SB 8.8.21
tyāgaḥ kvacit tatra na mukti-kāraṇam
vīryaṁ na puṁso 'sty aja-vega-niṣkṛtaṁ
na hi dvitīyo guṇa-saṅga-varjitaḥ
En este verso es muy importante la afirmación dharmaḥ kvacit tatra na bhūta-sauhṛdam. En la práctica vemos que muchos hindúes, musulmanes, cristianos, budistas y seguidores de otros grupos religiosos, se atienen estrictamente a los principios de su religión, pero no son ecuánimes con todas las entidades vivientes. En verdad, pese a su expresión de profunda religiosidad, matan animales indefensos. ¿Qué sentido tiene esa religión? El Śrīmad-Bhāgavatam (1.2.8) dice:
dharmaḥ svanuṣṭhitaḥ puṁsāṁ
viṣvaksena-kathāsu yaḥ
notpādayed yadi ratiṁ
śrama eva hi kevalam
Un seguidor de un grupo religioso puede ser muy experto en seguir sus principios religiosos, pero, sin la tendencia a amar a la Suprema Personalidad de Dios, esa observancia de principios religiosos no es más que una pérdida de tiempo. Es necesario despertar una actitud de amor por Vāsudeva (vāsudevaḥ sarvam iti sa mahātmā sudurlabhaḥ). El devoto se caracteriza por ser amigo de todos (suhṛdaṁ sarva-bhūtānām). Un devoto nunca permitiría que se matase a un pobre animal en nombre de la religión. Ésa es la diferencia entre una persona de religiosidad superficial y un devoto de la Suprema Personalidad de Dios.
La historia nos habla de muchos grandes héroes, pero ninguno de ellos ha logrado escapar de las crueles garras de la muerte. Ni siquiera el más grande de los héroes puede eludir el poder de la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, cuando viene en la forma de la muerte. Manifestándose de esa forma, el Señor arrebata al héroe su supuesto poder. Ni el mismo Hiraṇyakaśipu pudo salvarse cuando Nṛsiṁhadeva apareció ante él como la muerte. Ante la fuerza de la Suprema Personalidad de Dios, nuestra fuerza material no es nada.
