SB 6.7.36
teneha nirvartita-sādhu-satkriyaḥ
kathaṁ vigarhyaṁ nu karomy adhīśvarāḥ
paurodhasaṁ hṛṣyati yena durmatiḥ
Los brāhmaṇas de primera categoría no aceptan ningún tipo de remuneración de sus discípulos o yajamānas, sino que practican austeridades y penitencias y van a los campos de cultivo para recoger los cereales que los agricultores les dejan. También van a los mercados donde se comercia con cereales a granel, y allí recogen los cereales dejados por los comerciantes. Esos brāhmaṇas excelsos mantienen de este modo sus propios cuerpos y a sus familias. Esos sacerdotes nunca piden nada a sus discípulos, pues no desean una vida llena de opulencias, a imitación de los kṣatriyas y los vaiśyas. En otras palabras, el brāhmaṇa puro acepta voluntariamente una vida de pobreza, y, para vivir, depende por completo de la misericordia del Señor. No hace muchos años, en Kṛṣṇanagara, cerca de Navadvīpa, el zamindar del lugar, Vraja Kṛṣṇacandra, quiso ofrecer su ayuda a un brāhmaṇa; éste, sin embargo, se negó a aceptarla, diciendo que ya era muy feliz en su vida familiar, con el arroz que sus discípulos le ofrecían y con los guisos de hojas de tamarindo que preparaba, de modo que no tenía sentido aceptar la ayuda del zamindar. La conclusión es que un brāhmaṇa, aunque reciba grandes opulencias de sus discípulos, no debe utilizar en su propio beneficio las remuneraciones que obtenga por su actividad sacerdotal, sino que debe emplearlas en el servicio de la Suprema Personalidad de Dios.
