SB 5.10.6
De este modo, el rey criticó a Jaḍa Bharata con sarcasmo, pero Jaḍa Bharata, a pesar de esas críticas, no se identificaba con el cuerpo ni con la situación. Como había alcanzado su identidad espiritual, sabía que él no era el cuerpo. No era ni gordo, ni flaco, ni delgado. Nada tenía que ver con aquel montón de materia, combinación de los cinco elementos densos y los tres elementos sutiles, y no tenía nada que ver con el cuerpo material de dos brazos y dos piernas. En otras palabras, percibía perfectamente su identidad espiritual [ahaṁ brahmāsmi]. Por lo tanto, no se vio afectado por los sarcasmos y las críticas del rey, y, sin decir nada, continuó llevando el palanquín como antes.
Jaḍa Bharata estaba completamente liberado. No se preocupó ni lo más mínimo cuando los ḍakaits trataron de matar su cuerpo; sabía con toda certeza que él no era el cuerpo. Aunque hubieran matado su cuerpo, no le habría preocupado, pues estaba profundamente convencido de la afirmación que encontramos en la Bhagavad-gītā (2.20): na hanyate hanyamāne śarīre. Sabía que no podían matarle ni siquiera si mataban su cuerpo. Pero, aunque él no protestó, la Suprema Personalidad de Dios, por intermedio de Su agente, no pudo tolerar la injusticia de los ḍakaits; de modo que, por la misericordia de Kṛṣṇa, se salvó, y los ḍakaits fueron matados. En el caso presente, mientras llevaba el palanquín también sabía que él no era el cuerpo. Tenía un cuerpo fuerte y robusto, en plenitud de facultades, completamente capaz de cargar el palanquín, pero como estaba liberado del concepto corporal, las sarcásticas palabras del rey no le afectaron en lo más mínimo. El cuerpo se crea conforme al karma de la persona, y la naturaleza material aporta los componentes necesarios para la formación de un determinado tipo de cuerpo. El alma es diferente de la estructura corporal que la cubre; por lo tanto, nada de lo que se pueda hacer al cuerpo, tanto si es beneficioso como si es dañino, puede afectar al alma espiritual. En los Vedas encontramos el precepto: asaṅgo hy ayaṁ puruṣaḥ: El alma espiritual siempre está libre de la influencia de las circunstancias materiales.
