SB 9.19.10
ajā-svāmy acchinad ruṣā
lambantaṁ vṛṣaṇaṁ bhūyaḥ
sandadhe 'rthāya yogavit
En este verso se describe a Śukrācārya como el esposo de otra cabra. Esa imagen indica que, en toda sociedad, sea superior o inferior a la sociedad humana, la relación entre marido y mujer es idéntica a la que se da entre la cabra y su macho, pues la relación material entre hombre y mujer se basa en el sexo. Yan maithunādi-gṛhamedhi-sukhaṁ hi tuccham. Śukrācārya era un verdadero experto, un ācārya, en los asuntos de la vida familiar, que implican la transmisión del semen del macho cabrío a la cabra. Las palabras kaścid ajā-svāmī indican expresamente que Śukrācārya no era mejor que Yayāti, pues ambos centraban su interés en asuntos familiares que eran producto del semen, śukra. Śukrācārya maldijo a Yayāti a envejecer, de modo que nunca más pudiera entregarse a la vida sexual, pero, cuando vio que ese castigo, la castración, perjudicaría también a su propia hija, se valió de su poder místico para reimplantar a Yayāti su masculinidad. Puesto que empleó los poderes del yoga místico en asuntos de familia, y no para comprender a la Suprema Personalidad de Dios, su demostración de magia yóguica no era mejor que las actividades de las cabras y sus machos. El poder yóguico debe utilizarse para percibir a la Suprema Personalidad de Dios. Ése es su uso correcto. En la Bhagavad-gītā (6.47), el propio Señor recomienda:
yoginām api sarveṣāṁ
mad-gatenāntarātmanā
śraddhāvān bhajate yo māṁ
sa me yuktatamo mataḥ
«De todos los yogīs, aquel que tiene una gran fe y siempre mora en Mí, piensa en Mí y Me ofrece servicio amoroso trascendental, es el que está más íntimamente unido a Mí en yoga y es el más elevado de todos. Ésa es Mi opinión».
