SB 7.6.6
tad-ardhaṁ cājitātmanaḥ
niṣphalaṁ yad asau rātryāṁ
śete 'ndhaṁ prāpitas tamaḥ
El Señor Brahmā, los seres humanos y las hormigas viven cien años, pero esos cien años de vida son diferentes entre sí. Vivimos en un mundo relativo, en el cual los instantes temporales son también relativos y diferentes. Los cien años de Brahmā, por ejemplo, no son como los cien años del ser humano. La Bhagavad-gītā nos enseña que las doce horas diurnas de Brahmā equivalen a 4.300.000 veces 1.000 años (sahasra-yuga-paryantam ahar yad brahmaṇo viduḥ). De modo que los varṣa-śatam, los cien años, son relativamente distintos en función del tiempo, la persona y las circunstancias. En lo que se refiere a los seres humanos, el cálculo de este verso es correcto para la generalidad de la gente. De un máximo de cien años de vida, cincuenta se pierden durmiendo. El cuerpo tiene cuatro necesidades: comer, dormir, tener relaciones sexuales y defenderse, pero la persona que desee progresar en el cultivo de conciencia espiritual debe emplear en ello toda la duración de su vida, reduciendo esas actividades al mínimo. Eso le permitirá aprovechar todo su tiempo de vida.
