SB 5.17.12
Hay cuatro yugas: Satya-yuga, Tretā-yuga, Dvāpara-yuga y Kali-yuga. En la primera de ellas, Satya-yuga, la gente era muy piadosa. Todo el mundo practicaba el sistema místico de yoga para alcanzar la comprensión espiritual y percibir a Dios. Todo el mundo estaba siempre absorto en samādhi; por lo tanto, nadie tenía interés en el disfrute material de los sentidos. Durante Tretā-yuga, la gente disfrutaba del placer de los sentidos libre de problemas. Las miserias materiales comenzaron en Dvāpara-yuga, pero no eran muy opresivas. El verdadero rigor de esas miserias comenzó con la llegada de Kali-yuga.
Otro aspecto de este verso es que, en esos ocho varṣas celestiales, aunque hombres y mujeres disfrutan del placer sexual, no se producen embarazos. Los embarazos son característicos de niveles de vida inferior. Entre los animales, las hembras de los perros y los cerdos, por ejemplo, quedan preñadas dos veces al año, y en cada parto traen como mínimo media docena de cachorros. En especies aun más bajas, como las serpientes, son cientos los vástagos que nacen cada vez. Este verso nos informa de que en estadios de vida superiores al nuestro no hay más que un embarazo en toda la vida. Hay vida sexual, pero no hay embarazos. En el mundo espiritual, la gente no siente mucha atracción por la vida sexual, debido a su excelsa actitud devocional. Prácticamente hablando, en el mundo espiritual no hay vida sexual; pero si en alguna ocasión se manifiesta, no trae como consecuencia el embarazo. En el planeta Tierra, sin embargo, las hembras de los humanos quedan embarazadas, aunque la tendencia de la gente es procurar no tener hijos. En esta pecaminosa era de Kali, la gente recurre incluso al procedimiento de matar al hijo en el vientre. Esa práctica es el colmo de la degradación; quienes caen en ella simplemente perpetúan su miserable condicionamiento en la existencia material.
