SB 8.5.15-16
yadā yuddhe 'surair devā
badhyamānāḥ śitāyudhaiḥ
gatāsavo nipatitā
nottiṣṭheran sma bhūriśaḥ
yadā durvāsaḥ śāpena
sendrā lokās trayo nṛpa
niḥśrīkāś cābhavaṁs tatra
neśur ijyādayaḥ kriyāḥ
Se explica que en cierta ocasión Durvāsā Muni se encontró con Indra, que iba montado en su elefante, y tuvo a bien ofrecerle el collar de flores que llevaba puesto. Pero Indra, que estaba demasiado engreído, tomó el collar de flores, y, sin el menor respeto por Durvāsā Muni, se lo puso en la trompa a su elefante. Como animal que era, el elefante no supo apreciar aquel collar de flores, de modo que lo tiró y lo aplastó con sus patas. Ante la insultante conducta de Indra, Durvāsā Muni le maldijo inmediatamente, condenándole a padecer una gran pobreza y verse privado de toda opulencia material. Agobiados de un lado por los ataques de los demonios, y del otro por la maldición de Durvāsā Muni, los semidioses perdieron toda su opulencia material en los tres mundos.
A veces, gozar de una desmedida opulencia en el progreso material es muy arriesgado. A la persona materialmente opulenta no le importa nadie, y eso le lleva a cometer ofensas contra grandes personalidades, como los devotos y los grandes santos. Así actúa la opulencia material. Como explica Śukadeva Gosvāmī: dhana-durmadāndha: Demasiada riqueza ciega al hombre. Si esto le puede suceder hasta al propio Indra en el reino celestial, ¿qué podemos decir entonces de los demás habitantes del mundo material? Quien posea opulencia material debe aprender a ser sobrio y comportarse correctamente con los vaiṣṇavas y las personas santas; de lo contrario, caerá.
