes austeridades. Primero tendrás que satisfacer a Nārāyaṇa, la Suprema Personalidad de Dios; después, cuando Él te haya favorecido debido a esa adoración, tendrás que nacer de nuevo, pero, esa vez, en mi vientre.
SB 4.8.14 El sabio Maitreya continuó: Mi querido Vidura, como una serpiente azuzada con un palo, Dhruva Mahārāja, golpeado por las duras palabras de su madrastra, comenzó a resollar de ira. Cuando vio que su padre guardaba silencio y no protestaba, salió inmediatamente del palacio y fue a ver a su madre.
SB 4.8.15 Dhruva Mahārāja llegó junto a su madre llorando, muy afligido y con los labios temblándole de ira. Nada más verle, la reina Sunīti lo tomó en brazos y lo sentó en su regazo, mientras los residentes del palacio que habían escuchado las crueles palabras de Suruci le contaron en detalle lo sucedido. Esto sumió también a Sunīti en un profundo dolor.
VERSO 16
El incidente era más de lo que Sunīti podía soportar. Ardiendo de dolor, parecía una hoja quemada, lamentándose en medio de un incendio forestal. El recuerdo de las palabras de su coesposa llenó de lágrimas su brillante rostro de loto. En ese estado, comenzó a hablar.
SB 4.8.17 Su respiración también se hizo muy pesada, y en realidad no sabía cómo solucionar aquella dolorosa situación. No encontrando ningún remedio, dijo a su hijo: Querido hijo mío, nunca desees nada malo a los demás. Todo el que causa dolor a otros, tiene que sufrirlo también en su persona.
SB 4.8.18 Sunīti dijo: Mi querido niño, todo lo que Suruci ha dicho es cierto, pues el rey, tu padre, no me considera esposa suya; para él soy menos que una sirvienta; se avergüenza de aceptarme. Por eso, es cierto que has nacido del vientre de una mujer desgraciada, y has crecido alimentándote de su pecho.
SB 4.8.19 Mi querido niño, aunque sus palabras hayan sido muy crueles, Suruci, tu madrastra, no ha dicho nada que no sea cierto. Por lo tanto, si de verdad deseas sentarte en el mismo trono que Uttama, tu hermanastro, tienes que abandonar tu actitud envidiosa, y poner en práctica enseguida las instrucciones que ella te ha dado. Sin perder más tiempo, debes ocuparte en adorar los pies de loto de la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.20 Sunīti continuó: La Suprema Personalidad de Dios es tan grande que, por el simple hecho de adorar Sus pies de loto, tu bisabuelo, el Señor Brahmā, adquirió las cualificaciones necesarias para crear este universo. Aunque es innaciente y es la principal de las criaturas vivientes, Brahmā debe su exaltada posición a la misericordia de la Suprema Personalidad de Dios, a quien adoran incluso los grandes yogīs mediante el control de la mente y la regulación del aire vital [prāṇa].
SB 4.8.21 Sunīti informó a su hijo: Tu abuelo, Svāyambhuva Manu, celebró grandes sacrificios en los que repartió caridad, y de ese modo adoró y satisfizo a la Suprema Personalidad de Dios con fe y devoción inquebrantables. Actuando así, obtuvo el mayor de los éxitos en cuanto a felicidad material y en su momento logró la liberación, que no se puede obtener adorando a los semidioses.
SB 4.8.22 Mi querido niño, tú también debes refugiarte en la Suprema Personalidad de Dios, que es muy bondadoso con Sus devotos. Las personas que buscan liberarse del ciclo de nacimientos y muertes, siempre se refugian en los pies de loto del Señor por medio del servicio devocional. Purificándote con la ejecución del deber que te corresponde, tienes que situar a la Suprema Personalidad de Dios en tu corazón y ocuparte siempre en Su servicio, sin desviarte ni por un momento.
SB 4.8.23 Mi querido Dhruva, en lo que a mí respecta, no sé de nadie que pueda aliviar tu aflicción, a no ser la Suprema Personalidad de Dios, cuyos ojos son como pétalos de loto. El Señor Brahmā y los numerosos semidioses siempre están buscando el placer de la diosa de la fortuna, pero ella, con una flor de loto en la mano, siempre está dispuesta a ofrecer su servicio al Señor Supremo.
SB 4.8.24 El gran sabio Maitreya continuó: En verdad, la instrucción de Sunīti, la madre de Dhruva Mahārāja, estaba destinada a satisfacer el deseo del niño. Éste, después de considerarla cuidadosamente, y con inteligencia y determinación resuelta, se fue de la casa paterna.
SB 4.8.25 Estas noticias llegaron a oídos del gran sabio Nārada, quien, entendiendo las actividades de Dhruva Mahārāja, estaba atónito. Dirigiéndose a Dhruva, le tocó la cabeza con la mano, que es supremamente virtuosa, y le habló con las siguientes palabras.
SB 4.8.26 ¡Qué maravillosos son los poderosos kṣatriyas! No pueden tolerar ni la más leve ofensa contra su prestigio. ¡Hay que ver! Este niño no es más que un muchachito, pero las crueles palabras de su madre le han resultado insoportables.
SB 4.8.27 El gran sabio Nārada dijo a Dhruva: Mi querido muchacho, no eres más que un niño que está apegado a los juegos y otras frivolidades. ¿A qué viene que te afectes tanto por unas palabras contra tu honor?
SB 4.8.28 Mi querido Dhruva, aunque te sientas insultado en tu honor, no tienes motivo para estar contrariado. Esa clase de insatisfacción es otro aspecto de la energía ilusoria; todas las entidades vivientes están controladas por sus acciones anteriores, y por esa razón, hay diversidad de formas de vida para disfrutar o sufrir.
SB 4.8.29 El proceso de la Suprema Personalidad de Dios es muy maravilloso. La persona inteligente debe aceptar ese proceso y sentirse satisfecha con las cosas favorables y desfavorables que Su voluntad suprema le depare.
SB 4.8.30 Ahora has decidido seguir la instrucción de tu madre y emprender el proceso místico de meditación para lograr la misericordia del Señor, pero, en mi opinión, esas austeridades no son para hombres corrientes. Satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios es muy difícil.
SB 4.8.31 Nārada Muni continuó: Después de muchísimas vidas de esforzarse en ese proceso, manteniéndose libres del apego a la contaminación material, absortos en un trance ininterrumpido y ejecutando toda clase de austeridades, muchos yogīs místicos fueron incapaces de encontrar el final del sendero que lleva a la percepción directa de Dios.
SB 4.8.32 Por esa razón, querido niño, mejor es que olvides ese empeño; no vas a tener éxito. Es mejor que te vayas a casa. Cuando crezcas, y por la misericordia del Señor, ya tendrás oportunidad de ocuparte en esas prácticas místicas. Entonces sí que podrás hacerlo.
SB 4.8.33 En cualquier circunstancia que nos depare la voluntad suprema, sea feliz o desgraciada, siempre debemos tratar de sentirnos satisfechos. Quien muestre esa clase de tolerancia, podrá atravesar la oscuridad de la nesciencia con gran facilidad.
SB 4.8.34 Todo hombre debe actuar de la siguiente manera: Ante una persona más cualificada que él, debe sentirse muy complacido; con alguien menos cualificado, debe ser compasivo; y, con alguien igual a él, debe hacer amistad. De este modo, las tres miserias del mundo material nunca le afectarán.
SB 4.8.35 Dhruva Mahārāja dijo: Mi querido Señor Nāradajī, has tenido la bondad de explicarme cómo alcanzar la paz de la mente, y ciertamente es una instrucción muy buena para aquellos cuyo corazón está perturbado por las condiciones materiales de felicidad y aflicción. Pero en lo que a mí respecta, estoy cubierto por la ignorancia, y esa clase de filosofía no me llega al corazón.
SB 4.8.36 Mi querido señor, soy muy insolente al no seguir tus instrucciones, pero no es culpa mía. Se debe a que nací en una familia kṣatriya. Mi madrastra, Suruci, me ha traspasado el corazón con sus crueles palabras. Ésa es la razón de que tu valiosa enseñanza no llegue a mi corazón.
SB 4.8.37 ¡Oh, brāhmaṇa erudito!, quiero ocupar una posición más gloriosa que cualquier otra jamás alcanzada por nadie en los tres mundos, incluyendo a mi padre y abuelo. Yo te rogaría que, por favor, me aconsejases un sendero honesto que yo pudiera seguir para alcanzar el objetivo de mi vida.
SB 4.8.38 Mi querido Señor, tú eres un digno hijo del Señor Brahmā. Como el Sol, que gira en el universo para beneficio de todos los seres vivos, tú viajas haciendo sonar la vīṇā, tu instrumento musical, para bien del universo entero.
SB 4.8.39 El sabio Maitreya continuó: Nārada Muni, la gran personalidad, después de haber escuchado las palabras de Dhruva Mahārāja, sintió gran compasión por él, y para mostrarle su misericordia sin causa, le dio el siguiente consejo, fruto de la experiencia.
SB 4.8.40 El gran sabio Nārada dijo a Dhruva Mahārāja: La instrucción de seguir el sendero del servicio devocional a la Suprema Personalidad de Dios que recibiste de tu madre, Sunīti, es la adecuada para ti. Así pues, debes absorberte por completo en el servicio devocional del Señor.
SB 4.8.41 Toda persona que desee los frutos de los cuatro principios que van de la religiosidad al crecimiento económico, la complacencia de los sentidos y, por último, la liberación, debe ocuparse en el servicio devocional de la Suprema Personalidad de Dios, pues la adoración de Sus pies de loto trae consigo el cumplimiento de esos cuatro principios.
SB 4.8.42 Mi querido niño, te deseo toda buena fortuna. Debes ir a la orilla del Yamunā, donde se encuentra el virtuoso bosque de Madhuvana, y allí, purificarte. Bastará con que vayas a ese lugar para que estés más cerca de la Suprema Personalidad de Dios, que siempre vive en él.
SB 4.8.43 Nārada Muni instruyó a Dhruva: Mi querido niño, debes bañarte tres veces al día en el río Yamunā, que también recibe el nombre de Kālindī, pues sus aguas son muy auspiciosas, sagradas y claras. Después de bañarte, debes ejecutar los principios regulativos necesarios para el aṣṭāṅga-yoga y sentarte en tu āsana [lugar de asiento] en una posición en que puedas mantenerte pacífico y sereno.
SB 4.8.44 Una vez estés sentado, practica los tres tipos de ejercicios respiratorios, y poco a poco pon el aire vital, la mente y los sentidos bajo control. Libérate por completo de la contaminación material, y con gran paciencia, medita en la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.45 [Aquí se describe la forma del Señor.] La cara del Señor es muy hermosa, y su actitud, eternamente agradable. Para los devotos que Le ven, Su aspecto nunca manifiesta disgusto, y siempre está dispuesto a concederles bendiciones. Sus ojos, Sus cejas cuidadosamente embellecidas, Su nariz respingona y Su frente amplia son todos muy hermosos. Es más hermoso que todos los semidioses.
SB 4.8.46 Nārada Muni continuó: La forma del Señor es siempre joven. Todos los miembros y todas las partes de Su cuerpo tienen una forma perfecta, sin el menor defecto. Sus ojos y Sus labios son rosados como el Sol naciente. Él siempre está dispuesto a brindar refugio al alma entregada; todo el que tiene la gran fortuna de mirarle, siente plena satisfacción. El Señor siempre es digno de ser el amo de las almas entregadas, pues es el océano de misericordia.
SB 4.8.47 Además, el Señor lleva la marca de Śrīvatsa, que es el lugar de asiento de la diosa de la fortuna, y el color de Su cuerpo es azul oscuro. El Señor es una persona, lleva un collar de flores, y Se manifiesta eternamente con cuatro brazos, que sostienen [comenzando por la mano inferior izquierda] una caracola, un disco, una maza y una flor de loto.
SB 4.8.48 Todo el cuerpo de la Suprema Personalidad de Dios, Vāsudeva, está lleno de adornos. Lleva un valioso yelmo enjoyado, collares y brazaletes; el adorno de Su cuello es la joya Kaustubha, y Sus ropas son de seda amarilla.
SB 4.8.49 El Señor lleva campanitas de oro alrededor de la cintura, y campanitas tobilleras, también de oro, en Sus pies de loto. Todos los rasgos de Su cuerpo son muy atractivos y agradables a la vista. Él siempre es pacífico, sereno y tranquilo, y es muy agradable para los ojos y para la mente.
SB 4.8.50 Los auténticos yogīs meditan en la forma trascendental del Señor que está de pie en el verticilo del loto de sus corazones. Las uñas de Sus pies de loto son como gemas resplandecientes.
SB 4.8.51 El Señor siempre está sonriente, y el devoto debe verle constantemente en esa forma, que mira al devoto con gran misericordia. De esa manera, el meditador debe contemplar a la Suprema Personalidad de Dios, el que concede toda bendición.
SB 4.8.52 Quien medita de esta manera, concentrando la mente en la forma siempre auspiciosa del Señor, muy pronto se libera de toda contaminación material, y nunca tiene que descender del plano de meditación en el Señor.
SB 4.8.53 ¡Oh, hijo del rey!, ahora te diré el mantra que hay que cantar en el curso de esta meditación. Quien canta ese mantra con atención durante siete noches, puede ver a los seres humanos perfectos que vuelan por el cielo.
SB 4.8.54 Oṁ namo bhagavate vāsudevāya. Éste es el mantra de doce sílabas para adorar al Señor Kṛṣṇa. Se trata de instalar las formas físicas del Señor, y cantando este mantra, ofrecer flores, frutas y otras variedades de alimentos siguiendo al pie de la letra las reglas y regulaciones establecidas por las autoridades. Pero esto debe hacerse teniendo en cuenta el lugar, el momento, y las circunstancias favorables y desfavorables que puedan influir.
SB 4.8.55 Hay que adorar al Señor ofreciéndole agua pura y collares de flores puras; en el bosque podrás encontrar frutas, flores y verduras para ofrecerle; también podrás recoger hierbas recién brotadas, capullitos de flores e incluso cortezas de árbol. Si te fuera posible, deberías ofrecer hojas de tulasī, que Le son muy queridas a la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.56 Con elementos físicos como tierra, agua, pasta, madera o metal, es posible hacer una imagen del Señor para adorarla. En el bosque podrás hacer una sencilla imagen con tierra y agua y adorarla siguiendo los principios que antes te he explicado. El devoto que tiene pleno dominio de sí mismo debe ser muy sobrio y pacífico, y para comer debe sentirse satisfecho con las frutas y verduras que encuentre en el bosque.
SB 4.8.57 Mi querido Dhruva, además de adorar a la Deidad y cantar el mantra tres veces al día, debes meditar en las trascendentales actividades de las diversas encarnaciones de la Suprema Personalidad de Dios, que por Su voluntad suprema Se manifiestan mediante Sus potencias personales.
SB 4.8.58 Con respecto a la adoración del Señor Supremo con los artículos prescritos, se deben seguir las huellas de los devotos que nos han precedido. Si esto no es posible, se debe adorar en el corazón, recitando el mantra a la Personalidad de Dios, que no es diferente del mantra.
SB 4.8.59-60 Todo el que siga este proceso, ocupándose en el servicio devocional del Señor con la mente, el cuerpo y las palabras, demostrando seriedad y sinceridad, y estando fijo en las actividades de los métodos devocionales prescritos, recibirá la bendición del Señor conforme a sus deseos. El devoto que desee religiosidad material, crecimiento económico, complacencia de los sentidos y liberación del mundo material, obtendrá esos resultados.
SB 4.8.61 Una persona que sinceramente desee liberarse, debe ceñirse estrictamente al proceso del servicio amoroso trascendental, permaneciendo absorta todo el día en el nivel de éxtasis más elevado; por supuesto, debe mantenerse apartada de toda actividad de complacencia de los sentidos.
SB 4.8.62 Dhruva Mahārāja, el hijo del rey, después de recibir estos consejos del gran sabio Nārada, su maestro espiritual, caminó dando vueltas alrededor de él, y le ofreció reverencias con sumo respeto. A continuación partió hacia Madhuvana, donde siempre se pueden ver las impresiones de las pisadas del Señor Kṛṣṇa y que, por esa razón, es especialmente auspicioso.
SB 4.8.63 Una vez que Dhruva se adentró en el bosque de Madhuvana para ejecutar servicio devocional, el gran sabio Nārada juzgó prudente visitar al rey para ver cómo discurría su vida en palacio. Cuando Nārada Muni se presentó allí, el rey le brindó la recepción adecuada, ofreciéndole sus reverencias. Después de recibir un cómodo asiento, Nārada comenzó a hablar.
SB 4.8.64 El gran sabio Nārada preguntó: Mi querido rey, tu rostro tiene un aspecto marchito, y pareces haber estado pensando en algo durante mucho tiempo. ¿Qué ocurre? ¿Has tenido dificultades en tu sendero de ritos religiosos, crecimiento económico y complacencia de los sentidos?
SB 4.8.65 El rey contestó: ¡Oh, tú, el mejor de los brāhmaṇas!, yo estoy muy apegado a mi esposa, y he caído tan bajo que no hay en mí el menor rastro de misericordia, ni siquiera para mi hijo, que sólo tiene cinco años. A él y a su madre les he enviado al destierro a pesar de que es una gran alma y un gran devoto.
SB 4.8.66 Mi querido brāhmaṇa, la cara de mi hijo era como una flor de loto. ¿En qué difícil situación se encontrará? Está desamparado, y tal vez esté muy hambriento. Puede que se haya echado a descansar en algún lugar del bosque y los lobos le hayan atacado para comérselo.
SB 4.8.67 ¡Ay! ¡Mira qué dominado estaba por mi esposa! ¡Imagina mi crueldad! Por amor y afecto, el niño quería subirse a mi regazo, pero no le acogí; ni por un momento hice ademán de acariciarle. Imagina la dureza de mi corazón.
SB 4.8.68 El gran sabio Nārada respondió: Mi querido rey, por favor, no te aflijas por tu hijo. La Suprema Personalidad de Dios le protege debidamente. En realidad, aunque no hayan llegado todavía a tus oídos, su fama y su influencia se extienden ya por todo el mundo.
SB 4.8.69 Mi querido rey, tu hijo es muy competente. Las actividades que va a realizar les serían imposibles incluso a grandes reyes y sabios. Dentro de poco, una vez que termine su tarea, regresará al hogar. Debes saber que, gracias a él, tu fama también se difundirá por todo el mundo.
SB 4.8.70 El gran sabio Maitreya continuó: Después de escuchar los consejos de Nārada Muni, el rey, Uttānapāda, prácticamente abandonó todos los deberes relacionados con su reino, que era muy vasto y extenso, opulento como la diosa de la fortuna; a partir de entonces, sólo pensaba en su hijo Dhruva.
SB 4.8.71 Mientras tanto, Dhruva Mahārāja, que había llegado a Madhuvana, se bañó en el río Yamunā, y con mucho cuidado y atención, ayunó toda la noche. Después, siguiendo el consejo del gran sabio Nārada, se ocupó en adorar a la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.72 Durante el primer mes, Dhruva Mahārāja sólo comió frutas y bayas cada tres días, con la única intención de mantener juntos el alma y el cuerpo. De esa manera, progresó en su adoración de la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.73 En el segundo mes, Dhruva Mahārāja comió sólo una vez cada seis días, alimentándose de hierba seca y hojas. De esta manera, continuó con su adoración.
SB 4.8.74 En el tercer mes, bebió agua sólo una vez cada nueve días. Así permaneció completamente en trance y adoró a la Suprema Personalidad de Dios, a quien se adora con versos escogidos.
SB 4.8.75 En el cuarto mes, Dhruva Mahārāja llegó a dominar por completo el ejercicio respiratorio, de manera que sólo inhalaba una vez cada doce días. Con ello, quedó completamente fijo en su posición y adoró a la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.76 Al quinto mes, Mahārāja Dhruva, el hijo del rey, había controlado de modo tan perfecto su respiración que podía sostenerse sobre una sola pierna, firme como una columna, sin moverse, y concentrar su mente por completo en el Parabrahman.
SB 4.8.77 Obtuvo completo control de los sentidos y de sus objetos; de este modo fijó su mente, sin la menor desviación, en la forma de la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.78 Cuando Dhruva Mahārāja capturó de este modo a la Suprema Personalidad de Dios, que es el refugio de toda la creación material y el amo de todas las entidades vivientes, los tres mundos comenzaron a temblar.
SB 4.8.79 Sosteniéndose firmemente sobre una sola pierna, Dhruva Mahārāja, el hijo del rey, hacía que una mitad de la Tierra cediese a la presión de su dedo, de la misma manera que un elefante inclina a un lado y a otro la embarcación que lo transporta cada vez que mueve un pie.
SB 4.8.80 Cuando el peso de Dhruva Mahārāja, debido a que estaba completamente concentrado y había cerrado todos los agujeros de su cuerpo, se unificó prácticamente con el peso del Señor Viṣṇu, que es la conciencia total, el universo entero quedó sin respiración, y todos los grandes semidioses de todos los sistemas planetarios, sintiendo que se asfixiaban, buscaron refugio en la Suprema Personalidad de Dios.
SB 4.8.81 Los semidioses dijeron: Querido Señor, Tú eres el refugio de todas las entidades vivientes, móviles e inmóviles. Podemos notar que todas las entidades vivientes, impedido su proceso respiratorio, se están asfixiando. Nunca habíamos experimentado nada semejante. Puesto que Tú eres el refugio supremo de todas las almas entregadas, hemos acudido a Ti; por favor, sálvanos de este peligro.
SB 4.8.82 La Suprema Personalidad de Dios contestó: Mis queridos semidioses, no hay razón para perturbarse. Se trata de la rigurosa austeridad del hijo del rey Uttānapāda, que, con plena determinación, está absorto en pensar en Mí y ha obstruido el proceso respiratorio universal. Estáis a salvo; podéis volver a vuestras moradas. Yo detendré las rigurosas austeridades de ese niño, y os salvaréis de este peligro.