SB 5.15.7
El Señor Kṛṣṇa afirma en la Bhagavad-gītā que Él desciende a la Tierra con una doble misión: proteger a los fieles, y aniquilar a los demonios (paritrāṇāya sādhūnāṁ vināśāya ca duṣkṛtām). El rey es el representante de la Suprema Personalidad de Dios; por esa razón, a veces se le llama nara-deva, es decir, el Señor como ser humano. Según los mandamientos védicos, al rey se le adora como Dios manifestado en el plano material. Como representante del Señor Supremo, el rey tenía el deber de brindar una protección perfecta a sus súbditos, de modo que no tuvieran que preocuparse de la alimentación y la defensa, y de este modo fueran felices. El rey proveía a sus súbditos de todo lo que necesitaban; por esa razón, también recaudaba impuestos. Un rey o gobierno que recaude impuestos sin cumplir esos deberes, tiene que responder de las actividades pecaminosas de los ciudadanos. En Kali-yuga se ha abolido la monarquía, pues los propios reyes están sometidos a la influencia de la era. En el Rāmāyaṇa se cuenta que Vibhīṣana, en su pacto de amistad con el Señor Ramacandra, prometió al Señor que si, por casualidad, rompía las leyes de ese pacto, tendría que nacer como brāhmaṇa o rey en Kali-yuga. Esa promesa de Vibhīṣaṇa nos revela que, en esta era, la condición de los brāhmaṇas y de los reyes es pésima. En realidad, en Kali-yuga no hay ni brāhmaṇas ni reyes, y, debido a ello, el mundo entero se encuentra en una situación caótica, y en él reina siempre la aflicción. Si lo comparamos con los modelos actuales, Mahārāja Gaya era un verdadero representante del Señor Viṣṇu; por eso se le dio el nombre de Mahāpuruṣa.
