SB 8.2.32
kutaḥ kariṇyaḥ prabhavanti mocitum
grāheṇa pāśena vidhātur āvṛto
'py ahaṁ ca taṁ yāmi paraṁ parāyaṇam
El mundo material se define con las palabras padaṁ padaṁ yad vipadām, que significan que a cada paso hay peligro. El necio cree que es feliz en el mundo material, pero en realidad no lo es. Únicamente la influencia de la ilusión le hace pensar de esa forma. Hay peligro a cada paso, a cada momento. En la civilización contemporánea se considera que un buen coche y un hogar confortable son la perfección de la vida. En Occidente, y sobre todo en los Estados Unidos, es muy importante tener un buen coche; pero tan pronto como salimos a la carretera, corremos peligro, pues podemos tener un accidente mortal en cualquier momento. Las estadísticas muestran claramente la gran cantidad de personas que mueren en accidentes de tráfico. Por lo tanto, si realmente pensamos que el mundo material es un lugar lleno de felicidad, estamos demostrando nuestra ignorancia. Verdadero conocimiento es saber que el mundo material está lleno de peligros. Podemos luchar por la existencia tanto como nuestra inteligencia nos lo permita, y podemos tratar de cuidar de nosotros mismos, pero, en última instancia, todos nuestros esfuerzos serán inútiles, si la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, no nos salva del peligro. Por esa razón, Prahlāda Mahārāja dice:
bālasya neha śaraṇaṁ pitarau nṛsiṁha
nārtasya cāgadam udanvati majjato nauḥ
taptasya tat-pratividhir ya ihāñjaseṣṭas
tāvad vibho tanu-bhṛtāṁ tvad-upekṣitānām
Podemos inventar muchas formas de ser felices, o de neutralizar los peligros del mundo material, pero, sin la aprobación de la Suprema Personalidad de Dios, esos intentos nunca nos darán la felicidad. Aquellos que tratan de ser felices sin refugiarse en la Suprema Personalidad de Dios son mūḍhas, sinvergüenzas. Na māṁ duṣkṛtino mūḍhāḥ prapadyante narādhamāḥ. Los más bajos de los hombres se niegan a adoptar el proceso de conciencia de Kṛṣṇa, pues piensan que podrán protegerse por sí solos, sin la ayuda de Kṛṣṇa. Ahí está su error. El rey de los elefantes, Gajendra, tomó la decisión correcta, y, en aquella peligrosa situación, buscó el refugio de la Suprema Personalidad de Dios.
