SB 5.5.32
ivācakṣāṇas tat-pratikriyā-karma bībhatsitam iti vratam ājagaram-
āsthitaḥ śayāna evāśnāti pibati khādaty avamehati hadati sma
ceṣṭamāna uccarita ādigdhoddeśaḥ.
El destino nos tiene reservadas la felicidad y el sufrimiento que nos corresponden, incluso si permanecemos siempre en el mismo lugar. Ése es el veredicto de los śāstras. La persona establecida en el plano espiritual puede permanecer siempre en un mismo lugar, y, por disposición del Señor Supremo, todas sus necesidades estarán cubiertas. A no ser que una persona dedique su vida a predicar, no necesita viajar por todo el mundo. Permaneciendo siempre en un mismo lugar, podemos dedicarnos a la práctica de un servicio devocional satisfactorio conforme al momento y las circunstancias. Ṛṣabhadeva, cuando vio que Su continuo viajar por el mundo Le ocasionaba molestias, decidió tenderse en un determinado lugar, como las pitones. De ese modo comía, bebía, defecaba y orinaba, para después mancharse el cuerpo con Sus propias deyecciones, de modo que la gente no viniese a molestarle.
