SB 5.14.13

ekadāsat-prasaṅgān nikṛta-matir vyudaka-srotaḥ-skhalanavad ubhayato 'pi duḥkhadaṁ pākhaṇḍam abhiyāti.
Palabra por palabra: 
ekadā — a veces; asat-prasaṅgāt — por la relación con no devotos que son contrarios a los principios védicos y que se inventan diversas sendas religiosas; nikṛta-matiḥ — cuya inteligencia ha descendido hasta el abominable nivel de negar la autoridad de la Suprema Personalidad de Dios; vyudaka-srotaḥ — a ríos sin suficiente agua; skhalana-vat — como lanzarse; ubhayataḥ — de ambos lados; api — aunque; duḥkha-dam — dar sufrimiento; pākhaṇḍam — al sendero ateo; abhiyāti — se dirige.
Traducción: 
A veces, para aliviar sus sufrimientos en el bosque del mundo material, el alma condicionada recibe las bendiciones baratas de personas ateas. En su compañía, pierde toda su inteligencia. Es como si se lanzara a un río que trae poca agua; lo único que consigue es romperse la cabeza. Y como, además, no puede aliviarse del calor que le agobia, sufre por partida doble. La desorientada alma condicionada acude también a falsos sādhus y svāmīs que predican en contra de los principios de los Vedas. No recibe ningún beneficio de ellos, ni en el presente ni en el futuro.
Significado: 

Siempre hay engañadores que se inventan su propia senda de iluminación espiritual. El alma condicionada, en busca de beneficios materiales, acude a esos seudo sannyāsīs y yogīs en busca de bendiciones baratas. Sin embargo, no recibe el menor beneficio, ni espiritual ni material. En esta era abundan los engañadores que muestran un poco de magia y hacen juegos de palabras. Para asombrar a sus seguidores a veces crean un poco de oro, y ellos entonces les consideran Dios. Ese tipo de engaño es muy común en Kali-yuga. Viśvanātha Cakravartī Ṭhākura describe al verdadero guru con las siguientes palabras:

saṁsāra-dāvānala-līḍha-loka-
trāṇāya kāruṇya-ghanāghanatvam
prāptasya kalyāṇa-guṇārṇavasya
vande guroḥ śrī-caraṇāravindam

Debemos acudir a un guru que pueda apagar el ardiente fuego de este mundo material, la lucha por la existencia. La gente desea ser engañada, y por esa razón acuden a yogīs y svāmīs capaces de algunos trucos. Sin embargo, las miserias de la vida material no se alivian con trucos. Si ser capaz de fabricar oro es el criterio para ser aceptado como Dios, entonces, ¿por qué no aceptar a Kṛṣṇa, que es el propietario del universo entero, donde hay incontables toneladas de oro? Como antes se mencionó, el color del oro puede compararse a un fuego fatuo o a excremento amarillo; por lo tanto, nadie debe dejarse alucinar por los gurus que fabrican oro; en vez de eso, debemos acudir con sinceridad a un devoto como Jaḍa Bharata, quien instruyó a Rahūgaṇa Mahārāja de forma tan maravillosa que el rey se liberó del concepto corporal. Nadie puede ser feliz aceptando a un guru falso. Para aceptar a un guru, se debe seguir el consejo del Śrīmad- Bhāgavatam (11.3.21): tasmād guruṁ parapadyeta jijñāsuḥ śreya uttamam: Debemos acudir a un guru genuino para preguntarle acerca del beneficio supremo de la vida. A ese guru se le describe de la siguiente manera: śābde pare ca niṣṇātam. Ese guru no se dedica a fabricar oro ni a hacer juegos de palabras. Está bien versado en las conclusiones del conocimiento védico (vedaiś ca sarvair aham eva vedyaḥ). Está libre de toda contaminación material y completamente dedicado al servicio de Kṛṣṇa. Quien pueda obtener el polvo de los pies de loto de ese guru, obtendrá el éxito en la vida. De lo contrario, fracasará, tanto en esta vida como en la siguiente.