SB 5.4.1
atha ha tam utpattyaivābhivyajyamāna-bhagaval-lakṣaṇaṁ
sāmyopaśama-vairāgyaiśvarya-mahā-vibhūtibhir anudinam
edhamānānubhāvaṁ prakṛtayaḥ prajā brāhmaṇā devatāś cāvani-tala-
samavanāyātitarāṁ jagṛdhuḥ.
En estos días de encarnaciones baratas, es muy interesante señalar los signos característicos del cuerpo de una encarnación. Nada más nacer, se pudo observar que los pies de Ṛṣabhadeva estaban marcados con los signos trascendentales (una bandera, un rayo, una flor de loto, etc.). Además de esto, a medida que iba creciendo, el Señor revelaba cada vez más Su posición excepcional. Era ecuánime con todos, y no favorecía a unos para descuidar a otros. Una encarnación de Dios debe tener las seis opulencias: riqueza, fuerza, conocimiento, belleza, fama y renunciación. Se explica que Ṛṣabhadeva, aunque estaba dotado con todas las opulencias, no sentía el menor apego por el disfrute material. Era dueño de Sí mismo, y esto Le granjeaba las simpatías de todos. Debido a Sus excepcionales cualidades todos querían que asumiese el gobierno de la Tierra. El reconocimiento de una encarnación de Dios debe basarse en el criterio de las personas de más experiencia y en las características que se mencionan en los śāstras. No se reconoce a una encarnación por la adulación de los necios.
