SB 9.19.5-6
tam eva cakame kila
tayā vṛtaṁ samudvīkṣya
bahvyo 'jāḥ kānta-kāminīḥ
pīvānaṁ śmaśrulaṁ preṣṭhaṁ
mīḍhvāṁsaṁ yābha-kovidam
sa eko 'javṛṣas tāsāṁ
bahvīnāṁ rati-vardhanaḥ
reme kāma-graha-grasta
ātmānaṁ nāvabudhyata
Ciertamente, los materialistas se sienten muy atraídos por las relaciones sexuales. Yan maithunādi-gṛhamedhi-sukhaṁ hi tuccham. Aunque se casen y traten de apurar hasta la saciedad el disfrute sexual en la vida de gṛhastha, esa satisfacción nunca aparece. El materialista lujurioso es como una cabra, pues se dice que las cabras se entregan al disfrute sexual hasta en el mismísimo matadero antes de morir. El propósito de la vida humana, sin embargo, es la autorrealización.
tapo divyaṁ putrakā yena sattvaṁ
śuddhyed yasmād brahma-saukhyaṁ tv anantam
El propósito de la vida humana es la comprensión del ser, la comprensión del alma espiritual que vive dentro del cuerpo (dehino 'smin yathā dehe). El sinvergüenza materialista no sabe que él no es el cuerpo, sino un alma espiritual que está dentro del cuerpo. Pero su deber es entender su verdadera posición y cultivar el conocimiento que le permita liberarse del enredo material. Como el desdichado que, poseído por fantasmas, se comporta como un loco, el materialista poseído por el fantasma de la lujuria olvida el verdadero propósito de su vida sólo por disfrutar de una felicidad falsa bajo la influencia del concepto corporal de la vida.
