SB 8.9.9

śrī-bhagavān uvāca
kathaṁ kaśyapa-dāyādāḥ
puṁścalyāṁ mayi saṅgatāḥ
viśvāsaṁ paṇḍito jātu
kāminīṣu na yāti hi
Palabra por palabra: 
śrī-bhagavān uvāca — la Suprema Personalidad de Dios en la forma de Mohinī-mūrti dijo; katham — cómo es que; kaśyapa-dāyādāḥ — todos vosotros, descendientes de Kaśyapa Muni; puṁścalyām — a una prostituta que agita la mente de los hombres; mayi — a Mí; saṅgatāḥ — venís para relacionaros; viśvāsam — fe; paṇḍitaḥ — los eruditos; jātu — en ningún momento; kāminīṣu — en una mujer; na — nunca; yāti — tiene lugar; hi — en verdad.
Traducción: 
La Suprema Personalidad de Dios, en la forma de Mohinī, dijo a los demonios: ¡Oh, hijos de Kaśyapa Muni!, Yo soy una simple prostituta. ¿Por qué tenéis tanta fe en Mí? Una persona sabia nunca pondría su fe en una mujer.
Significado: 

Cāṇakya Paṇḍita, el gran político e instructor moral, dijo: viśvāso naiva kartavyaḥ strīṣu rāja-kuleṣu ca: «Nunca confíes en una mujer ni en un político». Así pues, la Suprema Personalidad de Dios, que Se hacía pasar por una mujer, advirtió a los demonios de que no se fiasen demasiado de Ella, pues, en definitiva, si había aparecido en la forma de una hermosa mujer, era para engañarles. Revelando indirectamente la razón de Su presencia ante ellos, dijo a los hijos de Kaśyapa: «¿Cómo es esto? ¿Vosotros, que habéis nacido de un gran ṛṣi, depositáis vuestra fe en una mujer que va de aquí para allá como una prostituta, sin padre ni esposo que la protejan? En general, no hay que fiarse demasiado de las mujeres, y ¡cuánto menos de una mujer que anda por ahí sin un propósito claro, como una prostituta!». En relación con esto es significativa la palabra kāminī. Las mujeres, y en especial las mujeres jóvenes, encienden los instintos sexuales del hombre. Por esa razón, según la Manu-saṁhitā, toda mujer debe ser protegida, ya sea por su esposo, por su padre o por sus hijos adultos. Sin esa protección, la mujer será explotada. De hecho, a las mujeres les gusta dejarse explotar por los hombres. Cuando una mujer es explotada por un hombre se convierte en una vulgar prostituta. Así lo explica Mohinī-mūrti, la Suprema Personalidad de Dios.