SB 5.5.10-13
vitṛṣṇayā dvandva-titikṣayā ca
sarvatra jantor vyasanāvagatyā
jijñāsayā tapasehā-nivṛttyā
mat-karmabhir mat-kathayā ca nityaṁ
mad-deva-saṅgād guṇa-kīrtanān me
nirvaira-sāmyopaśamena putrā
jihāsayā deha-gehātma-buddheḥ
adhyātma-yogena vivikta-sevayā
prāṇendriyātmābhijayena sadhryak
sac-chraddhayā brahmacaryeṇa śaśvad
asampramādena yamena vācām
sarvatra mad-bhāva-vicakṣaṇena
jñānena vijñāna-virājitena
yogena dhṛty-udyama-sattva-yukto
liṅgaṁ vyapohet kuśalo 'ham-ākhyam
En estos cuatro versos, Ṛṣabhadeva explica a Sus hijos cómo pueden liberarse de la identificación falsa que surge del ego falso y de la vida material condicionada. Con la práctica progresiva de los procesos que aquí se indican, se llega a obtener la liberación. Todos estos métodos prescritos nos capacitan para abandonar el cuerpo material (liṅgaṁ vyapohet) y situarnos en nuestro cuerpo espiritual original. En primer lugar, hay que aceptar un maestro espiritual genuino, tal como recomienda Śrīla Rūpa Gosvāmī en su Bhakti- rasāmṛta-sindhu: śrī-guru-pādāśrayaḥ. Para liberarnos del enredo del mundo material, tenemos que acudir a un maestro espiritual. Tad-vijñānārthaṁ sa gurum evābhigacchet. Haciendo preguntas al maestro espiritual y sirviéndole, podemos avanzar en la vida espiritual. Cuando nos ocupamos en servicio devocional, disminuye la atracción por la comodidad personal en el comer, dormir y vestir. Por nuestro contacto con el devoto, podemos mantener un nivel de espiritualidad. La palabra mad-deva-saṅgat es muy importante. Hay muchas mal llamadas religiones consagradas a la adoración de diversos semidioses; en este verso, se entiende por buena compañía la de aquel para quien la única Deidad adorable es Kṛṣṇa.
También es importante dvandva-titikṣā. Mientras estemos en el mundo material, el cuerpo material nos proporcionará placeres y nos ocasionará sufrimientos. Tal como aconseja Kṛṣṇa en la Bhagavad-gītā: tāṁs titikṣasva bhārata. Tenemos que aprender a tolerar los placeres y sufrimientos temporales del mundo material. También debemos estar desapegados de la familia, y practicar el celibato. La relación sexual con la esposa, y siguiendo los mandamientos de las Escrituras, también se considera brahmacarya (celibato), pero la vida sexual ilícita va en contra de los principios religiosos, y es un obstáculo en el cultivo de conciencia espiritual. Otra palabra importante es vijñāna-virājita. Todo debe hacerse de un modo muy científico y consciente. Debemos ser almas iluminadas. De ese modo, podemos abandonar el enredo del cautiverio material.
Śrī Madhvācārya señala que la esencia de estos cuatro ślokas es que debemos abstenernos de actuar llevados por el deseo de complacer los sentidos, y que, en lugar de ello, debemos ocuparnos siempre en el servicio amoroso del Señor. En otras palabras, el bhakti-yoga es el sendero autorizado para la liberación. Śrīla Madhvācārya cita el siguiente verso del Adhyātma:
ātmano 'vihitaṁ karma
varjayitvānya-karmaṇaḥ
kāmasya ca parityāgo
nirīhety āhur uttamāḥ
Todas nuestras actividades deben buscar el beneficio del alma; se debe abandonar cualquier otra actividad. Cuando una persona está situada en esa posición, se dice que está libre de deseos. En realidad, la entidad viviente no puede estar completamente libre de deseos, pero cuando desea única y exclusivamente el beneficio del alma, se dice que no tiene deseos.
El conocimiento espiritual es jñāna-vijñāna-samanvitam. La persona perfectamente dotada de jñāna y vijñāna es perfecta. Jñāna significa que entendemos que la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, es el Ser Supremo. Vijñāna se refiere a las actividades que nos liberan de la ignorancia de la existencia material. Como se afirma en el Śrīmad-Bhāgavatam (2.9.31): jñānaṁ parama-guhyaṁ me yad vijñāna-samanvitam. El conocimiento relativo al Señor Supremo es muy confidencial, y el conocimiento supremo mediante el cual Le podemos entender propicia la liberación de todas las entidades vivientes. Ese conocimiento es vijñāna. Esto se confirma en la Bhagavad-gītā (4.9):
janma karma ca me divyam
evaṁ yo vetti tattvataḥ
tyaktvā dehaṁ punar janma
naiti mām eti so 'rjuna
«¡Oh, Arjuna!, aquel que conoce la naturaleza trascendental de Mi advenimiento y actividades, al abandonar el cuerpo no vuelve a nacer en este mundo material, sino que alcanza Mi morada eterna».
