SB 7.9.45

yan maithunādi-gṛhamedhi-sukhaṁ hi tucchaṁ
kaṇḍūyanena karayor iva duḥkha-duḥkham
tṛpyanti neha kṛpaṇā bahu-duḥkha-bhājaḥ
kaṇḍūtivan manasijaṁ viṣaheta dhīraḥ
Palabra por palabra: 
yat — eso que (está destinado a la complacencia material de los sentidos); maithuna-ādi — representado por hablar de la vida sexual, leer literatura sexual o disfrutar de la vida sexual (en el hogar o fuera, en un club, por ejemplo); gṛhamedhi-sukham — todas las formas de felicidad material basadas en el apego a la familia, la sociedad, la amistad, etc; hi — en verdad; tuccham — insignificante; kaṇḍūyanena — con el picor; karayoḥ — de las dos manos (para aliviar el picor); iva — como; duḥkha-duḥkham — distintos tipos de infelicidad (que vienen tras esa complacencia de los sentidos, que es como un picor); tṛpyanti — se satisfacen; na — nunca; iha — en la complacencia material de los sentidos; kṛpaṇāḥ — los necios; bahu-duḥkha-bhājaḥ — sujetos a distintas clases de infelicidad material; kaṇḍūti- vat — si se puede aprender de ese picor; manasi-jam — que no es más que una invención mental (en realidad no hay felicidad); viṣaheta — y tolerar (ese picor); dhīraḥ — (se puede llegar a ser) una persona sobria, completamente perfecta.
Traducción: 
La vida sexual se compara al acto de frotarse las manos para aliviar un picor. Los gṛhamedhis, los falsos gṛhasthas carentes de conocimiento espiritual, creen que ese picor es el grado más alto de felicidad posible, aunque en realidad no es más que una fuente de aflicción. Los kṛpaṇas, los necios que son lo opuesto de los brāhmaṇas, se entregan una y otra vez al disfrute de los sentidos sin alcanzar la satisfacción. Sin embargo, los que son dhīras, los que son sobrios y pueden tolerar ese picor, no están sujetos a los sufrimientos de los necios y sinvergüenzas.
Significado: 

Los materialistas piensan que entregarse a la vida sexual es la felicidad más elevada del mundo material; en consecuencia, elaboran complicados planes para satisfacer sus sentidos, y especialmente los genitales. Esto puede verse en todas partes, y de modo especial en el mundo occidental, donde hay muchos sistemas establecidos para obtener satisfacción sexual. Sin embargo, nadie ha logrado ser feliz de esa manera. Los hippies, por ejemplo, abandonaron todas las comodidades materiales de sus padres y abuelos, pero no pudieron abandonar la extraordinaria sensación de felicidad que se obtiene con la vida sexual. En este verso, a esa clase de personas se las califica de kṛpaṇas, avaros. La forma humana de vida es un gran bien, pues en ella podemos cumplir el objetivo de la existencia. Sin embargo, la gran desdicha es que, por falta de educación y de cultura, la gente cae víctima de la falsa felicidad de la vida sexual. Prahlāda Mahārāja nos aconseja, por lo tanto, que no nos dejemos descarriar por esa civilización de complacencia sensorial, y, en especial, por la vida sexual. Por el contrario, debemos ser sobrios, evitar la complacencia de los sentidos, y ser conscientes de Kṛṣṇa. La persona lujuriosa, a quien se compara con un necio avaro, nunca alcanza la felicidad mediante la complacencia de los sentidos. La influencia de la naturaleza material es muy difícil de superar, pero, como Kṛṣṇa afirma en la Bhagavad-gītā (7.14): mām eva ye prapadyante, māyām etāṁ taranti te: El que se entrega voluntariamente a los pies de loto de Kṛṣṇa no tendrá dificultad en salvarse.

En relación con la felicidad de bajo género que se obtiene de la vida sexual, Yāmunācārya dice:

yadāvadhi mama cetaḥ kṛṣṇa-padāravinde
nava-nava-rasa-dhāmanudyata rantum āsīt
tadāvadhi bata nārī-saṅgame smaryamāne
bhavati mukha-vikāraḥ suṣṭu niṣṭhīvanaṁ ca

«Desde que me ocupo en el servicio amoroso trascendental de Kṛṣṇa, saboreando en Él un placer siempre nuevo, cuando pienso en el placer sexual, escupo en el pensamiento, y mis labios se tuercen con asco». Yamunācārya había sido un gran rey que disfrutó mucho de la felicidad sexual; más tarde se ocupó en el servicio del Señor, y desde entonces disfrutaba de bienaventuranza espiritual y detestaba pensar en la vida sexual. Cuando encontraba en su mente algún pensamiento de tipo sexual, escupía lleno de asco.