SB 8.3.30
evaṁ gajendram upavarṇita-nirviśeṣaṁ
brahmādayo vividha-liṅga-bhidābhimānāḥ
naite yadopasasṛpur nikhilātmakatvāt
tatrākhilāmara-mayo harir āvirāsīt
De las oraciones de Gajendra queda claro que, aunque quería dirigirse a la autoridad suprema, no sabía exactamente quién era esa autoridad. Lo que Gajendra había entendido es que existe una autoridad suprema, que está por encima de todo. En esas circunstancias, las diversas expansiones del Señor, como el Señor Brahmā, el Señor Śiva, Indra y Candra, pensaron: «Gajendra no nos pide ayuda a nosotros, sino al Supremo, que está por encima de todos nosotros». En sus oraciones, Gajendra había dicho que el Señor Supremo tiene muchas partes integrales, entre las cuales están los semidioses, los seres humanos y los animales, y que todos ellos están cubiertos por formas separadas. Los semidioses son los encargados de mantener los diversos aspectos del universo, pero Gajendra pensó que no podrían rescatarle. Hariṁ vinā naiva mṛtiṁ taranti: Nadie puede salvar a nadie de los peligros del nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades. Sólo la Suprema Personalidad de Dios puede rescatarnos de los peligros de la existencia material. Por esa razón, la persona inteligente que desea liberarse de esta peligrosa existencia no acude a los semidioses, sino a la Suprema Personalidad de Dios. Como se confirma en la Bhagavad-gītā (7.20): kāmais tais tair hṛta-jñānāḥ prapadyante 'nya-devataḥ: Las personas que no tienen inteligencia acuden a los semidioses en busca de beneficios materiales temporales. Pero la realidad es que los semidioses no pueden salvar a la entidad viviente de los peligros de la existencia material. Al igual que otras entidades vivientes, los semidioses sólo son partes externas del cuerpo trascendental de la Suprema Personalidad de Dios. Como se afirma en los mantras védicos: sa ātmā aṅgāny anyā devatāḥ: Dentro del cuerpo está el ātmā, el alma, mientras que los brazos, las piernas y las demás partes del cuerpo son externos. Del mismo modo, Nārāyaṇa, el Señor Viṣṇu, es el ātmā de toda la manifestación cósmica, y todos los semidioses, los seres humanos y las demás entidades vivientes son partes de Su cuerpo.
La fuerza de un árbol está en su raíz; si se riega la raíz con agua, se nutren también todas las demás partes del árbol. Del mismo modo, podemos concluir que a quien hay que adorar es a la Suprema Personalidad de Dios, pues Él es la raíz original de todo. Es muy difícil acercarse a la Suprema Personalidad de Dios; pero, al mismo tiempo, Él está muy cerca de nosotros, pues vive en nuestro corazón. Tan pronto como el Señor entiende que buscamos Su favor mediante la sumisión completa, de forma natural Él actúa inmediatamente en consecuencia. Por esa razón, cuando escuchó la ferviente oración de Gajendra, la Suprema Personalidad de Dios apareció inmediatamente ante él, mientras que los semidioses no fueron a ayudarle. Eso no significa que los semidioses estuviesen enfadados con Gajendra, pues en realidad, cuando adoramos al Señor Viṣṇu, adoramos también a todos los semidioses. Yasmin tuṣṭe jagat tuṣṭam: Si la Suprema Personalidad de Dios está satisfecho, todos están satisfechos.
yathā taror mūla-niṣecanena
tṛpyanti tat-skandha-bhujopaśākhāḥ
prāṇopahārāc ca yathendriyāṇāṁ
tathaiva sarvārhaṇam acyutejyā
«Del mismo modo que, cuando se riega la raíz de un árbol, todas sus partes, desde el tronco y las ramas hasta las hojas, se llenan de energía, y del mismo modo que cuando el estómago recibe alimentos, todos los sentidos y miembros del cuerpo se fortalecen, la adoración que se ofrece a la Suprema Personalidad de Dios mediante el servicio devocional deja inmediatamente satisfechos a los semidioses, que son partes de esa Personalidad Suprema» (Bhāg. 4.31.14). Cuando se adora a la Suprema Personalidad de Dios, todos los semidioses se sienten satisfechos.
