SB 5.5.30
sārtha-giri-vanāśramādiṣv anupatham avanicarāpasadaiḥ
paribhūyamāno makṣikābhir iva vana-gajas tarjana-tāḍanāvamehana-
ṣṭhīvana-grāva-śakṛd-rajaḥ-prakṣepa-pūti-vāta-duruktais tad
avigaṇayann evāsat-saṁsthāna etasmin dehopalakṣaṇe sad-apadeśa
ubhayānubhava-svarūpeṇa sva-mahimāvasthānenāsamāropitāhaṁ-
mamābhimānatvād avikhaṇḍita-manāḥ pṛthivīm eka-caraḥ
paribabhrāma.
Narottama dāsa Ṭhākura dice: deha-smṛti nāhi yāra, saṁsāra bandhana kāhāṅ tāra. Cuando una persona percibe plenamente que el cuerpo y el mundo material son temporales, deja de preocuparse por el sufrimiento y los placeres del cuerpo. Como aconseja Śrī Kṛṣṇa en la Bhagavad-gītā (2.14):
mātrā-sparśās tu kaunteya
śītoṣṇa-sukha-duḥkha-dāḥ
āgamāpāyino 'nityās
tāṁs titikṣasva bhārata
«¡Oh, hijo de Kuntī!, la aparición temporal de la felicidad y la aflicción, y su desaparición a su debido tiempo, son como la aparición y desaparición de las estaciones del invierno y el verano. Tienen su origen en la percepción de los sentidos, ¡oh, vástago de Bharata!, y hay que aprender a tolerarlas sin perturbarse».
Por lo que respecta a Ṛṣabhadeva, ya se ha explicado: idaṁ śarīraṁ mama durvibhāvyam: No poseía, en absoluto, un cuerpo material; debido a ello, era tolerante con todos los sufrimientos que Le infligían los peores elementos de la sociedad. En consecuencia, podía tolerar que la gente Le golpeara y Le arrojase tierra y excremento. Su cuerpo era trascendental, y por lo tanto no sufría lo más mínimo. Él estaba siempre absorto en Su bienaventuranza espiritual. Como se afirma en la Bhagavad-gītā (18.61):
īśvaraḥ sarva-bhūtānāṁ
hṛd-deśe 'rjuna tiṣṭhati
bhrāmayan sarva-bhūtāni
yantrārūḍhāni māyayā
«El Señor Supremo Se encuentra en el corazón de todos, ¡oh, Arjuna!, y dirige los movimientos de todas las entidades vivientes, que están situadas como en una máquina hecha de energía material».
Como está en el corazón de todos, el Señor está también en el corazón de los cerdos y de los perros. No hay que pensar, sin embargo, que como los cerdos y los perros viven con sus cuerpos materiales en lugares sucios, la Suprema Personalidad de Dios en Su aspecto de Paramātmā también vive en un lugar sucio. A pesar de ser maltratado por los elementos indeseables del mundo, el Señor Ṛṣabhadeva no Se afectó en lo más mínimo. Por eso este verso afirma: sva-mahima- avasthānena: «Él estaba situado en Su propia gloria». Los muchos insultos que antes se han descrito nunca llegaron a afectarle.
