SB 5.6.1
na nūnaṁ bhagava ātmārāmāṇāṁ yoga-samīrita-jñānāvabharjita-
karma-bījānām aiśvaryāṇi punaḥ kleśadāni bhavitum arhanti yadṛc-
chayopagatāni.
El devoto puro está constantemente ocupado en el servicio a la Suprema Personalidad de Dios, y de modo natural obtiene todo lo que se necesita para la práctica del servicio devocional, aunque ello pueda parecer resultado del poder místico del yoga. A veces un yogī manifiesta un pequeño poder yóguico, y produce oro. Con un poquito de oro cautiva a los necios, y de ese modo, obtiene muchos seguidores, deseosos de aceptar a esa insignificante persona como si fuese la Suprema Personalidad de Dios. También puede ocurrir que ese yogī se proclame Bhagavān. El devoto, sin embargo, no tiene que exhibir esas proezas mágicas, y, sin necesidad del proceso de yoga místico, obtiene una opulencia aún mayor por todo el mundo. En vista de las circunstancias, el Señor Ṛṣabhadeva Se negó a manifestar las perfecciones místicas del yoga, y Mahārāja Parīkṣit pregunta la razón de que no las aceptase, ya que para el devoto no suponen ninguna perturbación. El devoto nunca está ni afligido ni satisfecho con la opulencia material. Lo que le preocupa es complacer a la Suprema Personalidad de Dios. Cuando, por la gracia del Señor, obtiene una opulencia extraordinaria, el devoto aprovecha la oportunidad para servir al Señor. La opulencia no le perturba.
